El régimen cubano intenta mitigar el déficit de vivienda con casas-contenedores
Frágiles ante los huracanes y a un precio prohibitivo, el régimen concibe las casas-contenedores como solución para familias vulnerables.
Con un parque habitacional insuficiente, donde miles de familias sobreviven en edificios al borde del colapso, el régimen cubano anunció en marzo un plan para transformar más de 3500 contenedores marítimos en viviendas. La iniciativa ya se realiza en varios municipios de La Habana, y las autoridades intentan presentarla como una solución rápida y ecológica para una de las crisis más profundas de la isla.
Según la Dirección General de la Vivienda, el déficit habitacional cubano ronda las 806 mil casas, cifra que fuentes más recientes elevan por encima de las 929 mil, con cerca de un 35% del parque habitacional del país en mal estado. En los barrios más antiguos de las ciudades muchas personas sobreviven entre escombros, en construidas hace más de un siglo, semiderruidas o a punto de derrumbarse, cocinando en hornos improvisados y en medio de apagones que superan las veinte horas diarias.
En la comunidad Toledo, en el municipio habanero de Marianao, se construye el primer proyecto urbanístico de casas-contenedores. El barrio ocupará un terreno de 114 mil metros cuadrados y debe albergar unas 80 viviendas, cada una con dos dormitorios, un espacio para cocina-comedor y un pequeño baño. El régimen concibe estos habitáculos improvisados como solución para las personas que hoy vivien en albergues, para jóvenes egresados de hogares sin cuidado parental y madres solteras en situación vulnerable. En un asentamiento de Nuevo Vedado ya se entregaron las dos primeras “casas” del programa.
Una solución de emergencia que “llegó para quedarse”
El arquitecto Abel Tablada, exprofesor de la CUJAE, ha explicado que la alternativa es razonable dado que “la industria de materiales de la construcción está casi detenida como el resto de las industrias en el país”, pero advierte que no debería ser el único programa de vivienda, pues “la demanda es inmensa”.
El propio Tablada señala el punto más delicado del proyecto: aunque los contenedores están diseñados para resistir vientos fuertes, esa resistencia se debilita al adaptarlos como vivienda, con aberturas y tanques de agua añadidos; un problema que las autoridades no parecen haber tenido en cuenta en una isla expuesta cada año al embate de los huracanes.
A eso se suman las temperaturas, que en Cuba superan habitualmente los 30°C. En las redes sociales, el proyecto ya fue bautizado como “Microondas” por el calor que acumulan las estructuras metálicas expuestas al sol y sin un aislamiento térmico adecuado. Pero las críticas no terminan ahí. Según reportes recientes, los beneficiarios de algunas de estas viviendas deben pagar cerca de un millón de pesos por ellas, el equivalente a más de diez años de salario medio en la isla.
Pese al rechazo de la población, el régimen insiste en que la conversión de contenedores en viviendas “llegó para quedarse”. Sin embargo, la magnitud del déficit habitacional, que afecta a cientos de miles de familias, choca con la realidad de un plan que, hasta ahora, ha logrado entregar apenas un puñado de “casas”. Para muchos cubanos que hoy viven entre escombros o esperan su turno en refugios estatales, la promesa de un lugar propio donde vivir, aunque sea uno de esos “microondas”, sigue siendo una aspiración lejana.
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