Arte │ Prudence Heward, pintar contra todos los obstáculos
Prudence Heward pintó con honestidad, desafiando a base de talento las normas de su época y produciendo una obra que la crítica no supo valorar justamente.
Nacida a fines del siglo XIX en Montreal, Prudence Heward dedicó su vida a la pintura con una disciplina y una visión artística que los obstáculos sociales no pudieron apagar. Sus retratos de mujeres, independientes y sombrías, pero de una complejidad psicológica que no las reduce a lecturas simples, desafiaron la imagen pasiva que el canon de su tiempo imponía al género femenino. Su preferencia por los colores ácidos e intensos, y su tratamiento casi escultórico de las figuras, dotaban a sus modelos de una presencia difícil de ignorar.
La perseverancia de una pintora incomprendida
Heward tuvo una formación rigurosa y cosmopolita. Comenzó a tomar clases de dibujo a los doce años en la Escuela de la Asociación de Arte de Montreal, bajo la tutela de William Brymner y Maurice Cullen. En 1925 viajó a París para estudiar en la Academia Colarossi, donde fue alumna de Charles Guérin. Esa estancia en Europa, aunque breve, marcó su obra de manera permanente.
Tras su regreso a Canadá, en 1929, su polémica obra Muchacha en la colina obtuvo el primer premio en el Concurso de Artes Willingdon. Sin embargo, por el simple hecho de ser mujer, su camino estuvo sembrado de exclusiones. Lejos de rendirse ante el rechazo, ella y sus colegas fundaron en 1920 el Grupo Beaver Hall que, a diferencia del famoso Grupo de los Siete, admitía tanto a artistas mujeres como a hombres.
Sus retratos de mujeres indígenas, afrodescendientes e inmigrantes también chocaron con los prejuicios de su tiempo, pues en ellos Heward mostraba rostros de la feminidad que ponían en jaque los estereotipos y obligaban a mirar de frente una parte de la realidad que la mayoría evitaba.
No fue hasta 1932 que Heward pudo hacer su primera exposición individual, en la Galería Scott de Montreal. A pesar de todo, sus trabajos fueron seleccionados para numerosas muestras internacionales, entre ellas la Exposición del Imperio Británico, en 1925, y la de Arte Canadiense en París, en 1927. El Grupo de los Siete la invitó a exponer con ellos en 1928 y de nuevo en 1931. También fue fundadora y vicepresidenta del Grupo de Pintores Canadienses y miembro de la Sociedad de Arte Contemporáneo desde 1939.
Su vida, no obstante, estuvo marcada por la enfermedad, y Heward se vio obligada a interrumpir su trabajo durante largos períodos que ella misma describía como desalentadores. Murió a los cincuenta años, en 1947, en la ciudad estadounidense de Los Ángeles, a donde había viajado en busca de tratamiento médico.
Prudence Heward nunca tuvo seguidores, no impartió clases ni escribió. Se consagró por entero a su arte, planteándose problemas creativos que resolvía con originalidad y talento. Hoy, décadas después de su muerte, su obra comienza gradualmente a recibir la atención que siempre mereció.
Vea a continuación una galería con algunas de sus obras más relevantes.
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