Periodista y asesora de las grandes casas de moda europeas, Ana María Borrero es una figura casi olvidada por la historia de la cultura cubana.
Relegado por las instituciones culturales cubanas, Raimundo Lazo dejó una huella imborrable en la cultura nacional y latinoamericana.
Frente al silencio del régimen de la isla, Celia Cruz se convierte en la primera artista de habla hispana admitida al Salón de la Fama del Rock & Roll.
La ciudad y el mar son, para Kadir López, metáforas con las que construye una imagen crítica de la isla y de la dramática pérdida de su historia cultural.
En Cuba, donde el trópico no distingue estaciones, la poesía ha hallado siempre, aún en los momentos más amargos de su historia, suelo fértil para crecer.
En su documental “De bateyes” (1971), Sara Gómez recupera del olvido un espacio esencial para la historia de la sociedad y la cultura cubanas.
Nicolás Guillén Landrián creó un lenguaje único en la cinematografía cubana, en el cual la ironía y el humor adquieren un auténtico valor estético.
Aurelia Castillo, intelectual cabal de Cuba, conoció la aspiración libertaria, la silenciosa preparación de la guerra y en dos ocasiones el destierro.
Los ensayos de Reynaldo González son esenciales para comprender, desde la perspectiva de los sujetos marginados, la formación de la identidad cubana.
La literatura de viajes es una fuente de información permanente, aunque ignorada, sobre diversas aristas de nuestra cultura nacional.