Groenlandia: una crisis que amenaza con fracturar la OTAN
Las amenazas de Trump de apoderarse de Groenlandia han provocado la crisis más grave en la historia de la OTAN y ponen en peligro el orden mundial.
Groenlandia y el expansionismo de Donald Trump
Lo que durante su primer mandato se consideró una simple provocación de Donald Trump ahora se ha convertido en una prioridad de seguridad nacional explícita del gobierno estadounidense. A bordo del Air Force One, el domingo 4 de enero de 2026, el presidente estadounidense lo expresó de manera categórica: “Necesitamos Groenlandia para una situación de seguridad nacional”, declaró ante los periodistas, apenas un día después de que fuerzas especiales estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en Caracas.
El secretario de Estado Marco Rubio confirmó el martes 6 de enero ante legisladores del Congreso que Trump planea comprar Groenlandia, aunque añadió que la Casa Blanca no descarta el uso de la fuerza. “El presidente Trump ha dejado claro que la adquisición de Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional para Estados Unidos y que es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica”, declaró también la portavoz del gobierno de Trump, Karoline Leavitt: “El presidente y su equipo están debatiendo una serie de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, el uso del ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe”.
Stephen Miller, vicejefe de gabinete de la Casa Blanca y uno de los asesores más cercanos a Trump, afirmó abiertamente en una entrevista con la CNN que Estados Unidos debería apoderarse de Groenlandia, incluso si fuera necesario recurrir al uso de la fuerza militar. “Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal”, dijo: “Vivimos en el mundo real, un mundo que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las férreas leyes del mundo”. Miller cuestionó además las bases legales de la soberanía danesa sobre la isla, preguntando: “¿Cuál es el fundamento de su reclamo territorial?”
En otras ocasiones, Trump ha enfatizado la importancia de los recursos naturales y minerales críticos, y en diciembre de 2024 declaró en redes sociales que la propiedad y control de Groenlandia son “una necesidad absoluta” para la seguridad nacional y la libertad en todo el mundo. El 4 de enero, desde el Air Force One, Trump añadió otras razones para justificar su interés: “Groenlandia está rodeada de barcos rusos y chinos por todas partes”, afirmó, aunque funcionarios daneses han negado esta afirmación, recordando que son los Estados Unidos quienes tienen una base militar en la isla desde 1951.
El gobernador de Louisiana y enviado especial por Trump a Groenlandia, Jeff Landry, escribió en sus redes sociales el día 5 de enero que se siente honrado de ocupar un “puesto de voluntario para hacer de Groenlandia parte de los Estados Unidos”. Antes, en marzo de 2025, el vicepresidente J. D. Vance visitó la base militar en Groenlandia, en lo que muchos interpretaron como un gesto irrespetuoso de la administración estadounidense.
Groenlandia, un territorio estratégico

Groenlandia es uno de los enclaves más estratégicos del planeta en el siglo XXI, no por su extensión sino por su valor militar, económico y geopolítico. En medio de Ártico, entre Norteamérica y Europa, la isla más grande del mundo ha jugado desde la Segunda Guerra Mundial un rol determinante para el control de las rutas marítimas del Atlántico. Por eso Estados Unidos estableció allí, tras la firma del Tratado de Defensa de Groenlandia, su Base Espacial Pituffik. Este enclave alberga el sistema de alerta temprana de misiles balísticos intercontinentales, además de instalaciones de defensa antimisiles y vigilancia espacial.
La isla también protege parte de lo que se conoce como la Brecha GIUK, un paso marítimo entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido que conecta el Ártico con el Atlántico Norte. Se trata de una zona tradicionalmente controlada por Rusia o la antigua Unión Soviética y que constituye un punto estratégico vital tanto para la OTAN como para Rusia.
Aunque públicamente Trump ha restado importancia al valor de los recursos naturales, lo cierto es que su antiguo asesor de seguridad nacional, Mike Waltz, reconoció a Fox News en enero de 2024 que el interés de la administración estadounidense por Groenlandia se debe en buena medida a sus “minerales críticos” y sus “recursos naturales”. Los estudios del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) estiman que el 25% de todas las tierras raras del planeta se encuentra en la isla. Aunque la mayoría del terreno está cubierto por permafrost, la isla posee depósitos importantes de 25 minerales que la Comisión Europea cataloga como “materias primas críticas”. Además, se estima que hay unos 18 mil millones de barriles de petróleo sin descubrir en la plataforma continental de Groenlandia, así como importantes reservas de gas. En un contexto en el que China controla gran parte del mercado mundial de tierras raras, reducir esa dependencia es un objetivo prioritario para Washington.
Por otro lado, el deshielo del casquete polar está abriendo nuevas rutas marítimas entre Europa, Asia y América del Norte, que podrían competir con los canales de Suez y de Panamá. En 2018, China se declaró a sí misma como “estado cercano al Ártico”, en un esfuerzo por ganar más influencia en la región y anunció planes para construir una “Ruta Polar de la Seda” como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. El entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, reaccionó a esta afirmación: “¿Queremos que el Océano Ártico se transforme en un nuevo Mar de China Meridional?”
Dinamarca traza una línea roja en torno a Groenlandia

Frente a la insistencia de Trump en anexar Groenlandia, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha sido firme: “No tiene absolutamente ningún sentido hablar de la necesidad de que Estados Unidos se apodere de Groenlandia”, dijo, subrayando que Trump “no tiene derecho a anexionar ninguno de los tres países del Reino de Dinamarca”, y advirtió que cualquier intento de tomar el control sobre la isla significaría el fin de la OTAN: “Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, todo se detendrá, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha proporcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial”.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, calificó las declaraciones del gobierno estadounidense como “absolutamente inaceptables” y pidió a Trump abandonar lo que describió como “fantasías sobre la anexión”. En una rueda de prensa afirmó: “Cuando el presidente de Estados Unidos habla de 'necesitar Groenlandia' y nos vincula con Venezuela y la intervención militar, no solo es incorrecto, sino también irrespetuoso”.
El ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, dijo además que Copenhague reforzará la defensa en Groenlandia y la presencia de la OTAN en la isla. Según The Telegraph, el Ministerio de Defensa danés confirmó una regla vigente desde 1952: si las tropas invaden el territorio, los soldados daneses deben atacar de inmediato, sin esperar órdenes.
Europa cierra filas junto a Dinamarca

El martes 6 de enero los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido se unieron a Mette Frederiksen para emitir una declaración conjunta en rechazo a las afirmaciones de Trump: “Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellas, decidir sobre los asuntos que les conciernen”, afirmaron.
El presidente francés Emmanuel Macron declaró en París: “No puedo imaginar un escenario en el que Estados Unidos de América se coloque en una posición que viole la soberanía danesa”. Y el primer ministro británico, Sir Keir Starmer, advirtió que solo Groenlandia y el Reino de Dinamarca tienen derecho a decidir el futuro del territorio.
Ante la escalada de tensiones, Dinamarca y Groenlandia solicitaron una reunión urgente con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que podría concretarse la semana próxima. El objetivo es “disipar malentendidos”. Lo cierto es que las amenazas de Trump plantean un desafío sin precedentes no solo para Dinamarca, sino para la OTAN, una organización que hoy, después de la desintegración de la URSS y el fin de la Guerra Fría, sigue siendo esencial para contrarrestar la amenaza a la seguridad europea que representa Rusia.
La OTAN se construyó sobre la base de un principio fundamental: un ataque a cualquiera de sus miembros sería respondido por todos. Esa garantía de seguridad, consagrada en el Artículo 5 de su tratado fundacional, ha mantenido a Rusia lejos del territorio aliado durante décadas, pero sería difícil de sostener si un miembro agrede a otro. Ian Lesser, experto del German Marshall Fund de Estados Unidos, describió la declaración de la Casa Blanca como “muy impactante” y señaló que “corroe la cohesión dentro de la alianza”.
En medio de las tensiones, la OTAN recordó a Estados Unidos que su seguridad se sustenta en la defensa colectiva y en el principio de que “la seguridad de un aliado es inseparable de la de todos”. Otras fuentes dentro de la Alianza recordaron que cualquier intento de tomar control de Groenlandia por la fuerza implicaría un choque directo entre aliados, algo sin precedentes en la historia.
El verano pasado, los líderes de la OTAN, con excepción de España, aceptaron la demanda de Trump de aumentar el gasto en defensa. Ahora ese acuerdo parece contradictorio: “¿De qué sirve haber revivido la capacidad de la OTAN si ya no es una alianza política funcional?”, se ha preguntado Lesser.
Por su parte, la analista de defensa del European Policy Centre, Maria Martisiute, advirtió que la intención manifiesta de Trump de apropiarse de Groenlandia perjudica “la cohesión y la credibilidad de la OTAN, y solo sirve a nuestros adversarios Rusia y China”. En una publicación hecha por Trump el miércoles en sus redes sociales, respondió que “Rusia y China no tienen miedo de la OTAN sin Estados Unidos”, aunque agregó: “Siempre estaremos ahí para la OTAN, aunque ellos no estén ahí para nosotros”.
Las amenazas sobre Groenlandia ocurren en un momento de máxima tensión para Europa, ya bastante preocupada con la guerra en Ucrania. Lesser se ha referido con claridad sobre sus implicaciones: “Si ocurre esa ruptura, será un regalo para Moscú, y un regalo para Beijing”, dijo. El almirante James Stavridis, excomandante supremo de la OTAN, declaró a la CNN sobre un posible enfrentamiento entre tropas danesas y estadounidenses: “Conozco bastante bien a los daneses. Son gente dura. No me sorprendería verlos desplegar una fuerza militar allí para oponerse a una fuerza estadounidense. Estamos hablando del fin de la OTAN. Evitemos eso”.
Durante un foro político en el puerto de Murmansk, en marzo de 2025, el presidente ruso Vladimir Putin había expresado su preocupación por la creciente actividad de la OTAN en el Ártico. “Rusia nunca ha amenazado a nadie en el Ártico”, dijo, “pero seguiremos de cerca los acontecimientos y responderemos apropiadamente aumentando nuestras capacidades militares y modernizando la infraestructura militar”.
El factor independentista

Detrás de las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Dinamarca se esconde un elemento que podría resultar decisivo: el creciente movimiento independentista en Groenlandia. Esta aspiración de autonomía completa, lejos de ser una curiosidad política, implica una vulnerabilidad estructural que Washington podría estar calculando usar a su favor.
Groenlandia obtuvo su autonomía mediante referéndum en 1979, y en 2009 logró el autogobierno con amplias competencias sobre asuntos internos. Sin embargo, Dinamarca sigue siendo responsable de la defensa y la política exterior de la isla, además de proporcionar subvenciones económicas anuales que representan cerca de la mitad del presupuesto groenlandés.
El movimiento independentista cobró fuerza en los últimos años debido, en parte, a revelaciones de “mala conducta” por parte de las autoridades danesas durante el siglo XX, incluida una campaña de control involuntario de la natalidad lanzada en la década de 1960. Los inuits, pueblo nativo de Groenlandia, constituyen más del 87% de la población de la isla, y muchos sienten que su identidad cultural ha sido históricamente suprimida.
Sobre la independencia, el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, afirmó en un mensaje a la nación a principios de enero de 2026: “Creo que podremos lograrlo, pero para ello necesitamos un fundamento sólido”. El principal obstáculo para la independencia, sin embargo, es la sostenibilidad económica, pues los cerca de 56 mil habitantes de la isla no generan suficientes ingresos propios para sostener un estado independiente sin ayuda externa.
Si Groenlandia lograra independizarse de Dinamarca pero no pudiera sostenerse económicamente, necesitaría un nuevo patrocinador. Y Estados Unidos estaría más que dispuesto a llenar ese vacío, ofreciendo inversión, desarrollo de infraestructura y acceso al mercado a cambio del control sobre la política exterior y de defensa de la isla. La historia de la expansión territorial estadounidense está llena de ejemplos donde Washington explotó movimientos independentistas locales para luego absorber o controlar sus territorios. Casos como la República de Texas (1836-1845), Hawaii (1893-1898) y Panamá (1903), adquieren relevancia en un contexto donde Trump vuelve a invocar la Doctrina Monroe.
Groenlandia celebrará elecciones parlamentarias antes del 6 de abril de 2026 en un ambiente de creciente popularidad del independentismo. Si los partidos pro independencia obtienen una mayoría significativa, el proceso podría acelerarse, creando una oportunidad para Estados Unidos.
El posible fin de un orden mundial
Las amenazas de Trump sobre Groenlandia son, más que una disputa territorial, un desafío a las reglas que han regido las relaciones entre naciones durante más de setenta años. Si Estados Unidos, el principal garante de ese orden, está dispuesto a amenazar con la ocupación militar a un aliado suyo, el mensaje que envía a Rusia, China y otras potencias es preocupante.
Para Europa, el conflicto en torno a Groenlandia es el último de una serie de golpes que la obligan a repensar su dependencia de Estados Unidos en cuestiones de seguridad. Para el resto del mundo, es una señal de alarma sobre el posible retorno de una era en la que las grandes potencias se reparten territorios sin respeto al derecho internacional, la soberanía o el consentimiento de las poblaciones afectadas.
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