La historia de violencia feminicida del batey Elpidio Gómez en Cienfuegos

Entrevistas y testimonios de pobladores reconstruyen décadas de feminicidios y violencia en un Consejo Popular de Cienfuegos.

Feminicidios en Cienfuegos
Ilustración: OGAT

El Consejo Popular Elpidio Gómez es un pequeño batey que pertenece al municipio de Palmira en la provincia de Cienfuegos. Este territorio, que cuenta con una población de 3045 habitantes distribuidos en 6 asentamientos poblacionales, según Ecured, se caracteriza por su central azucarero y su cultura arraigada de caña, tabaco y ron. Pero más allá del azúcar, el pito del central y el adormecedor ruido de los carriles de caña en aquellos tiempos donde aún molía el ingenio, este batey ostenta una trayectoria sangrienta, marcada por su fuerte carácter machista, donde los hombres ven a las mujeres como objetos de su propiedad y se creen con todo el derecho de arrancarles la vida sin ningún cargo de conciencia.

Mediante entrevistas y conversaciones con pobladores de la zona, pude constatar que, fuera del relato oficial, la memoria popular conserva al menos 10 casos de feminicidios ocurridos en las últimas décadas. 

Según la información que pude recabar, solo dos agresores de los casos documentados, se encuentran en este momento en prisión, porque los restantes ya cumplieron su condena. De estos dos que aún están encarcelados, uno viene al pueblo cada mes por obtener un pase de estímulo por su buen comportamiento. Estos asesinos no fueron juzgados por feminicidio, sino por asesinato en primer grado. 

De los 10 casos identificados, solo he podido profundizar en 6, con la intención de que las historias de estas mujeres, víctimas de crímenes no visibilizados, queden registrados y aporten alguna forma de reparación histórica para ellas y sus familias.

Iliana Avilés

El primer caso fue el feminicidio de Iliana Avilés, madre de dos hijos menores, una niña y un niño. Según los testimonios recogidos, una mañana de noviembre de 1977, después de que ella decidiera terminar la relación, su esposo la esperó escondido detrás de unos arbustos mientras cruzaba la línea del batey, frente a la Casa del Azúcar, y la asesinó en plena calle con cuatro heridas de arma blanca.

Miriam López

El segundo asesinato fue el de Miriam López, ocurrido el 29 de diciembre de 1977 y cometido por su cuñado, esposo de Marina López, hermana de la víctima. Los hechos se produjeron durante una agresión contra Marina. Miriam murió al intervenir para protegerla y dejó dos hijos, una niña y un niño.

Migdalia Bordón Ruiz 

Migdalia Bordón Ruiz se había separado en 19 ocasiones de su esposo, José Rodríguez Cosme, debido a situaciones de maltrato, pero él siempre lograba persuadirla para que regresara. Un 31 de diciembre, José le advirtió que era su última oportunidad para volver con él y que, si no lo hacía, la mataría. El 1 de enero de 1981 cumplió su amenaza. La agresión contra Migdalia dejó a dos hijos huerfanos, una niña y un niño.

Estrella Molina

Estrella Molina fue una joven internacionalista que viajó a Argelia y Rusia en una época en que los mejores estudiantes de la isla podían acceder a estudios en esos países. Al regresar a Cuba, se casó y formó una familia con quien años después sería su asesino.

Estrella decidió divorciarse debido al maltrato. En varias ocasiones, su exesposo intentó contactarla o mandó a buscarla, pero ella se negaba rotundamente a verlo. Repetía que cualquier conversación relacionada con sus hijos debía hacerse a través de su cuñada, Yuly.

Una mañana de septiembre de 2004, Estrella se encontraba dando clases en el Politécnico del batey, donde trabajaba como bibliotecaria. Su cuñada Yuly llegó en bicicleta y la llamó, supuestamente para hablar sobre los niños. En ese mismo lugar, su exesposo la atacó con varios machetazos en el cráneo y la asesinó al instante. Estrella dejó dos hijos menores.

violentómetro de ogat
Violentómetro. Imagen: Alas Tensas

Yusmaidy

Un tiempo después, el batey volvió a ser escenario de otro feminicidio. Hardary Avilés asesinó a su esposa, Yusmaidy, conocida como Fosforito, quien al momento del crimen estaba embarazada y llevaba en brazos a su hija de dos años.

El asesinato ocurrió en plena calle, en julio de 2016, cuando la víctima regresaba de recoger a la niña en casa de la madre del agresor y se dirigía a la escuela primaria donde estudiaba su hijo mayor, de ocho años. Ambos niños eran hijos del agresor.

La pareja se había divorciado días antes y ella realizaba los trámites para interrumpir el embarazo, debido a la situación de violencia que atravesaba. Mientras regresaba, el agresor la esperó sentado en un banco y, al verla pasar, le propinó seis puñaladas. Cuando cayó al suelo, la decapitó.

Por este crimen fue condenado a 29 años de privación de libertad. Sin embargo, diez años después, se encuentra en un centro abierto, desde donde puede trabajar y regresar cada mes durante tres o cuatro días a su casa, ubicada en el mismo lugar donde ocurrió el feminicidio.

Rosa Idania Ferrer Pérez

El último caso del que he podido recabar toda la información, ocurrió el pasado 30 de noviembre de 2025. En horas de la noche, el batey tiembla de dolor al ocurrir el asesinato de Rosa Idania Ferrer Pérez (Rosy), enfermera conocida por su labor, su sentido de pertenencia y amor a su profesión. 

Este hecho evidencia la persistencia del odio y la violencia arraigados en una cultura machista sostenida durante generaciones.

El asesinato de Rosy fue en su propia casa. Su esposo, Arisbel Suárez León, llegó en estado de embriaguez y ella se encontraba en la casa de una vecina. Él la llamó para pedirle el cargador del teléfono porque había llegado la electricidad. Cuando intentó poner el ventilador, se cayó el cargador al suelo y él, en su arrebato de rabia, lanzó el ventilador al piso. Cuando ella vio esto le reclamó por romper el equipo y este fue el motivo de su furia. Comenzó a golpearla con la parte trasera de una escopeta de caza, propinándole múltiples golpes, pero uno de ellos le rompió dos costillas y el impacto del vaso contra ellas le provocó una hemorragia interna. 

Ella logró salir de la casa y caminar hasta la esquina para intentar llegar al consultorio y pedir ayuda, pero cayó al suelo gravemente herida. Él la alcanzó y continuó golpeándola; incluso intentó estrangularla. Al verla agonizar, el agresor intentó simular otra situación: la tomó en brazos, comenzó a gritar que tenía un ataque de epilepsia y la llevó hacia el consultorio.

Vecinos lo ayudaron para dar auxilio, pero al llegar la enfermera de guardia se dio cuenta de que ya estaba sin vida y los evidentes hematomas en todo el cuerpo no dejaron que la mentira tomara curso. Inmediatamente la enfermera llamó a la policía. En la necropsia efectuada al cuerpo de Rosy se evidenciaron múltiples hematomas que demostraban maltrato físico brutal durante años, meses y días anteriores, sin contar los del día de su muerte, según certificó la forense. 

Arisbel Suárez, según testimonio de vecinos, cuando ingería bebidas alcohólicas era muy violento. En una ocasión quemó a su mamá con agua caliente, le fracturó una clavícula y un brazo a Dayamy Avilés, quien fue su esposa y lo dejó por su violencia. 

Después se casó con otra muchacha a la cual le fracturó una pierna y dos costillas, y por último se casó con Rosa Idania, quien creía en él y lo amaba incondicionalmente. Él siempre dijo que su violencia era causada por el alcohol y prometía no tomar más, pero al final nada cambiaba. La muerte de Rosy dejó dos hijas huérfanas, una de ellas adolescente, además le sobreviven dos nietos que dependían en gran medida de su ayuda y protección.

Nombrar los feminicidios

El Observatorio de Alas Tensas junto a Yo Sí te Creo en Cuba registran, desde 2019 hasta mayo de 2026, 338 feminicidios en Cuba. En el último año, dos de esos casos ocurrieron en Cienfuegos: el de Rosa Idania Ferrer Pérez, ya mencionado en este reportaje, y el de Yailín Carrasco Pérez, conocida como La China, de 29 años, asesinada por su pareja el 22 de julio de 2025 en el reparto Pastorita, en la ciudad de Cienfuegos.

Estas cifras, que constituyen un subregistro, contrastan con la falta de respuestas efectivas por parte de las instituciones. En Cuba no existen refugios para víctimas de violencia de género, ni campañas masivas de sensibilización, ni un sistema integral de acompañamiento. El feminicidio tampoco está tipificado en el Código Penal y el país carece de una Ley Integral contra la Violencia de Género.

La historia del batey Elpidio Gómez muestra hasta qué punto la violencia machista puede instalarse en la memoria de una comunidad como una sucesión de hechos aislados, cuando en realidad responde a un patrón sostenido de desprotección, impunidad y normalización del abuso. Durante décadas, mujeres golpeadas, amenazadas, perseguidas o asesinadas fueron nombradas como víctimas de “crímenes pasionales”, “problemas de pareja” o “asesinatos”, sin que se reconociera la raíz estructural de esa violencia.

Llamar a cada hecho por su nombre también es una forma de reparación. No fueron arrebatos, ni tragedias domésticas, ni simples conflictos familiares: fueron feminicidios. Crímenes marcados por el odio, el control, el desprecio y el abuso contra las mujeres, y como tal deben ser reconocidos, juzgados y recordados.

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