Referentes │ Wangari Maathai: “La humanidad está llamada a alcanzar un nuevo nivel de conciencia”
Wangari Maathai fue la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz. Su labor ha sido esencial para el empoderamiento de las mujeres rurales.
Activista por los derechos humanos, bióloga y ecologista, Wangari Maathai fue en 2004 la primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz. En 1977 fundó en Kenia el Movimiento Cinturón Verde con el objetivo de combatir la deforestación y la erosión del suelo en Kenia. Bajo su liderazgo, se plantaron más de 50 millones de árboles en toda África, razón por la que ha sido conocida también como la “Mujer Árbol”.
Maathai capacitó a miles de mujeres rurales en liderazgo y sostenibilidad, ayudándolas a generar ingresos y mejorar sus condiciones de vida. Por oponerse a proyectos gubernamentales que destruían las áreas naturales de su país, enfrentó persecución, golpes y arrestos. En su discurso de aceptación del Premio Nobel, hizo un análisis de los principales problemas que enfrentan las poblaciones rurales en África y en especial las mujeres, centrándose en la necesidad del acceso a la educación, la democracia, los derechos humanos y la protección del medio ambiente.
La humanidad está llamada a alcanzar un nuevo nivel de conciencia
Majestades, Altezas Reales, Honorables Miembros del Comité Nobel Noruego, Excelentísimos señores y señoras: Me presento ante ustedes con humildad y conmovida por el honor que me conceden al entregarme el Premio Nobel de la Paz 2004.
Como la primera mujer africana en recibir este premio, lo acepto en nombre del pueblo de Kenia, de África y del mundo entero. Me siento especialmente identificada con las mujeres y las niñas. Espero que esto las anime a alzar la voz y a ocupar un lugar más relevante en el liderazgo. Sé que este honor también llena de orgullo a nuestros hombres, tanto jóvenes como mayores. Como madre, valoro la inspiración que representa para la juventud y los animo a que la aprovechen para perseguir sus sueños.
Aunque este premio se me entrega a mí, reconoce la labor de innumerables personas y grupos en todo el mundo. Trabajan discretamente y a menudo sin reconocimiento para proteger el medio ambiente, promover la democracia, defender los derechos humanos y garantizar la igualdad entre mujeres y hombres. De esa manera, siembran las semillas de la paz. Sé que ellos también se sienten orgullosos hoy. A todos los que se sienten representados por este premio, les digo: úsenlo para impulsar su misión y estar a la altura de las altas expectativas que el mundo depositará en nosotros.
Este honor también es para mi familia, amigos, socios y simpatizantes de todo el mundo, quienes han contribuido a dar forma a la visión y a sostener nuestro trabajo, que a menudo se llevó a cabo en condiciones adversas. Asimismo, agradezco al pueblo de Kenia, que mantuvo una firme esperanza en que la democracia pudiera hacerse realidad y en que su medio ambiente se gestionara de forma sostenible. Gracias a este apoyo, hoy estoy aquí para recibir este gran honor.
Es un enorme privilegió unirme a mis compañeros africanos laureados con el Premio Nobel de la Paz, los presidentes Nelson Mandela y FW de Klerk, el arzobispo Desmond Tutu, el difunto jefe Albert Luthuli, el difunto Anwar el-Sadat y el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Sé que esta noticia animará a los africanos en todo el mundo. Compatriotas, al acoger este reconocimiento, debemos aprovecharlo para intensificar el compromiso con nuestra gente, reducir los conflictos y la pobreza y mejorar su calidad de vida. Abracemos la gobernanza democrática, protejamos los derechos humanos y cuidemos nuestro medio ambiente. Confío en que estemos a la altura de las circunstancias. Siempre he creído que la solución a la mayoría de nuestros problemas debe venir de nosotros mismos.
En el premio de este año, el Comité Nobel Noruego ha planteado al mundo la crucial cuestión del medio ambiente y su vínculo con la democracia y la paz. Les estoy profundamente agradecida por su visión de futuro. La hora ha llegado de reconocer que el desarrollo sostenible, la democracia y la paz son inseparables. Nuestro trabajo durante los últimos treinta años siempre valoró y fomentó este vínculo.
El Movimiento Cinturón Verde

Mi inspiración proviene en parte de mis experiencias infantiles y de mis observaciones de la naturaleza en la Kenia rural. Fue influida y enriquecida por la educación formal que tuve el privilegio de recibir en Kenia, Estados Unidos y Alemania. Durante mi niñez, fui testigo de cómo se talaban los bosques y se reemplazaban por plantaciones comerciales, lo que destruyó la biodiversidad local y la capacidad de los bosques para conservar el agua.
En 1977, cuando iniciamos el Movimiento Cinturón Verde, en parte respondíamos a las necesidades de las mujeres rurales: la falta de leña, agua potable, dietas equilibradas, vivienda e ingresos. En toda África, las mujeres son las principales responsables del cuidado de la tierra y de la alimentación de sus familias. Por eso, suelen ser las primeras en percatarse del daño ambiental cuando los recursos escasean y resultan insuficientes para el sustento familiar.
Las mujeres con las que trabajamos contaban que, a diferencia del pasado, no podían cubrir sus necesidades básicas. Esto se debía a la degradación de su entorno inmediato, así como a la introducción de la agricultura comercial, que sustituyó el cultivo de alimentos para el hogar. Sin embargo, el comercio internacional controlaba el precio de las exportaciones de estos pequeños agricultores, impidiendo que se les garantizara un ingreso justo y razonable. Comprendí que cuando el medio ambiente se destruye, se explota o se gestiona de forma inadecuada, se menoscaba nuestra calidad de vida y la de las generaciones futuras.
La plantación de árboles se convirtió en una opción natural para atender algunas de las necesidades básicas identificadas por las mujeres. Además, plantar árboles es sencillo, accesible y garantiza resultados exitosos en un plazo razonable. Eso mantiene el interés y el compromiso. Así, juntos, hemos plantado más de treinta millones de árboles que proporcionan combustible, alimentos, refugio e ingresos para la educación de sus hijos y las necesidades del hogar. Esta actividad también genera empleo y mejora los suelos y las cuencas hidrográficas. Gracias a su participación, las mujeres adquieren cierto control sobre sus vidas, especialmente sobre su posición social y económica y su relevancia en la familia. Este trabajo continúa.
Inicialmente, el trabajo fue difícil porque históricamente se ha inculcado a nuestra gente la creencia de que, por ser pobres, carecen no solo de capital, sino también de conocimientos y habilidades para afrontar sus desafíos. Así, se les condiciona a creer que la solución a sus problemas debe venir de fuera. Además, las mujeres no comprendían que satisfacer sus necesidades dependía de un entorno sano y bien gestionado. Tampoco eran conscientes de que un entorno degradado conduce a la lucha por los escasos recursos y puede culminar en pobreza e incluso en conflictos. Asimismo, desconocían las injusticias de los acuerdos económicos internacionales.
Para ayudar a las comunidades a comprender estas interrelaciones, desarrollamos un programa de educación ciudadana en el que las personas identifican sus problemas, sus causas y posibles soluciones. Luego, establecen conexiones entre sus propias acciones y los problemas que observan en el entorno y la sociedad. Aprenden que nuestro mundo se enfrenta a una larga lista de males: corrupción, violencia contra mujeres y niños, desintegración familiar y fragmentación de culturas y comunidades. También identifican el abuso de drogas y sustancias químicas, especialmente en los jóvenes. Existen, además, enfermedades devastadoras que no tienen cura o que se propagan de forma epidémica. Preocupan particularmente el VIH/SIDA, la malaria y las enfermedades asociadas a la desnutrición.
En materia medioambiental, están expuestos a actividades humanas devastadoras para el medio ambiente y las sociedades. Entre ellas, la destrucción generalizada de los ecosistemas por la deforestación, la inestabilidad climática y la contaminación del suelo y el agua, factores que contribuyen a una pobreza extrema.
En este proceso, los participantes descubren que deben ser parte de las soluciones. Toman conciencia de su potencial oculto y se empoderan para superar la inercia y actuar. Reconocen que son los principales custodios y beneficiarios del medio ambiente que los sustenta. Comunidades enteras llegan a comprender que, si bien es necesario exigir responsabilidades a sus gobiernos, es importante además que, en sus propias relaciones entre sí, den ejemplo de los valores de liderazgo que desean ver en sus líderes: justicia, integridad y confianza.
Si bien al principio las actividades de plantación de árboles del Movimiento Cinturón Verde no abordaron cuestiones de democracia y paz, pronto quedó claro que una gobernanza ambiental responsable es imposible sin un espacio democrático. Por lo tanto, el árbol se convirtió en un símbolo de la lucha democrática en Kenia. La ciudadanía se movilizó para denunciar los abusos generalizados de poder, la corrupción y la mala gestión ambiental. En el Parque Uhuru de Nairobi, en Freedom Corner y en muchas otras partes del país, se plantaron árboles de la paz para exigir la liberación de los presos de conciencia y una transición pacífica a la democracia.
A través del Movimiento Cinturón Verde, miles de ciudadanos se empoderaron para actuar y generar cambios. Aprendieron a superar el miedo y la sensación de impotencia, y se movilizaron para defender los derechos democráticos.
Con el tiempo, el árbol también se convirtió en un símbolo de paz y resolución de conflictos, especialmente durante los conflictos étnicos en Kenia, cuando el Movimiento Cinturón Verde utilizó árboles de la paz para reconciliar a las comunidades en disputa. Durante la revisión de la constitución keniana, se plantaron árboles de la paz en muchas zonas del país para promover una cultura de diálogo. El uso de árboles como símbolo de paz está en consonancia con una tradición africana muy extendida. Por ejemplo, los ancianos de los kikuyu portaban un bastón del árbol thigi que, al colocarlo entre dos bandos en conflicto, los hacía cesar la lucha y buscar la reconciliación. Muchas comunidades en África conservan estas tradiciones.
Esas prácticas son parte de un extenso patrimonio cultural que contribuye tanto a la conservación de los hábitats como a la promoción de culturas de paz. Con la destrucción de estas culturas y la imposición de nuevos valores, la biodiversidad local deja de ser apreciada y protegida, lo que provoca su rápida degradación y desaparición. Por ello, el Movimiento Cinturón Verde explora el concepto de biodiversidad cultural, sobre todo en lo que respecta a las semillas y plantas medicinales autóctonas.
A medida que fuimos comprendiendo las causas de la degradación ambiental, vimos la necesidad de un buen gobierno. De hecho, el estado del medio ambiente de cualquier país refleja el tipo de gobernanza que existe, y sin buen gobierno no puede haber paz. Muchos países con sistemas ineficaces suelen tener conflictos y leyes inadecuadas para la protección del medio ambiente.
En 2002, el coraje, la resiliencia, la paciencia y el compromiso de los miembros del Movimiento Cinturón Verde, otras organizaciones de la sociedad civil y el pueblo keniano culminaron en la transición pacífica a un gobierno democrático y sentaron las bases para una sociedad más estable.
Cultura, democracia y medio ambiente

Han pasado treinta años desde que empezamos este trabajo. Las actividades que devastan el medio ambiente y las sociedades continúan sin cesar. Hoy nos enfrentamos a un desafío que exige un cambio de mentalidad para que la humanidad deje de destruir su sistema de soporte vital. Estamos llamados a ayudar a La Tierra a sanar sus heridas y, en el proceso, sanar las nuestras. De hecho, debemos abrazar toda la creación en toda su diversidad, belleza y maravilla. Esto sucederá si comprendemos la necesidad de reavivar nuestro sentido de pertenencia a la gran familia de la vida, con la que hemos compartido nuestro proceso evolutivo.
En el transcurso de la historia, llega un momento en que la humanidad está llamada a alcanzar un nuevo nivel de conciencia, a lograr una moral superior. Un momento en que debemos superar nuestros miedos y darnos esperanza mutuamente. Ese momento es ahora.
El Comité Noruego del Nobel ha instado al mundo a ampliar la comprensión de la paz: no puede haber paz sin un desarrollo equitativo, y no puede haber desarrollo sin una gestión sostenible del medio ambiente en un espacio democrático y pacífico. Este cambio es una idea cuya hora ha llegado.
Hago un llamamiento a los líderes, especialmente a los de África, para que amplíen el espacio democrático y construyan sociedades justas y equitativas que permitan florecer la creatividad y la energía de sus ciudadanos. Quienes hemos tenido el privilegio de recibir educación, formación, experiencia e incluso poder, debemos ser un ejemplo para la próxima generación de líderes. En este sentido, también quisiera interceder por la libertad de mi colega laureada Aung San Suu Kyi, para que pueda continuar su labor por la paz y la democracia para el pueblo de Birmania y el mundo entero.
“No puede haber paz sin un desarrollo equitativo, y no puede haber desarrollo sin una gestión sostenible del medio ambiente en un espacio democrático y pacífico.”
La cultura desempeña un papel fundamental en la vida política, económica y social de las comunidades. De hecho, es el eslabón perdido en el desarrollo de África. La cultura es dinámica y evoluciona con el tiempo, descartando conscientemente tradiciones retrógradas, como la mutilación genital femenina, e incorporando aspectos positivos y útiles. Los africanos, en particular, deben redescubrir los aspectos positivos de su cultura. Al aceptarlos, adquirirían un sentido de pertenencia, identidad y autoconfianza.
También es necesario activar a la sociedad civil y a los movimientos de base para impulsar el cambio. Hago un llamado a los gobiernos para que reconozcan el papel de estos movimientos en la construcción de una masa crítica de ciudadanos responsables, que contribuyan a mantener el equilibrio de poderes en la sociedad. Por su parte, la sociedad civil debe asumir no solo sus derechos, sino también sus responsabilidades.
Además, la industria y las instituciones globales deben comprender que garantizar la justicia económica, la equidad y la integridad ecológica tiene más valor que las ganancias a cualquier precio. Las extremas desigualdades globales y los patrones de consumo dominantes persisten a expensas del medio ambiente y la coexistencia pacífica. La decisión está en nuestras manos.
Llamo a los jóvenes a comprometerse con actividades que contribuyan al logro de sus sueños a largo plazo. Tienen la energía y la creatividad para construir un futuro sostenible. A los jóvenes les digo: son un regalo para sus comunidades y, de hecho, para el mundo. Son nuestra esperanza y nuestro futuro.
El enfoque holístico del desarrollo, ejemplificado por el Movimiento Cinturón Verde, podría adoptarse y replicarse en más regiones de África y otros lugares. Por este motivo, he creado la Fundación Wangari Maathai para garantizar la continuidad y expansión de estas actividades. Si bien se ha logrado mucho, aún queda mucho por hacer.
Para concluir, reflexiono sobre mi infancia, cuando iba a buscar agua para mi madre a un arroyo cerca de casa. Bebía agua directamente del arroyo. Jugando entre las hojas de arrurruz, intentaba en vano recoger los hilos de huevos de rana, creyendo que eran cuentas. Pero cada vez que ponía mis deditos sobre ellos, se rompían. Más tarde, vi miles de renacuajos: negros, ágiles, retorciéndose en el agua cristalina sobre el fondo de la tierra marrón. Ese es el mundo que heredé de mis padres.
Hoy, más de cincuenta años después, el arroyo se ha secado, las mujeres caminan largas distancias para encontrar agua, que no siempre está limpia, y los niños jamás sabrán lo que han perdido. El reto consiste en restaurar el hábitat de los renacuajos y devolver a nuestros hijos un mundo de belleza y maravilla.
Muchas gracias.
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