“Acabaron conmigo”, dice el preso político cubano Alexander Díaz tras su liberación
Cinco años de cárcel dejaron a Alexander Díaz con un cáncer sin tratar y un cuerpo que recuerda a los supervivientes de los campos de concentración.
El pasado 4 de abril, Alexander Díaz Rodríguez salió de una prisión en Artemisa, tras cumplir su condena de cinco años. Al entrar pesaba 81 kilos; ahora, solo 37. Las fotografías que han circulado en los días siguientes muestran a un hombre enjuto, con los huesos visibles y el rostro ensombrecido por el sufrimiento. Javier Larrondo, presidente de la ONG Prisoners Defenders, contactó con él por videollamada poco después de que saliera de prisión y ha dicho que su aspecto recuerda al de los “rescatados de un campo de concentración”.
Las imágenes, reproducidas en medios internacionales y redes sociales, han generado una oleada de condena entre activistas de derechos humanos y comunidades del exilio cubano. Para muchos no se trata de una excepción, sino la evidencia más reciente e impactante de las crueles condiciones a que el sistema penitenciario de la isla somete a los presos políticos.
“Pensé que moriría de frío, o de hambre”

Díaz Rodríguez fue detenido tras las protestas del 11 de julio de 2021 en Artemisa y permaneció en prisión provisional hasta su juicio. Era miembro del Partido Unión por Cuba Libre y firmante del Proyecto Emilia, iniciativas opositoras que son objeto de hostigamiento continuo por parte de la Seguridad del Estado. El 27 de diciembre de 2021, el Tribunal Municipal Popular de Artemisa lo condenó a cuatro años de cárcel por los delitos de desacato y desórdenes públicos.
En una entrevista concedida a la periodista Camila Acosta para el diario español ABC, la primera que dio tras su liberación, Díaz Rodríguez describió su paso por las cárceles cubanas: “Estuve en muchas celdas de castigo, me dieron golpes en unas tres ocasiones, en una de ellas me partieron dos costillas y varios dientes y muelas”, explicó: “Pensé que moriría de frío, o de hambre”. Al resumir su situación, dijo: “Yo era una persona gruesa, saludable, bajé más de 100 libras (45 kilos). Cuando camino un par de calles tengo que sentarme para recuperar el aliento; me siento muy mal, acabaron conmigo”.
Su madre denunció episodios de golpizas y privación de los alimentos que ella misma intentaba proporcionarle. Durante su cautiverio, Díaz Rodríguez sufrió anemia, hepatitis B, diarrea recurrente e inflamación de las extremidades. Pero el diagnóstico más grave llegó en octubre de 2022: cáncer de garganta y tiroides. No recibió tratamiento médico adecuado. En abril de 2025 lo ingresaron brevemente en el hospital Abel Santamaría tras vomitar sangre, pero después lo trasladaron a un centro penitenciario en Cabo de San Antonio, donde fue sometido a trabajos forzados sin la atención oncológica que requería.
Las autoridades rechazaron en reiteradas ocasiones sus solicitudes de licencia extrapenal, justificando la negativa por su condición de “contrarrevolucionario”. Díaz Rodríguez no fue liberado por un indulto, cumplió íntegramente su condena.
Para las organizaciones de derechos humanos que llevan años documentando este y muchos casos similares, lo ocurrido con Díaz Rodríguez no es inusual. Cuba se ha consolidado como el país con más detenciones arbitrarias del mundo, según el Grupo de Trabajo de la ONU (WGAD), que describe esas detenciones como políticamente motivadas y violatorias del derecho a la libre expresión.
Prisoners Defenders recuerda además que, según el último informe del Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas, Cuba es el cuarto país del mundo en acciones urgentes por este delito, solo por detrás de México, Irak y Colombia, aunque a diferencia de esos países, en Cuba las desapariciones forzadas se atribuyen directamente al Estado.
José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), denunció en sus redes sociales el caso de Díaz Rodríguez y advirtió: “Muy parecido a los prisioneros de los campos de concentración nazis. Necesita medicina, alimento, atención urgente. Su vida corre peligro”.
La libertad vigilada
Recuperar la libertad no ha significado para Díaz Rodríguez el fin de su castigo. En la entrevista concedida a Camila Acosta, confesó su miedo tras salir de prisión: “A veces los veo que me siguen, también han provocado que me echen de los alquileres, amenazan a los dueños, les dicen que yo soy un contrarrevolucionario, un gusano. Pero también temo que me hagan algo en la calle, por ejemplo, que manden a darme una paliza o que me maten, porque eso se lo han hecho a otras personas, manda a civiles a hacerlo, o ellos mismos”, dijo.
La Embajada de Estados Unidos en La Habana, que contactó con él, evalúa los mecanismos disponibles para ayudarlo, incluyendo una posible visa humanitaria que le permita viajar a EE.UU. para recibir atención médica.
Mientras tanto, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel niega que existan presos políticos en la isla y asegura que quienes están encarcelados lo están por “cometer hechos vandálicos”.
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