“Donde quiera que tú vayas hay un ojo que te vigila”: Aniette González relata las secuelas de las cárceles cubanas

La ex presa política cubana, conocida como “la mujer de la bandera”, denunció ante Nara Yack las secuelas físicas y psicológicas que arrastra tras su encarcelamiento en Camagüey.

La activista cubana Aniette González García, conocida como “la mujer de la bandera”, relató las secuelas físicas y psicológicas que le dejó su paso por las cárceles cubanas, durante una entrevista con la joven creadora de contenido Nara Yack, también ex presa política del 11J.

Aniette González González fue condenada en Camagüey por el supuesto delito de “ultraje a los símbolos patrios”, luego de publicar fotografías envuelta en la bandera nacional. En la conversación, describió su encarcelamiento como una experiencia traumática y vinculó el deterioro de su salud con las condiciones sufridas en prisión.

Afectaciones físicas y falta de atención médica

La activista afirmó que padece poliposis laríngea difusa, una grave afectación en la garganta que casi le hizo perder la voz por completo. Según explicó, esa condición estaría relacionada con los maltratos y la falta de condiciones básicas durante su estancia en el penal Granja 5.

Entre las situaciones que mencionó se encuentran dormir más de un año en el suelo, bañarse con agua helada y enfrentar la ausencia de atención médica adecuada dentro del sistema penitenciario. Su testimonio apunta a las consecuencias directas que puede dejar el encierro en la salud de las personas privadas de libertad por motivos políticos.

“Hay un ojo que te vigila”

Más allá de las lesiones físicas, Aniette González González habló de los traumas emocionales que persisten después de salir de prisión. En particular, describió una sensación permanente de vigilancia que continúa marcando su vida en libertad.

Donde quiera que tú vayas hay un ojo que te vigila”, expresó durante la entrevista, al referirse a esa percepción de control constante que, según su testimonio, sigue presente incluso fuera de la cárcel.

Hábitos carcelarios después de la libertad

La ex presa política también reconoció que todavía conserva hábitos adquiridos en prisión. Sin embargo, aclaró que no lo hace como una forma de torturarse, sino como un recordatorio de la injusticia vivida.

Su testimonio expone cómo el encarcelamiento no termina necesariamente con la excarcelación. Las secuelas del sistema penal pueden continuar en el cuerpo, en la voz, en la memoria y en la manera de relacionarse con el entorno.

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