Entrevista | Carmen Ruiz Barrionuevo: Nobleza intelectual y pasión ferviente

Autora de decenas de publicaciones sobre literaturas diversas en lengua española, la doctora Ruiz Barrionuevo es una destacada figura del mundo intelectual y específicamente literario escrito en español.

Profesora de prestigiosas universidades españolas, Carmen Ruiz Barrionuevo
Foto: Ednodio Quintero

Carmen Ruiz Barrionuevo es, sin la menor duda, una de las voces críticas más importantes de la lengua española hoy día. Profesora de prestigiosas universidades, como la Universidad de La Laguna en las Islas Canarias y actualmente de la Universidad de Salamanca, sus ensayos, artículos e investigaciones filológicas han sido ampliamente reconocidos. Autora de decenas de publicaciones sobre literaturas diversas en lengua española, la doctora Ruiz Barrionuevo es una destacada figura del mundo intelectual y específicamente literario escrito en español. Entrevistarla para la revista digital Alas Tensas es, desde luego, un hecho importante, por cuanto se trata de una voz plena en el concierto general de los estudios sobre culturas de raíz hispánica.

Ella ha valorado no solamente textos de carácter literario, sino que también ha aportado sus juicios de valor sobre significativos períodos culturales y tendencias del mundo hispánico, tales como la cultura colonial, el Modernismo, la literatura escrita por mujeres y otros temas de enorme interés. Sólida, sin nocturnidades de estilo; aguda, sin incisiones ásperas; intelectual, pero sin lejanía de lo humano esencial, esta destacada filóloga ha abordado con fruto autores y obras diversísimas, tanto de España como de Hispanoamérica. Son bien conocidos sus trabajos sobre autores cubanos y venezolanos, uruguayos y peruanos. En mi opinión, nadie la ha caracterizado mejor que el poeta y ensayista venezolano Gabriel Jiménez Emán, cuando escribió sobre ella: “Carmen Ruiz Barrionuevo se ha convertido para muchos de nosotros en un emblema de trabajo constante, de nobleza intelectual y de pasión ferviente hacia la literatura”.[1]

Doctora Ruiz Barrionuevo, Ud. ha señalado de manera más que convincente, por ejemplo, al estudiar al poeta venezolano Pérez Bonalde, que la literatura suele responder al acicate del acto humanismo de rememorar. Es una verdad categórica en relación con textos extraordinarios como En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, pero también, quizás de modo menos evidente y directo, en El Quijote, por supuesto, y hasta en las páginas intensas de Memorias del marqués de Bradomín, de Valle Inclán. Me gustaría que compartiera con nuestros lectores qué obras en lengua española tienen también ese carácter de hijas de una remembranza directa o no, considera Ud. como especialmente valiosas para nuestras culturas, y sobre todo para Ud. como lectora especialísima.

Me agrada mucho que comience con esta reflexión. El hecho de contar ha estado siempre unido a la memoria, muy en especial en los tiempos en que la narrativa y la poesía dependían de la oralidad. Hay que recordar cómo los cuentos populares comienzan normalmente con una frase inevitable: “Había una vez…”, o también, “Érase una vez…”.

Ese “había” o ese “érase” implican algo que se vio o se vivió en un tiempo pasado y que se trae al presente, se visualiza por así decir, con la palabra. El acto de recordar, el de hacer presente una memoria pasada, es algo unido a la mente humana desde los comienzos, y desde luego desde las épocas en que la escritura no existía, o no era un instrumento normalizado para todos. Contar significa volver al pasado y traer al presente superando el olvido. Esta es la raíz misma de la literatura, porque después surge la escritura que conserva lo contado. Pero todo se inicia con un acto de la memoria.

En los siglos pasados, la memoria es evidente en la literatura en español, usted recuerda el Quijote, cuyo comienzo irónico implica un acto de memoria, “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”, yo añadiría también entre nuestros clásicos el Cantar de Mío Cid, que cuenta una historia recordada y difundida por los juglares desde el siglo XIII, también las novelas picarescas, entre las cuales encontramos el caso del Lazarillo de Tormes que se escribe desde la perspectiva de un presente para implicar un pasado y una trayectoria vital desde el mismo nacimiento.

Y, cambiando a las tierras de América, las crónicas se escriben para rescatar la memoria de los hechos vividos por una persona, con fines interesados normalmente, pues servían para conseguir beneficios económicos y honra personal. Podríamos recordar muchos más ejemplos, incluso sin pensar en las memorias y diarios personales que también abundan en la literatura y por supuesto en la poesía, mucho más intimista y dada a reflejar elementos de la subjetividad. Y luego está el rescate de la memoria colectiva que se relaciona con los hechos históricos y que tiene como base la búsqueda de la identidad de un grupo o nación. Serían innumerables los ejemplos.

Desde luego que me han interesado siempre los autores que realizan ese esfuerzo de la memoria, y no oculto mi preferencia por este tipo de literatura en la que hay una fusión entre lo personal y lo ficticio. Para no ser demasiado extensa, aunque podría recordar otros varios ejemplos de los que me interesan, hay dos autores que hacen uso directo de esta estrategia de la memoria, uno es cubano, José Lezama Lima, otro venezolano, José Balza.

El caso de Lezama es muy significativo, se le ha aproximado a Proust, aunque realmente la construcción ficcional y lingüística es propiamente suya. Su novela Paradiso nace de un acto de la memoria, en ella se traza una vida asociada a otras vidas, desde su propio comienzo, una trayectoria que tiene mucho que ver con su propia vida personal y que está en consonancia con un espacio, el de la isla de Cuba, sobre la que Lezama teje una serie de recurrencias poéticas que aspiran a interpretarla en el plano poético.

El caso de José Balza es distinto, su acto de la memoria aparece tanto en sus cuentos como en sus novelas. Un ejemplo significativo es su novela Percusión que se traduce en una exploración interiorizada y subjetiva, una búsqueda que está expresada desde el principio por el intento de anulación temporal en el que fusiona las dos edades de la vida humana, la juventud y la vejez. Además, al proyectar un acto de la memoria expandido desde su origen, el protagonista puede relacionar sus experiencias del pasado, presente y futuro, y ello propicia el destacado punto de vista narrativo que se ejerce en la novela. En la obra de Balza la memoria actúa como un engranaje constructivo que armoniza toda su obra y eso infunde una gran originalidad a su escritura.

Un libro como La literatura iberoamericana en el 2000. Balances, perspectivas y prospectivas, en el que Ud. participó como autora, realiza en efecto una valoración de aportes, pero también una serie de juicios sobre el desarrollo de ese tan complejo y variopinto discurso literario. Casi un cuarto de siglo después, ¿qué continúa siendo válido de aquella valoración suya como juicio acerca de la dirección y aportes de esa literatura? ¿Qué nuevos y quizás imprevistos literarios (tendencias, estilos, cambios) se otean en el momento presente?

El título que me cita recoge las actas del congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana del año 2000, que se celebró en la Universidad de Salamanca, y recogió una serie de trabajos que aspiraban a presentar una valoración de la literatura del fin del siglo XX y aventurar la prospectiva del comienzo del XXI.

Revisado con la distancia temporal de casi un cuarto de siglo creo que ese conjunto de trabajos respondía bien al proyecto que se planteó. Hay un importante conjunto de ensayos aglutinados en torno a esas evaluaciones del pasado siglo, revisiones genéricas o de períodos, como el fin de siglo modernista o las vanguardias, la estabilidad o inestabilidad del canon, sus rupturas y controversias, la posmodernidad o la mirada postcolonial como entramados subyacentes y como discutidos e inestables conceptos. Además, se incluían temáticas transatlánticas, proyecciones de las utopías, revisiones de la relación de literatura y memoria, de la historia y la literatura.

A todo ello se unían análisis de los textos, de la intertextualidad, la ironía y la ficción, reflexiones del pensamiento, de las revistas y del periodismo, o los estudios de las nuevas vertientes de las paraliteraturas. Por eso se valora en esa compilación el estudio de las novelas policiales, y también de la ciencia ficción.

Hay una gran variedad de posibilidades literarias que también se pueden comprobar en las obras que hoy disfrutamos. Es algo que se apuntaba ya en ese fin de siglo, y es evidente que se ha ido incrementando. Pero, si me pregunta por algo que crea de la mayor importancia, creo que el paso del siglo XX al XXI se ha significado, sobre todo, por el incremento de las obras escritas por mujeres y por la extensión de los estudios de género. En esa compilación había una representación importante de las narradoras y de las poetas del siglo XX que, en este momento, un cuarto de siglo después, se ha ampliado considerablemente.

Carmen Ruiz Barrionuevo ha defendido la importancia de la literatura escrita por mujeres.
Carmen Ruiz Barrionuevo ha defendido la importancia de la literatura escrita por mujeres.

Es un hecho comprobable, en cualquier catálogo literario, que las mujeres se han incorporado sin posibilidad de vuelta atrás a la escritura, tanto como narradoras o como poetas. El cambio ha sido muy visible en los estudios literarios en todo el mundo, ya es imposible, so pena de parcialidad, no tener en cuenta la producción literaria de las escritoras en los estudios académicos o críticos.

Las mujeres son aceptadas como autoras y forman parte del mercado literario, sin concesiones, solo por su calidad como escritoras. La diferencia es abismal si contemplamos el contraste entre el número de autores y de autoras que circulaban en la segunda parte del siglo XX. En ese momento las nóminas literarias, y mucho más el canon literario, estaba formado por una mayoría de nombres masculinos, en cambio, hoy día, las mujeres, comparten el mercado editorial, publican y dan a conocer sus obras sin restricciones, con normalidad y frecuencia.

Es evidente que este hecho tan significativo ha incidido en la nueva orientación literaria, las mujeres han variado e incrementado las temáticas y han dado entrada a nuevas perspectivas. Por otro lado, ya no existe prejuicio acerca de las literaturas de los márgenes o de la subliteratura y la escritura ha incorporado estos procedimientos e incluso se vale de ellos, eso sí, se ha incrementado la importancia del dominio del lenguaje, y yo diría que es la única restricción posible que se impone como un reto a los autores: el cuidado de la escritura, independientemente de su tema o desarrollo, en definitiva lo que importa es escribir bien, cuidar la palabra.

Hay importantes valoraciones sobre el enorme período cultural de la colonia en Hispanoamérica. ¿Percibe Ud. un sentido de organicidad, relativa o no, en el conjunto inmenso de las literaturas escritas en español en el planeta, incluso en una etapa como la actual en que ese panorama se ha hecho aún más complejo por el fenómeno de las migraciones diversas y su efecto cultural?

El conocimiento de la literatura de la Colonia, a pesar de las dificultades, creo que tiene gran importancia para valorar el desarrollo de las literaturas actuales en la América Latina. Y me refiero a las dificultades, porque es conocido que hay vacíos considerables por la pérdida de las obras. Un caso reciente ilustra esto que digo, la aparición, después de cuatro siglos, de un solo ejemplar de la excelente obra de Pedro Gobeo de Vitoria, Naufragio y peregrinación (1610), que se ha podido conocer en 2023 gracias a la edición de Miguel Zugasti, una obra que destaca justamente por ese deseo de dar noticia de un itinerario vital marcado por un naufragio, y que es recuperado precisamente por un acto de la memoria.

Es cierto que la mayor parte de las obras de la Colonia tienen más relación con la literatura de España y solo en algunos rasgos anuncian el porvenir de las respectivas literaturas con identidad propia en cada una de las zonas, muy en especial en las que se establecieron los virreinatos. A pesar de todos esos condicionantes, la literatura colonial es conocida y estudiada por importantes especialistas, tanto en los primeros siglos como en siglo XVIII, un siglo poco valorado literariamente, pero que presenta un valor decisivo en cuanto a la difusión de la cultura y el pensamiento.

No sé si la palabra es organicidad, pero es evidente que vamos a un reconocimiento de la literatura en español como un todo. Creo que esa unidad existe, aunque en el siglo XIX se planteó en algunas zonas la ruptura literaria y la lingüística, llegando a cierta radicalidad, en nuestro siglo es algo aceptado por la mayoría que esa unidad favorece más a lectores y escritores. Se ha llegado a aceptar que no se puede escribir en español sin conocer lo que se escribe en otros lugares y más aún, sin mantener relación con escritores y escritoras de dos continentes. A ello contribuye también el fenómeno editorial, tan centralizado y condicionante. Esta presión puede llevar a una uniformidad literaria, poco deseable, en función del mercado.

Un fenómeno inevitable que favorece la comunicación entre los escritores es el uso de internet. Es conocido que hoy día no es necesario el contacto personal y los autores de los diversos países de habla española mantienen el intercambio de ideas, obras y opiniones de esta manera rápida y efectiva. En muchas décadas del siglo XX los autores se conocían en Europa, en París o en Barcelona, donde algunos residieron por algún tiempo, ahora el contacto es incluso más estrecho, el correo electrónico y las redes sociales facilitan, prácticamente al instante, esa relación. Son fenómenos nuevos, globales, que actúan sobre la escritura, y también sobre el mercado de los libros, y aquí entraría la reflexión sobre el poder de ciertas editoriales o también de las ventas on-line como las que promueve Amazon casi con exclusividad. Todo ello está marcando el presente de la literatura que hoy conocemos.

Otro fenómeno interesante que incluye su pregunta es la de los desplazamientos de los autores, muchas veces como consecuencia de factores políticos o sociales, un ejemplo conocido es el crecimiento sustancial de la colonia venezolana en España, como antes fue de la cubana. Estas migraciones imprimen su sello a la producción literaria, sin duda.

Un ejemplo claro es la literatura cubana de la isla y la publicada por los autores del exilio, aunque no deje de ser una única literatura cubana, algo que incluso en algunas épocas llegó a ponerse en duda. El caso venezolano se está produciendo ahora y también se comienza a observar cómo el exilio marca a los autores e introduce nuevas perspectivas. Tal y como sucedió con la literatura cubana, se está produciendo literatura venezolana dentro y fuera de Venezuela. También es una única literatura, pero en ambos casos requieren un abordamiento especial por parte de críticos y estudiosos.

Como cubano, le agradezco especialmente sus juicios sobre Julián del Casal, José Martí, José Lezama Lima, Cabrera Infante y otros. Ud. se ha referido a las ideas de Lezama acerca de Cuba como espacio creativo, incluso como espacio de un orfismo rescatado o vuelto a configurar para una insularidad. ¿Considera Ud. que esas nociones de Lezama efectivamente aluden a una realidad general de la literatura en Cuba?

Empecé a trabajar autores cubanos hace mucho tiempo, en realidad fue algo que se me presentó en mis comienzos como gusto y afinidad. Siempre recuerdo esa preferencia por la literatura cubana que se vio incrementada por las lecturas de sus autores y muy en especial, cuando leí Paradiso de José Lezama Lima. Creo que esta novela presenta una gran fascinación para el lector que pueda tener la capacidad de aproximarse a la difícil escritura de su autor. Nos encontramos ante un autor inmenso, uno de los grandes de la literatura en español, sin duda alguna.

Lezama realizó una interpretación personal, no solo de su vida como poeta, sino también de la isla y de la historia de Cuba. Su obra, prosa y verso, tiene una gran unidad y un objetivo de interpretación poética para conseguir una gran metáfora de lo cubano. Otra cosa es la consideración que usted hace, acerca de si su literatura es la única interpretación posible de Cuba. Y desde luego, la respuesta es negativa. Incluso ha existido un rechazo de su postura, aun reconociendo su genialidad. Ciertos dardos han apuntado, y es un ejemplo, a su poema “Noche insular, jardines invisibles”, donde se puede leer ese verso que se le ha reprochado más de una vez: “Y nacer es aquí una fiesta innombrable”.

Esa visión idílica de lo cubano, en consonancia con lo que él llamaba “la cantidad hechizada”, es una interpretación propiamente suya, algo que estaba en armonía con su poética personal. Está claro que no es la única interpretación de Cuba, sino la suya, magnífica, desde luego, pero que hay que entender en el contexto de su obra. Ya en su época, Virgilio Piñera respondió en la década de los años 40, a la teoría del insularismo que Lezama planteó en el Coloquio con Juan Ramón Jiménez, al publicar La isla en peso, cuyos versos son expresivos:

La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.

Como se puede apreciar en Piñera tenemos otra respuesta, otra interpretación plena de ironía y de desgarro, que incluso ha sido más aceptada por los escritores y lectores cubanos. En relación con estos dos autores, he tenido una experiencia personal con mis estudiantes al leer las obras de Lezama y de Piñera. Por supuesto que admiraban la obra de Lezama, pero a la hora de acercarse a las obras, elegían los textos de Piñera, con los que sentían una mayor afinidad, incluso temporal. Pero eso no significa enfrentar a los autores sino plantear el tema y valorar las propuestas de ambos.

Hoy día pienso que Lezama es un autor admirado y sigue teniendo fervientes lectores, pero es evidente que esa interpretación imaginaria, poética, que es solo suya, ha tenido parca descendencia, y es lógico que así sea.

Con cierta insistencia diversos autores han buscado una consonancia específica entre la labor científica y la experiencia estética. Una filóloga como Ud. ¿en qué medida y cuánto suscribe la idea de que el conocimiento filológico nos aporta también una satisfacción estética singular?

La Filología, que a veces se considera algo fuera de lugar en estos tiempos, no es ni más ni menos que la ciencia que estudia los textos, que los lee y los interpreta llegando, por tanto, en último término, a captar el sentido de una cultura. Por eso no puede pasar nunca de moda, aunque algunos lectores la consideren algo anticuado sin conocerla. De hecho, hay personas que rechazan la filología y se dedican a la lectura crítica e interpretación de los textos. Resulta un dato curioso, porque eso que hacen entra dentro de la labor filológica. Claro que en una lectura de este tipo hay niveles varios, desde la simple lectura e interpretación a la elaboración de complejas ediciones de textos y a la aportación de teorías interpretativas. Pero en la simple lectura e interpretación del texto ya estamos haciendo una exploración filológica.

Toda lectura nos lleva a una interpretación de lo que se lee. Luego podemos dar varios pasos más, el primero podría ser explicar el texto en sí, por qué razón ese texto nos aporta un conocimiento o un placer estético. Y eso es algo que cualquier lector experimentado puede hacer. Otros pasos más elevados de la filología nos conducen a valorar su lenguaje, a estudiar su léxico, a observar su contexto. Esa labor se suele hacer con las obras clásicas, es lo que se llama “fijar un texto”, que es una técnica bastante más complicada y que requiere un conocimiento especializado. Estas últimas técnicas no están al alcance de todos los lectores de los textos, tan solo de los especialistas que han estudiado las rigurosas técnicas filológicas.

En cuanto al placer estético que se puede experimentar, creo que la filología no destierra ese placer, sino que puede incrementarlo, ya sea en la simple lectura y comprensión de un texto, o bien en la búsqueda de su delimitación, del uso de determinados términos, en la exploración misma de la obra del autor y su contexto. Incluso como simples lectores podemos experimentar cómo, al profundizar más en la obra de un autor, surge a veces la mayor comprensión, la explicación de ciertas preferencias o la sorpresa acerca de temas o contenidos.

Se ha buscado, a lo largo del tiempo, renombrar el quehacer de indagación del texto con diversos vocablos, no siempre sinónimos absolutos (si es que ellos existiesen): filología, hermenéutica, análisis de textos, ciencia literaria, etc. Más allá de esos nombres, ¿qué piensa Ud. de los retos y alcances de los estudios literarios en nuestro presente? ¿Se atreve a pronosticar sobre el porvenir inmediato de los estudios literarios?

El futuro de los estudios literarios, en cualquiera de sus variantes, está unido a la pervivencia de las humanidades. Estos tiempos no parecen muy propicios para ellas porque en cambio se potencian los estudios científicos que suelen tener mayor prestigio social. De forma progresiva se ha abandonado el estudio del griego y del latín, que todavía a mediados del siglo XX ejercían gran atractivo en la sociedad, hoy día se debate la necesidad de prescindir de la Filosofía, lo que está siendo objeto de controversia. Y sin embargo observo que los estudios acerca del lenguaje no entran en discusión en todos los niveles de la enseñanza.

Cada vez estamos más convencidos que nunca acerca de la importancia de la lectura y de la comprensión lectora, esto quiere decir que se ha llegado a entender que el lenguaje está en la base de todo conocimiento. Un paso más y nos acercamos a las obras literarias, su interpretación y comprensión está en la base de los estudios literarios. Las obras de creación, poesía, novela, están ligadas al ejercicio del lenguaje y uno de los objetivos de la educación es crear buenos lectores, de ello depende también su utilidad social. Un lector ya ejercita una labor de juicio o primera lectura acerca de las obras que lee. Otra cosa es hacer de ese ejercicio un oficio, convertirse en crítico literario o bien dar el paso para enjuiciar una obra de acuerdo con unos parámetros y justificar ese hecho por escrito.

Como ya dije más arriba, el nivel de acercamiento a las obras literarias tiene muchos niveles. Es posible que interese cada vez menos el estudio pormenorizado, anotado y justificado de una obra, algo que ya es cosa de especialistas, pero creo que ese nivel de lector y de crítico literario que valora y justifica su gusto o su disgusto por cualquier título no dejará de existir.

Y, sin embargo, frente a esta postura optimista, nos encontramos en un momento de cambio, porque las nuevas tecnologías, la digitalización e internet han revolucionado el proceso del conocimiento, y también en el ámbito literario. Pensemos en la importancia que tiene el surgimiento de la Inteligencia artificial y la posibilidad de elaborar textos o imágenes que no tienen un autor humano, sino que provienen de máquinas sofisticadas. Leí hace unos días que no llegaba al 20 por ciento el número de obras que se vendían en Amazon que procedían de una mente humana, el resto son obras producidas por Inteligencia artificial. Me pareció inverosímil la noticia, aunque la daban por cierta.

Si esta técnica de la Inteligencia artificial llega a ser preferida por los lectores, es posible que afecte a los textos elaborados por humanos y que los condicione, con lo que la literatura se convertirá en algo distinto, y afectará a la esencia misma de la literatura. En el futuro podemos pensar que las dos formas lleguen a coexistir, o bien que las máquinas sustituyan a los escritores. Quién sabe, es algo que ahora no se puede predecir, pero me parece que ello llevaría a la literatura se aleje de la actividad humana y se convierta en obra de máquinas en exclusividad. No me gusta imaginar ese futuro, por lo que pienso que tiene que haber maneras de regular la Inteligencia artificial, o al menos permitir su coexistencia.

¿Cuáles son, en el momento actual, sus proyectos de escritura?

En estos momentos estoy compilando algunos de mis trabajos para publicarlos conjuntamente, es un proyecto al que me animaron amigos venezolanos. He pensado en tres apartados, en el primero reúno algunos de mis artículos de tema venezolano, empezando por el primero, como un homenaje al gran poeta José Antonio Ramos Sucre. Luego viene otro apartado en el que reúno trabajos de tema cubano, por supuesto está Lezama, también Piñera y otros, como Gastón Baquero, al que conocí en sus últimos años. Un tercer apartado reunirá artículos varios sobre poesía y narrativa de diversas zonas. Es un libro que aspira a recopilar algunas preferencias, aunque haya dejado otras fuera, quizá tan representativas como esas. A partir de estas líneas se han ido desarrollando mis trabajos y lo serán en el futuro.

Carmen Ruiz Barrionuevo con Gastón Baquero en 1993. Foto de A.P. Alencart
Carmen Ruiz Barrionuevo con Gastón Baquero en 1993. Foto de A.P. Alencart

Quiero decir que el libro tiene un carácter muy marcado y deseo continuar tanto la línea venezolana como la cubana, aparte de fijarme en ese tercer apartado que contiene algunos ensayos más dispersos pero que me satisfacen especialmente, así la obra de Rubén Darío, la de Herrera y Reissig, la de Zoila Aurora Cáceres, autora peruana a la que contribuí a recuperar,  o el ensayo que abre la tercera parte, acerca de las lecturas realizadas en el siglo XVIII por parte de las lectoras y lectores criollos.

Este artículo tiene que ver con un tema que me interesa en especial, y es el desarrollo del ejercicio de la lectura en las mujeres y su incidencia social y literaria, de ahí que hace unos meses escribiera un ensayo en esta línea sobre la obra de Fina García Marruz, “La poeta como lectora: Cultura y mundo exterior en la obra de Fina García Marruz”, que apareció en la revista digital InCubadora, en septiembre de 2023. Porque, aunque hoy día parezca increíble, la lectura no fue siempre bien vista en las mujeres en nuestras sociedades, y mucho menos la escritura. Las dos eran destrezas más propias de varones, con lo que la historia de las mujeres debe entenderse con ese condicionamiento y como persistencia reivindicativa de un derecho a la educación. 


[1]  Gabriel Jiménez Emán: “Devoción y lucidez de Carmen Ruiz Barrionuevo”, en: Entreletras. No, 8. Julio-diciembre de 2020, p. 30.

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