Mujeres cubanas que no aparecen en los discursos oficiales, pero que sostienen la vida todos los días
La búsqueda de leña no es solo una tarea logística, también significa un asalto directo a la salud física de las mujeres, quienes suelen cargar con el peso principal de las labores domésticas.
En la Cuba, el acto cotidiano de cocinar se ha transformado en una labor extenuante que comienza mucho antes de encender el fuego. Ante la desaparición del gas licuado y los apagones que duran días enteros, las mujeres cubanas —auténticas guerreras— se han visto obligadas a retroceder décadas en el tiempo, sustituyendo las hornillas eléctricas por fogones improvisados de leña o carbón.
Esta involución energética, las empuja a salir a las calles y solares en busca de cualquier trozo de madera, ramas secas o restos de muebles viejos, cualquier cosa que les permita garantizar al menos una comida caliente al día. Es una estrategia nacida de la desesperación, donde la modernidad ha sido suplantada por el humo y la ceniza en pleno corazón de las ciudades.
Mujeres cubanas dando el pecho al colapso
Las mujeres que se pueden ver en esta multimedia, no aparecen en consignas ni en discursos, pero sostienen la vida todos los días. Incluso, cuando el país se derrumba, incluso, cuando el cansancio pesa más que el cuerpo.
Si eres cubano y miras estas imágenes, quizás veas a tu madre, a tu abuela, a esa mujer que nunca se rindió para que tú siguieras aquí, y entiendas que sobrevivir en Cuba siempre ha sido un acto silencioso de amor y resistencia.
El impacto físico de la exposición al humo tóxico
La búsqueda de leña no es solo una tarea logística, también significa un asalto directo a la salud física de las mujeres, quienes suelen cargar con el peso principal de las labores domésticas.
El esfuerzo físico y la exposición diaria al humo de fogones en espacios mal ventilados puede agravar problemas respiratorios y oculares, en un contexto de escasez de recursos sanitarios y medicamentos.
En la práctica, cocinar con leña se ha convertido en una rutina forzada por los apagones y la falta de combustible: una carga adicional que recae sobre las mujeres y que revela cómo la crisis energética se traduce en riesgos concretos para la vida cotidiana dentro de los hogares.
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