Arte │ Julie Hart Beers: una manera única de mirar la naturaleza
Julie Hart Beers creó un estilo personal dentro del paisajismo americano, convirtiéndose en una de las pocas mujeres artistas profesionales de su tiempo.
En el arte estadounidense del siglo XIX, dominado de manera casi absoluta por figuras masculinas, el nombre de Julie Hart Beers ocupa un lugar singular: fue la única mujer de su tiempo en construir una carrera profesional dentro de la Escuela del Río Hudson, convirtiéndose además en un referente para las generaciones de mujeres artistas que la siguieron.
El desafío de ser una mujer paisajista
Julie Hart Beers nació en 1835 en Pittsfield, Massachusetts. Sus hermanos mayores, William y James, fueron también importantes paisajistas; y sus sobrinas Letitia y Mary Theresa llegarían a ser pintoras de renombre.
Julie creció en un ambiente artístico, pero su acceso a esa tradición estuvo marcado por las limitaciones que el mundo del arte imponía a las mujeres. Sus hermanos varones cursaron estudios formales, algo que para ella resultaba imposible. Así, su formación no fue académica, sino que aprendió con sus hermanos y, sobre todo, de manera autodidacta.
En 1853, a los dieciocho años, contrajo matrimonio, pero alrededor de 1860 enviudó y se mudó a Nueva York con sus dos hijas, donde sus hermanos tenían sus estudios. Fue allí, en el corazón del movimiento artístico más influyente del país, donde comenzó su carrera como pintora profesional.
La Escuela del Río Hudson exigía a sus miembros aventurarse en los territorios más agrestes del noreste americano para pintar directamente la grandiosidad del paisaje. Para una mujer, esto suponía un doble obstáculo: el físico y el social. A esas dificultades se sumaba la exclusión institucional, pues las oportunidades para exponer su obra eran escasas. A pesar de todo eso, Julie fue de las primeras mujeres estadounidenses en alcanzar reconocimiento como artista.
Hizo su primera exposición en la Academia Nacional de Diseño de Nueva York en 1867, y desde entonces sus obras se incluyeron en las exposiciones anuales de esa institución hasta 1879. También expuso en el Ateneo de Boston y en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania. Sus paisajes se vendían sin dificultad, lo que la convirtió en una de las pocas mujeres artistas en lograr el éxito comercial en los Estados Unidos de fines del siglo XIX.
La intimidad del paisaje
Pero lo más importante no fue el espacio que logró abrirse en las salas de exposición y en el gusto del público, sino su personal estilo. Los grandes maestros de la Escuela del Río Hudson construyeron su reputación pintando entornos épicos, monumentales, y cuando en sus lienzos aparecían figuras humanas era sobre todo para subrayar la magnitud de los escenarios naturales. Julie Hart Beers se acercó a la naturaleza de otro modo. En vez de resaltar la fuerza aplastante del paisaje, hizo de él un espacio habitable, casi íntimo.
Antes que la grandilocuencia típica de la Escuela del Río Hudson, prefirió los pequeños rincones naturales, el reflejo de la luz sobre una corriente de agua, el momento irrepetible en que una bandada de aves pasa entre los árboles y la compleja estructura de la vegetación. Muchas de sus obras confirman esa tendencia suya a una experiencia de la naturaleza más próxima al luminismo que al romanticismo.
Otra de sus peculiaridades fue el hábito poco común de pintar sobre paneles redondos u ovalados, lo que exigía una relación diferente con el encuadre, favoreciendo así una visión contemplativa y envolvente.
A pesar de su éxito comercial, Julie Hart Beers no recibió en vida una valoración justa como artista. Hoy, sin embargo, se la reconoce por haber creado una manera única de mirar y representar la naturaleza americana.
Vea a continuación una galería con diez de sus obras más relevantes.
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