Orlando Zapata Tamayo: 16 años de una muerte que marcó a la disidencia cubana

Zapata falleció tras más de 80 días en huelga de hambre en 2010. Hoy, el presidio político cubano sigue recurriendo al ayuno como forma extrema de protesta.

| Noticias | 23/02/2026
Madre de zapata Tamayo junto a foto de su hijo
Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata Tamayo.

Este 23 de febrero se cumplen 16 años de la muerte del opositor cubano Orlando Zapata Tamayo, quien falleció en 2010 tras mantener una huelga de hambre de 86 días mientras cumplía una sanción por razones políticas. Zapata murió a las 3:00 p.m. en el Hospital Hermanos Ameijeiras, en La Habana, a los 42 años de edad.

Zapata integraba el grupo de los 75 disidentes arrestados durante la llamada Primavera Negra de 2003. Al momento de su muerte cumplía una condena de más de 30 años de privación de libertad. Durante su huelga reclamaba el derecho a vestir de blanco —como símbolo de su condición de preso político— y denunciaba las condiciones en que se encontraban los reclusos dentro del sistema penitenciario cubano.

De albañil a preso político

En 2002, co-fundó el Movimiento Alternativa Republicana, del que fue su vicepresidente hasta el momento de su muerte. Era plomero y albañil de oficio, y nunca viajó fuera de Cuba, según se ha podido documentar. 

Tras su detención en 2003 pasó por varias cárceles del país: Quivicán, Guanajay, Combinado del Este, Taco-Taco en Pinar del Río y, finalmente, la prisión Kilo 8 en Camagüey, según la OMCT. En ellas sufrió las condiciones de abuso y malos tratos en la que se encuentran los presos políticos y los reclusos comunes. 

Amnistía Internacional lo reconoció como prisionero de conciencia, señalando que había sido encarcelado por el ejercicio pacífico de sus ideas.

El día de su fallecimiento, su madre, Reina Luisa Tamayo —en conversación con Yoani Sánchez— declaró: “Puedo decir que tengo un dolor profundo, que estoy aguantando. He acompañado a mi hijo antes de morir, lo vi muerto ya y ahora espero tener valor para vestirlo”. 

Años después, en declaraciones a Radio Martí, afirmó: “lo asesinaron porque no lo pudieron doblegar como tampoco pudieron doblegar a otros hermanos como Oswaldo Payá, Harold Cepero, a la Dama de Blanco, Laura Pollán. Como no pudieron doblegarlo, pues lo asesinaron. No ha sido fácil este sufrimiento”.

Orlando Zapata Tamayo
Orlando Zapata Tamayo

La disputa por su memoria

La muerte de Zapata generó una fuerte reacción internacional. Mientras organizaciones de derechos humanos denunciaron su caso como resultado de represión política, medios oficialistas minimizaron su figura o cuestionaron el carácter político de su protesta.

En un artículo de investigación, donde se abordó el tratamiento mediático de las huelgas de hambre por parte del régimen, la periodista Yanelys Núñez señaló que en publicaciones oficiales el fallecimiento de Zapata fue tratado con un tono despectivo, negando el carácter reivindicativo de su protesta y presentándolo como un caso manipulado.

Zapata “fue llamado por Max Lesnik en Cubadebate “un simple delincuente sancionado por delitos comunes (…) (que) jugó con su vida y la perdió”. Y en el mismo periódico, en el texto “Los Héroes del Cinismo”, Enrique Ubieta Gómez escribiría también sobre Zapata: “La inmolación es una opción poco frecuente en las filas de la contrarrevolución, y por lo general, sobreviene como accidente. (…) Ante tanta desproporción, se entiende el criminal entusiasmo de quienes estimularon la inmolación de Zapata Tamayo. Una muerte inútil, hecha a la medida del odio, para cínicos e incautos. También Zapata Tamayo es una víctima, de sí mismo, de sus auspiciadores”. 

Orlando Zapata Tamayo: símbolo de la protesta extrema en las cárceles cubanas

Las cenizas de Zapata Tamayo descansan en Estados Unidos, donde se encuentra exiliada su mamá desde el 2011. 

Dieciséis años después de su muerte, el nombre de Orlando Zapata Tamayo continúa asociado a la protesta extrema dentro de las cárceles cubanas, pero también a la lucha por una cambio democrático para Cuba.

Actualmente, más de mil presos políticos permanecen en prisión en la Isla y varios han recurrido de forma sistemática a la huelga de hambre como forma de denunciar la falta de asistencia médica y religiosa, la malnutrición, los abusos y, sobre todo, para exigir su libertad. Su caso sigue siendo referencia obligada en el debate sobre el sistema penitenciario y el tratamiento a la disidencia en Cuba.

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