Obituario │ Muere monseñor Silvano Pedroso Montalvo, primer obispo afrodescendiente de Cuba

Recordado por la objetividad de sus criterios, su amplia cultura y su entrega al sacerdocio, Pedroso Montalvo caminó junto a su pueblo en tiempos difíciles.

| Noticias | 13/06/2026
Monseñor Silvano Pedroso en su toma de posesión como Obispo de Diócesis de Guantánamo-Baracoa. Foto: Raúl Pañellas
Monseñor Silvano Pedroso en su toma de posesión como Obispo de Diócesis de Guantánamo-Baracoa. Foto: Raúl Pañellas

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba dio a conocer este sábado 13 de junio el fallecimiento de monseñor Silvano Herminio Pedroso Montalvo, obispo de la Diócesis de Guantánamo-Baracoa, ocurrido durante la madrugada en La Habana a los 73 años de edad, como consecuencia de una enfermedad oncológica.

Pedroso Montalvo había regresado a Cuba el pasado 3 de junio procedente de Roma, donde participaba en la visita ad limina del episcopado cubano. El padecimiento fue detectado durante su estancia en la capital italiana, luego de que presentara problemas de salud tras una audiencia privada con el papa León XIV. Allí fue atendido en el hospital Gemelli y en la enfermería de la Compañía de Jesús. Ya en La Habana, fue trasladado a la enfermería de las Hijas de la Caridad, junto al hospital Hermanos Ameijeiras, donde finalmente murió.

Monseñor Pedroso Montalvo, un “pastor humilde y cercano”

Nacido en Cárdenas, Matanzas, el 25 de abril de 1953, era hijo de un médico católico y una madre de confesión bautista, y se formó en un hogar de tradición religiosa diversa. Antes de seguir el camino sacerdotal, se licenció en Geografía por la Universidad de La Habana y trabajó en el Instituto de Planificación Física de Las Tunas entre 1979 y 1982. En 1987 ingresó al Seminario Mayor San Carlos y San Ambrosio, fue ordenado diácono en 1995 y presbítero ese mismo año por el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, incardinándose en la Arquidiócesis de La Habana, donde sirvió en varias parroquias.

El 29 de marzo de 2018 la Santa Sede anunció su nombramiento como obispo de Guantánamo-Baracoa, y su ordenación episcopal se celebró el 27 de mayo de ese año en la Catedral de La Habana, convirtiéndose así en el primer obispo afrodescendiente en la historia de la Iglesia católica cubana.

Los mensajes de despedida coincidieron en destacar su sencillez. Desde la Diócesis de Santa Clara se afirmó que “vivía su condición de pastor del pueblo de Dios sin hacer ruido, pero con entrega y sacrificios silenciosos”. Por su parte, monseñor Arturo González Amador, presidente de la Conferencia Episcopal, lo describió como un hombre de “criterios serenos y objetivos, de buena educación y amplia cultura”.

La Embajada de Estados Unidos en La Habana lo recordó también como un “pastor humilde y cercano” que se distinguió por “acompañar a quienes más sufrían y por caminar junto a sus comunidades en tiempos de dificultad”.

Sus exequias se celebraron este sábado a las tres de la tarde en la parroquia de Santa Catalina de Siena, en el Vedado habanero, tras lo cual el cortejo fúnebre acompañó sus restos hasta el cementerio de Colón, donde recibió sepultura.

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