El régimen cubano entre la espada y la pared: la crisis humanitaria y la ayuda de EE.UU.
Estados Unidos “no encontrará obstáculos ni ingratitud de parte de Cuba”, asegura Díaz-Canel mientras la isla enfrenta su peor crisis en décadas.
En medio de la peor crisis que atraviesa Cuba en décadas, con apagones que superan las 20 horas diarias y reservas de combustible agotadas, el régimen cubano dio un giro significativo esta semana al declararse dispuesto a escuchar la oferta de cien millones de dólares en ayuda humanitaria hecha por el gobierno de Estados Unidos; una oferta que antes rechazó, calificándola de “fábula” y “mentira”.
Este cambio de actitud refleja tanto la gravedad del colapso interno como la complejidad de unas negociaciones en las que la ayuda humanitaria se ha convertido en centro de un debate que tiene como base la desesperación de millones de cubanos que sobreviven sin apenas comida, medicamentos o servicios básicos, y la rigidez de un régimen incapaz de solucionar sus problemas.
El debate en torno a la ayuda humanitaria
El Departamento de Estado publicó el miércoles 13 de mayo un comunicado en el que ratificaba una oferta de asistencia directa de cien millones de dólares al pueblo cubano, bajo la condición de que esta fuera distribuida “en coordinación con la Iglesia Católica y otras organizaciones humanitarias independientes y confiables”. El texto advertía que la decisión de aceptar o rechazar la ayuda recaía en el régimen, que “en última instancia, deberá rendir cuentas ante el pueblo cubano por interponerse en el camino de una ayuda fundamental”.
La propuesta no era nueva: el secretario de Estado Marco Rubio la había anunciado ya el 8 de mayo, durante su visita al Vaticano, donde representantes de la Iglesia Católica le confirmaron su disposición a apoyar en la distribución. Pero la reiteración del 13 de mayo, en un momento de máxima presión, le dio una dimensión diferente.
El congresista republicano Carlos Giménez alertó ese mismo día en sus redes sociales sobre el riesgo que ese ofrecimiento suponía: “El régimen solo quiere seguir haciendo lo de siempre: robarse la ayuda y lucrar al revendérsela al pueblo”. La desconfianza del legislador cubanoamericano refleja el escepticismo en torno a cualquier asistencia a la isla, pues apenas unos meses antes, a inicios de marzo, un envío de alimentos hecho por el gobierno de México a la isla fue motivo de escándalo cuando la cadena TV Azteca publicó un reportaje donde mostraba que los alimentos enviados se vendían en divisas en tiendas estatales.
En aquella ocasión, Giménez criticó al gobierno de Claudia Sheinbaum por “oxigenar a la dictadura moribunda” de Cuba con sus envíos y argumentó que la asistencia mexicana no beneficiaba al pueblo sino a las estructuras de poder en la isla, permitiéndoles prolongar su control en un momento de extrema vulnerabilidad.
El jueves 14 de mayo, un día después de que Giménez publicara su nueva advertencia, Rubio explicó en una entrevista concedida a NBC News que el régimen cubano no podría apropiarse de la ayuda que la administración Trump ha ofrecido. El secretario de Estado subrayó que la única condición impuesta es que la distribución se realice fuera del control estatal cubano. Rubio recordó que tras el paso del huracán Melissa, Washington entregó seis millones de dólares a través de Cáritas, de los cuales tres llegaron a sus destinatarios y otros tres permanecen bloqueados.
Rubio aprovechó también la oportunidad para enviar un fuerte mensaje al pueblo en la isla: “Si están viendo esto en Cuba —dijo—, el pueblo cubano debe saber que hay cien millones de dólares en alimentos y medicinas disponibles para ellos ahora mismo, y la única razón por la que no les llega es el régimen”.
Díaz-Canel: EE.UU. “no encontrará obstáculos ni ingratitud de parte de Cuba”

La respuesta cubana llegó el propio jueves 14. En un mensaje difundido a través de sus redes sociales, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla declaró que Cuba estaba “dispuesta a escuchar las características del ofrecimiento y la manera en que se materializaría”, y que lo aceptaría siempre que viniera “libre de maniobras políticas e intentos de aprovechar las carencias y el dolor de un pueblo bajo asedio”.
Horas después, el dictador Miguel Díaz-Canel añadió: “Si verdaderamente hay disposición del gobierno estadounidense a brindar ayuda en los montos que anuncia y en plena conformidad con las prácticas universalmente reconocidas para la ayuda humanitaria, no encontrará obstáculos ni ingratitud de parte de Cuba”. Con respecto a las reticencias sobre el destino de la ayuda humanitaria, Díaz-Canel apuntó que la experiencia de Cuba en el trabajo con la Iglesia Católica “es rica y productiva” y añadió que “cualquier donante podría dar fe” de la manera en que se canalizan estos envíos en la isla.
Más allá de sus afirmaciones, sin embargo, las denuncias sobre el uso indebido de la ayuda humanitaria por parte del régimen son frecuentes y el escándalo de los alimentos mexicanos vendidos en las tiendas de estatales de la isla no es una excepción. El propio Marco Rubio en su entrevista con NBC News reconocía que el régimen “miente todo el tiempo” y en otras ocasiones lo ha señalado como una cleptocracia incompetente.
Los acontecimientos recientes entre Washington y La Habana sugieren que ambos países exploran, con cautela y desconfianza mutua, un espacio de negociación urgido por la crisis humanitaria que asola a la isla. Sin embargo, queda por definir aún es si el régimen aceptará, en la práctica, ceder el control sobre la logística de distribución, algo que la administración Trump presenta como un requisito no negociable.
El mensaje de Díaz-Canel, en particular su referencia a “las prácticas universalmente reconocidas para la ayuda humanitaria”, es lo bastante ambiguo para dudar sobre si aceptará o no el ofrecimiento. Aunque la advertencia del Departamento de Estado, recordándole al régimen que si se negara a aceptar esa ayuda tendría que rendir cuentas ante el pueblo, tiene un peso difícil de ignorar en medio de las carencias que sufren hoy millones de personas en la isla.
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