El régimen cubano excarcela a Jonathan Muir y le exige silencio
Considerado el preso político más joven del régimen cubano, Jonathan Muir Burgos, de 16 años, pasó más de tres meses en una cárcel de máxima seguridad para adultos.
El régimen cubano excarceló el miércoles 24 de junio al adolescente Jonathan Muir Burgos, de 16 años. Detenido tras participar en las protestas del 13 de marzo en el municipio de Morón, y recluido durante tres meses en un centro penitenciario de alta seguridad para adultos, Muir se convirtió en el preso político más joven del régimen. Su padre, el pastor evangélico Elier Muir, confirmó a Diario de Cuba la excarcelación, pero señaló que las autoridades penitenciarias le habían impuesto la condición de no publicar ni denunciar nada en sus redes sociales.
De la protesta a una cárcel de máxima seguridad para adultos
Jonathan fue detenido el 16 de marzo cuando acudió junto a su padre a una citación policial. Elier fue liberado horas después, pero su hijo fue trasladado al Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) de Ciego de Ávila. Acusado del delito de “sabotaje”, que puede conllevar una condena mínima de siete años de cárcel, el caso de Muir Burgos ha generado preocupación en diversas organizaciones de derechos humanos, que califican la acusación y el castigo infligido a Jonathan de desproporcionado para un adolescente que solo participó en una manifestación pacífica.
El Tribunal Provincial de Ciego de Ávila rechazó además el recurso de habeas corpus presentado por la familia, dejando al menor sin las garantías legales más básicas. Para la abogada Laritza Diversent, fundadora de Cubalex, el caso de Jonathan ilustra un patrón más amplio: en el contexto de la profunda crisis que vive la isla, explicó, “son los menores los que están tomando muchas veces el rol de manifestarse y [..] el Estado reacciona sin tener en cuenta las características legales y sociales que tienen estos menores”.
Durante los tres meses que Jonathan estuvo en prisión, su familia denunció de manera constante el deterioro físico y emocional del adolescente, quien padece una enfermedad dermatológica crónica que requiere tratamiento especializado. Jonathan dormía en el suelo porque su colchón estaba infestado de chinches, su alimentación era mala y se lo sometía a torturas psicológicas.
En abril, cuando ya la situación de Jonathan provocaba indignación en todo el mundo, medios afines a la Seguridad del Estado cubana publicaron una fotografía de Jonathan de pie frente a un piano eléctrico, en lo que presentaron como un “acto cultural dentro del penal”, asegurando que las denuncias sobre el deterioro físico del joven eran parte de una “campaña de desinformación”. Elier Muir denunció la estratagema, explicando que las autoridades le habían prometido a su hijo un día de visita como recompensa por dejarse fotografiar.
Presión internacional

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de Jonathan en abril, al considerar que sus derechos a la vida, la integridad personal y la salud estaban en riesgo, y solicitó al Estado cubano garantizarle atención médica, alimentación suficiente y condiciones de detención acordes con su edad.
Amnistía Internacional, por su parte, lanzó una acción urgente exigiendo su liberación y alertó sobre los riesgos de mantener a un menor recluido junto a adultos. Freedom House y la Unión Europea también alzaron la voz: la representante especial de la UE para los Derechos Humanos, Kajsa Ollongren, señaló que Jonathan era “un niño que debería regresar a casa con su familia”.
Una semana antes de la excarcelación, el subsecretario de Estado adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo de Estados Unidos, Riley Barnes, se sumó a los reclamos por su liberación y la del resto de los presos políticos cubanos: “Ninguna persona, en especial un menor, debe ser prisionero por sus posiciones políticas o religiosas”, escribió en su cuenta en X.
Las excarcelaciones como moneda de cambio del régimen
Laritza Diversent ha explicado la importancia de la presión internacional para poner freno a los desmanes del régimen y advierte que la salida de Jonathan de la cárcel no debe entenderse como una verdadera liberación. El régimen, recordó, usa las excarcelaciones “como moneda de cambio” sin resolver la situación jurídica de fondo ni reconocer la arbitrariedad de sus acciones.
Cuba mantiene más de 1200 presos políticos entre rejas, según datos de Prisoners Defenders, entre ellos varios menores de edad. El caso de Jonathan Muir, considerado el preso político más joven del castrismo, marca un precedente inquietante: la normalización del uso de delitos graves como el sabotaje para castigar el ejercicio de derechos fundamentales en menores de edad.
El régimen no ha emitido ninguna declaración oficial sobre la excarcelación ni sobre el futuro del proceso contra Jonathan. El silencio institucional, combinado con la condición impuesta al menor de no expresarse públicamente, sugiere que la presión sobre la familia Muir Burgos continúa.
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