Cuba se prepara para la guerra mientras vence el ultimátum de Washington

Con la negativa del régimen a liberar presos políticos y el aumento de la retórica bélica, el diálogo entre Cuba y EE.UU. parece condenado al fracaso.

| Noticias | 24/04/2026
Dirigentes cubanos en el aniversario de la “Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución", abril de 2026.
Dirigentes cubanos en el aniversario de la “Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución", abril de 2026.

En las últimas 48 horas, el régimen cubano ha elevado significativamente su tono bélico ante Washington, con declaraciones del dictador Miguel Díaz-Canel y del embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, que coinciden en un mismo mensaje: no temen a una intervención militar y están preparados para resistirla. Ambas declaraciones llegan en un momento de máxima tensión diplomática, justo cuando vence el plazo que, según fuentes citadas por USA Today, la administración Trump habría concedido a La Habana para liberar presos políticos de alto perfil.

El ultimátum y las conversaciones secretas

El 10 de abril, una delegación de alto nivel del Departamento de Estado estadounidense viajó en secreto a La Habana para reunirse con autoridades cubanas. Según fuentes citadas por USA Today, Washington dio a Cuba dos semanas para liberar a prisioneros políticos de alto perfil como “muestra de buena fe”. Entre los nombres mencionados figuran los artistas disidentes Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Osorbo, ambos condenados en 2022.

La agenda estadounidense no se limitaba a la liberación de presos. Los funcionarios de la administración Trump también propusieron llevar internet por satélite Starlink a la isla, instaron al régimen a realizar cambios económicos para atraer capital extranjero, hacer crecer el sector privado y llevar a cabo la transición hacia una economía de mercado, al tiempo que introdujeron la cuestión de las compensaciones a ciudadanos y empresas estadounidenses cuyos bienes fueron confiscados en los años sesenta.

Un elemento llamativo de la visita fue la participación de una figura que no ocupa cargo oficial alguno en el régimen. Una reunión separada involucró a un funcionario de alto rango del Departamento de Estado con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto del exdictador cubano Raúl Castro, quien todavía ejerce una influencia considerable. Ya en febrero de 2026, Axios había revelado que el secretario de Estado Marco Rubio mantenía conversaciones secretas con Rodríguez Castro sobre “los pasos a seguir” en la isla, dejando al margen de las negociaciones a Díaz-Canel. La hija del exlíder, Mariela Castro, aseguró entonces que Raúl Castro, de 94 años, sigue las conversaciones rigurosamente y participa en la toma de decisiones.

El plazo de dos semanas impuesto en la reunión del 10 de abril vencería en torno al 24 de este mes —es decir, hoy—, convirtiendo los próximos días en un punto crítico para unas negociaciones marcadas por el secreto, la presión de la crisis humanitaria y el malestar popular.

Díaz-Canel: “No le tememos a la guerra”

Días antes de que venciera el ultimátum, Díaz-Canel concedió una extensa entrevista al periodista brasileño Breno Altman para Opera Mundi. El dictador afirmó que Cuba se está preparando para enfrentar una agresión estadounidense: “En las condiciones actuales es posible que intenten agredir a Cuba. Nosotros tenemos que prepararnos para que no haya sorpresa ni derrota”, declaró.

Ante la pregunta de si estaba personalmente listo para una intervención militar, respondió sin titubeos: “Claro que sí. Estamos preparados todos en Cuba y todos los que ocupamos responsabilidades”, dijo, aunque aclaró: “Nos preparamos con una visión defensiva, donde cada cubano tiene una posición y una misión que cumplir en la defensa de la patria”.

No es la primera vez que Díaz-Canel lanza advertencias de este tono: el 7 de abril, en una entrevista con Newsweek, ya había advertido que “combatiremos y nos defenderemos”, y en el acto por el 65 aniversario de la “Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución” llamó al pueblo a estar “listos para enfrentar serias amenazas, entre ellas, la agresión militar”. A pesar del tono bélico, el dirigente cubano dejó abierta la puerta a la negociación, aunque en los términos que su régimen ha establecido: “Nuestros asuntos internos no están abiertos a discusión con Estados Unidos”.

Soberón en la ONU: “Estamos listos para responder”

Ernesto Soberón Guzmán, embajador cubano ante la ONU.
Ernesto Soberón Guzmán, embajador cubano ante la ONU.

Un día antes de vencer el plazo fijado por Washington, el jueves 23 de abril, en declaraciones a la agencia Associated Press, el embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, insistió en que Cuba está preparada para responder militarmente si Estados Unidos lanza una agresión, al tiempo que rechazó de plano cualquier ultimátum de para liberar presos políticos como condición de las negociaciones diplomáticas en curso.

“Estamos viendo lo que ocurre en todo el mundo, en nuestra región, en el Medio Oriente, así que no somos ingenuos”, afirmó Soberón Guzmán, añadiendo que si hubiera una agresión militar, “estamos listos para responder”.

El embajador reafirmó que los asuntos internos relacionados con los presos “no están en la mesa de negociación” con la Casa Blanca: “Tenemos nuestro sistema legal, como aquí en Estados Unidos tienen el suyo”, declaró.

En su entrevista, Soberón Guzmán también dejó entreabierta una puerta al diálogo: “Nuestra primera opción, lo que realmente queremos, es un diálogo exitoso con el gobierno de Estados Unidos”, dijo; aunque ese diálogo no parece implicar para el régimen de La Habana ningún cambio en su política restrictiva de las libertades civiles y los derechos humanos del pueblo.

Gestos vacíos y colapso económico

En un contexto de colapso económico, intenso malestar popular y represión a toda forma de disidencia, con el Pentágono acelerando sus planes militares para una posible acción en Cuba, el régimen mantiene su posición intransigente tanto hacia los Estados Unidos como hacia su propia ciudadanía, negándose a cambios estructurales que son a un tiempo necesarios y reclamados a diario por los cubanos dentro y fuera de la isla.

El régimen de La Habana ha hecho algunos gestos: anuncios de excarcelación de prisioneros, la propuesta de negociar con el gobierno estadounidense la compensación por las nacionalizaciones de inicios de los años sesenta, y una discreta apertura económica para permitir la inversión de los emigrados cubanos en el país. Pero esos gestos están marcados por una actitud sinuosa y poco creíble: se excarcela a algunos prisioneros políticos sin reconocerles su condición y bajo amenaza, mientras se continúa endureciendo la represión y se encarcela a otros por solo expresar públicamente su rechazo al régimen, y se mantienen en prisión los detenidos de alto perfil. La leve apertura económica anunciada, por otra parte, viene acompañada de exigencias y faltas de garantías que hacen dudar a posibles inversores y solo apuntan al deseo de recaudar un capital que el régimen necesita con urgencia.

En este escenario, con un ultimátum que vence y una retórica bélica cada vez más intensa entre ambos países, las negociaciones secretas se encuentran en un callejón sin salida y las acciones hostiles parecen la única solución.

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