Obituario | Fallece en Estados Unidos el popular cantante cubano Alfredo “Alfredito” Rodríguez

Durante más de cinco décadas, su voz acompañó escenarios, programas de televisión y la vida cotidiana de varias generaciones.

| Noticias | 22/01/2026
El cantante Alfredito Rodríguez (1951-2026)
El cantante Alfredito Rodríguez (1951-2026).

La muerte del cantante cubano Alfredo "Alfredito" Rodríguez, ocurrida el jueves 22 de enero a los 74 años en Estados Unidos, ha generado numerosas reacciones dentro y fuera de la isla. Con una carrera artística que se extendió por más de cinco décadas, Rodríguez fue una figura reconocible de la música popular cubana y una presencia constante en la vida cultural del país, tanto desde los escenarios como a través de la televisión.

Alfredito se consolidó como un intérprete cercano, dueño de una voz cálida y de un repertorio que dialogaba directamente con la experiencia emocional de su audiencia.

Alfredito fue una de esas figuras con una continuidad sólida dentro de la música popular cubana. Su carrera comenzó a finales de los años sesenta, en un momento en que la canción ocupaba un lugar central en la vida social y mediática del país, y se extendió por más de medio siglo, acompañando cambios culturales y generacionales.

Desde sus primeras apariciones públicas, Alfredito se consolidó como un intérprete cercano, dueño de una voz cálida y de un repertorio que dialogaba directamente con la experiencia emocional de su audiencia. Baladas, canciones románticas y temas de corte popular definieron una propuesta artística donde el énfasis no estaba puesto en la experimentación formal, sino en la comunicación directa con el oyente.

Entre la música y la televisión

El cantante cubano Alfredito Rodríguez en diferentes momentos de su carrera artística.

Uno de los rasgos distintivos de su trayectoria fue su vínculo con la televisión cubana. Alfredito Rodríguez no fue únicamente un cantante que aparecía en programas musicales: su presencia se amplió hacia espacios de conducción y participación regular, lo que contribuyó a reforzar su imagen pública como un rostro familiar, cercano y reconocible.

Para muchos espectadores, su voz y su imagen quedaron asociadas no sólo a canciones específicas, sino a momentos concretos de la vida cotidiana.

Esa doble condición —artista y comunicador— le permitió ocupar un lugar particular dentro del panorama cultural. Para muchos espectadores, su voz y su imagen quedaron asociadas no solo a canciones específicas, sino a momentos concretos de la vida cotidiana: tardes frente al televisor, celebraciones familiares, recuerdos compartidos.

A lo largo de más de cincuenta años de carrera, Alfredito Rodríguez mantuvo una línea artística reconocible. No fue un cantante asociado a un solo éxito, sino a un conjunto de canciones como: “Sagitario”, “Empapado de sudor” y “Que me encapricho”, entre otras.

La diáspora y el reencuentro con su público

En años posteriores, Alfredito Rodríguez se estableció en Estados Unidos, donde continuó su actividad artística, especialmente en el sur de la Florida. Para la comunidad cubana en el exilio, su presencia representó una conexión directa con una memoria compartida, con una Cuba vivida y recordada a través de la música.

En Miami y otras ciudades, sus presentaciones funcionaron como espacios de reencuentro emocional, donde la nostalgia y el afecto se mezclaban con la celebración. Su conocida frase dirigida al público —“Los quiero mucho, mucho, mucho”— sintetizaba esa relación construida a lo largo del tiempo.

El adiós y las palabras de su hijo

La noticia de su fallecimiento fue confirmada por su familia a través de redes sociales, generando numerosas reacciones entre colegas, seguidores y figuras del ámbito cultural. Entre los mensajes más significativos se encuentra el de su hijo, el pianista Alfredo Rodríguez, reconocido internacionalmente en el ámbito del jazz, quien lo despidió con palabras que subrayan tanto su dimensión artística como humana:

“Fuiste fiel a tu música, a tu público, a tus principios, a tus ideales, a tus raíces y, más importante aún, a nuestra familia.”

El mensaje, cargado de gratitud, ofreció una imagen íntima de Alfredito Rodríguez como padre, referente y ejemplo ético, más allá de su figura pública.

Por su parte la periodista y musicóloga Rosa Marquetti, escribió en su perfil de Facebook:

“Pocos artistas cubanos lograron transversalizar popularidad, reconocimiento y respeto en los públicos más diversos: los que le adoraban sin miramientos y los que, sin ser sus fanes decididos, destacaban su carisma y admiraban su absoluta dedicación y profesionalismo. También otras dos cosas, que lo hicieron un artista muy especial, singular y querido: su fe irrestricta en lo que hacía, su entrega absoluta, y el respeto al público, a la antigua usanza, cuando "el respetable" era lo más para el artista, a quien se debía y quien decidía.”

Un legado afectivo

El cantante cubano Alfredito Rodríguez.

Hablar del legado de Alfredito Rodríguez implica reconocer que su impacto no se mide únicamente en discos, premios o hitos formales. Su verdadero lugar está en la memoria emocional de quienes crecieron escuchando su voz, viéndolo en la televisión o asistiendo a sus presentaciones.

Su verdadero lugar está en la memoria emocional de quienes crecieron escuchando su voz, viéndolo en la televisión o asistiendo a sus presentaciones.

Fue, ante todo, un artista de cercanía, alguien que entendió la música como una forma de acompañar la vida de los otros. En ese sentido, su figura dialoga con una tradición de la música popular cubana donde lo importante no es solo la excelencia técnica, sino la capacidad de generar pertenencia.

Con su muerte, se cierra una etapa de la cultura musical cubana que estuvo signada por la familiaridad, la constancia y el afecto. Queda su voz, quedan sus canciones y queda, sobre todo, la huella de una relación sostenida con su público durante más de medio siglo.

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