La pintura Rosario de Velasco no era una negación de la necesidad de cambios, sino una forma de dar permanencia a lo humano frente a la fugacidad del tiempo.
En “Persépolis”, Marjane Satrapi articula memoria, cuerpo e identidad en una reflexión profunda sobre el poder y su penetración en la vida cotidiana.
Relegada durante años por la crítica, Anna Ancher es reconocida hoy entre los grandes pintores europeos por su maestría en la representación de la luz.
Artista clave del expresionismo alemán, Gabriele Münter jugó además un papel esencial en la protección del arte de vanguardia durante el nazismo.
Conocida en su juventud como “la Rembrandt rusa”, Marianne von Werefkin se convirtió a inicios del siglo XX en una de las principales exponentes del expresionismo.
La condición de mujer artista atraviesa la trayectoria creativa de Luchita Hurtado de manera estructural y sostenida a lo largo de todo el siglo XX.
Gertrude Abercrombie destaca no solo por la factura impecable de sus obras, sino también por su personal mundo onírico y su exploración del inconsciente.
En una época en la que la formación artística profesional estaba casi vedada a las mujeres, Breslau se trasladó a París a los dieciocho años para estudiar pintura.
La irreverencia de Mercedes Pardo no consistió en oponerse frontalmente al sistema, sino en no obedecer plenamente sus reglas.
Distante tanto de los presupuestos del muralismo como de la estridencia de las vanguardias, Cordelia Urueta ocupa un espacio singular en el arte mexicano.