Régimen cubano: reformas económicas recicladas con un guion desfasado

Díaz-Canel reintroduce medidas económicas ya aprobadas en el pasado como si fueran actuales, dejando en evidencia la repetición de un discurso que ya nadie cree.

| Noticias | 19/06/2026

Entre todas las frases pronunciadas por Miguel Díaz-Canel en su reciente intervención en el Pleno extraordinario del Comité Central del Partido Comunista, hay una que sobresale por encima de cualquier anuncio económico: “Estas no son ideas nuevas, son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no estuvo en plantearlas sino en haberlas postergado y esa etapa de aplazamientos tiene que terminar.”

La frase constituye una admisión extraordinaria. Durante años, la narrativa oficialista atribuyó la crisis económica cubana casi exclusivamente al embargo estadounidense, a la pandemia, a la guerra en Ucrania o a cualquier factor externo que pudiera ajustarse a su narrativa. Sin embargo, el propio dictador reconoce ahora que decisiones consideradas necesarias fueron aprobadas hace años y luego quedaron sin ejecutar.

La cuestión central ya no es si las reformas son correctas o incorrectas. La pregunta es por qué la dictadura cubana tardó más de una década en aplicar medidas que supuestamente ella misma había aprobado.

Las reformas “nuevas” que llevan más de una década esperando

Buena parte de los anuncios presentados como respuestas urgentes a la crisis tienen antecedentes que se remontan al menos a 2011.

La autonomía de la empresa estatal fue discutida durante el VI Congreso del Partido Comunista. La separación entre funciones estatales y empresariales aparece en documentos que se remontan a la década de los 90, cuando Cuba entró en su “Período Especial”.

Lo mismo ocurre con la necesidad de atraer inversión extranjera, flexibilizar la producción agrícola, revisar prohibiciones al sector privado o sustituir subsidios generalizados por ayudas focalizadas.

El problema no es la falta de diagnósticos.

El propio régimen lleva más de una década identificando los mismos obstáculos. Repitiéndolos en los mismos discursos. Esa frase de “ahora sí” con la que han querido engañar una y otra vez al pueblo cubano, actualmente rebota con los cacerolazos y la miseria de una ciudadanía que ni siquiera verá el discurso de Díaz-Canel por estar sufriendo apagones de más de 40 horas.

Cuando Díaz-Canel anuncia hoy medidas que ya figuraban en documentos oficiales desde 2011, no presenta una hoja de ruta novedosa. Está narrando el incumplimiento sistemático de compromisos manipulados por el propio régimen.

La burocracia estatal, las prohibiciones regulatorias y la centralización económica son decisiones internas.

Cuando el gobernante habla de “lentitud”, “normas que frenan al que quiere producir” y “decisiones que hemos postergado”, está describiendo fallas creadas y sostenidas por el propio sistema político cubano dirigido y controlado por el Partido Comunista.

En otro momento del discurso, Díaz-Canel aseguró que Cuba ha avanzado: “sin renunciar jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos atrás con la Revolución.”

Durante décadas, la economía cubana dependió masivamente de la Unión Soviética. Tras la desaparición del bloque soviético, la isla desarrolló una fuerte dependencia energética y financiera de Venezuela. En la actualidad, Rusia, China y las remesas enviadas por el exilio constituyen los únicos pilares para la supervivencia del pueblo, que a la par observa cómo la cúpula castrista mantiene privilegios que van desde MIPYMES hasta costosas joyas y ropas.

En el plano político esa “soberanía” tiene encerrado en las cárceles la cifra histórica de 1.214 presos políticos y de conciencia. La mayoría de estos detenidos encarcelados tras las protestas masivas del 11 de julio de 2021, durante las cuales el pueblo cubano exigió una libertad distinta a la que proclama Díaz-Canel.

La resistencia que vacía el país

Díaz-Canel volvió a recurrir a expresiones habituales como la “resistencia creativa” y la capacidad de Cuba para resistir circunstancias excepcionales.

Pero la realidad económica ofrece una imagen distinta. La economía cubana se contrajo un 1,9 % en 2023 y volvió a caer un 1,1 % en 2024, según datos oficiales difundidos por las propias autoridades.

Fotografía de balseros cubanos en mar abierto en medio de la emigración
Fotografía: Willy Castellanos para BBC

Mientras tanto, la emigración ha alcanzado niveles sin precedentes. Se estima que más de un millón de cubanos habrían abandonado Cuba desde 2021, en lo que diversos analistas consideran el mayor éxodo de la historia nacional reciente.

La principal evidencia del fracaso económico no aparece en los discursos, sino en los aeropuertos y las fronteras. Cuando cientos de miles de personas abandonan un país en pocos años, resulta difícil sostener que la estrategia vigente está funcionando.

El regreso del Período Especial, pero sin reconocerlo

Muchas de las medidas anunciadas recuerdan a las reformas aplicadas durante los años más duros del Período Especial.

La apertura a nuevos actores económicos, la flexibilización de actividades privadas, la búsqueda de inversión extranjera y el reconocimiento de mecanismos de mercado reaparecen ahora bajo nuevos nombres que no logran tapar un guion ya conocido y poco creíble.

La diferencia es que aquellas medidas fueron adoptadas después del colapso soviético. Hoy regresan tras años de crisis energética, caída productiva, inflación, deterioro de servicios básicos y emigración masiva.

La dictadura cubana vuelve a aplicar recetas de emergencia, pero las soluciones estructurales continúan pendientes. Y lo hace después de haber retrasado durante años las mismas reformas que ahora presenta como “imprescindibles”.

Sin libertad, ninguna reforma será suficiente

Pero el problema de Cuba ya no puede medirse únicamente en porcentajes de crecimiento, toneladas de alimentos o cifras de inversión.

Manifestación por la liberación de los presos políticos cubanos. Foto: Joe Raedle
Manifestación por la liberación de los presos políticos cubanos. Foto: Joe Raedle

Después de años de promesas incumplidas, reformas aplazadas y diagnósticos repetidos, el costo más alto ha recaído sobre la ciudadanía. Lo pagan quienes pasan horas buscando alimentos, quienes sobreviven con salarios insuficientes, quienes ven deteriorarse los servicios básicos y quienes han tenido que abandonar el país para construir un futuro que no encontraron en él.

Los cubanos no necesitan únicamente reformas económicas. Necesitan derechos, instituciones que rindan cuentas y la posibilidad de participar libremente en las decisiones que determinan sus vidas.

Mientras la respuesta siga limitada a ajustes administrativos dentro de un sistema que no permite el pluralismo político, la libertad de expresión ni el control ciudadano sobre el poder, las causas profundas de la crisis permanecerán intactas.

Porque la verdadera discusión ya no es cuánto puede resistir Cuba. La pregunta es cuánto tiempo más se le seguirá negando a los cubanos la libertad de decidir su propio destino.

Si algo dejó claro el discurso de Díaz-Canel es que las respuestas que hoy se anuncian pudieron haberse aplicado hace años. Lo que sigue sin aparecer es una explicación convincente de por qué quienes tomaron esas decisiones continúan ejerciendo el mismo poder sin rendir cuentas ante la sociedad cubana.

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