Cuba: las cifras del hambre
Una encuesta nacional realizada por el Food Monitor Program y Cuido60 revela con datos contundentes la magnitud del colapso alimentario en Cuba.
Uno de cada tres cubanos se va a dormir con hambre al menos una vez en el mes. Esta es una de las conclusiones más impactantes del informe “En Cuba hay hambre 2025”, presentado el 4 de mayo de 2026 por el Food Monitor Program (FMP) y la organización Cuido60. El informe se basa en 2513 respuestas válidas recogidas entre mayo y julio de 2025 en todas las provincias del país, y es el cuarto estudio anual de una serie que el FMP lleva adelante desde 2022.
Los datos de 2025 confirman la tendencia crítica de años anteriores. El 33.9% de los hogares reportó hambre reciente, el 94.9% perdió acceso a la compra de alimentos durante el año, y el 97.6% advierte problemas estructurales de desabastecimiento. El estudio describe el escenario cubano en 2025 como de “inseguridad alimentaria de carácter crítico” y lo considera una emergencia humanitaria de dimensiones históricas.
Mercados vacíos y un Estado que falla
El 97.6% de los cubanos reconoce que existen problemas con el abastecimiento de alimentos esenciales: vegetales, proteínas, frutas y granos. El diagnóstico sobre la oferta estatal es crítico: solo el 1.2% califica la variedad en mercados estatales como completa.
En la práctica, el sistema oficial de distribución de alimentos ha colapsado. Pero lo más revelador no es el dato del desabastecimiento en sí, sino a quién le atribuyen los cubanos la responsabilidad. El 79.7% señala la deficiente administración estatal como causa principal, un porcentaje que aumentó 18 puntos respecto a 2024. En contraste, la atribución del problema al embargo estadounidense es de apenas el 6.4%.
“El 60.3% de los cubanos considera que el gobierno carece de voluntad para enfrentar la falta de alimentos en el país y contribuye a agravarla.”
Los datos son claros: la mayoría de la población piensa que el desabastecimiento se debe a causas internas y el 60.3% considera que el gobierno carece de voluntad para enfrentar el problema y contribuye a agravarlo. El 82.2% de los encuestados expresó además preocupación ante la posibilidad de que el régimen implemente nuevas medidas que dificulten el acceso a los alimentos. Y solo el 2.3% cree que las medidas del Estado han sido exitosas.

Ante el colapso estatal, los cubanos construyen redes de supervivencia alternativas. La combinación de MiPymes y mercado negro es el recurso más frecuente (31.2%), seguido por el acceso exclusivo a MiPymes (18.2%). En provincias como Pinar del Río, Las Tunas e Isla de la Juventud, los préstamos e intercambios entre vecinos son un mecanismo de apoyo significativo.
El dinero no alcanza
La presión económica sobre los hogares cubanos ha llegado a extremos difíciles de imaginar. El 79.4% de los encuestados destina el 80% o más de sus ingresos a comprar alimentos. El 40.6% gasta todos sus ingresos en comida, sin margen para medicamentos, transporte, ropa o cualquier otro gasto básico. Las provincias con los niveles más graves de gasto alimentario son Granma, Mayabeque, Artemisa y Guantánamo.


Detrás de estas cifras están la la dramática pérdida del valor real de los salarios en pesos cubanos, y una economía donde los productos de mejor calidad o variedad se venden en divisas o a precios de mercado informal. Solo el 3.55% paga alimentos en divisas y esto se concentra en La Habana, donde llega al 8.63%. Para quienes no tienen dólares, euros o remesas, la canasta básica se vuelve inalcanzable.
La desigualdad en el acceso a alimentos se percibe de manera generalizada: más del 84% de los encuestados piensa que existe una desigualdad asociada al uso de divisas y la cercanía a estructuras estatales. Tener un familiar en el extranjero que envíe remesas, trabajar en el sector turístico o en cargos con acceso a recursos del Estado, marca una diferencia decisiva en la calidad y cantidad de lo que una familia puede llevar a la mesa.
“Para quienes no tienen dólares, euros o remesas, la canasta básica se vuelve inalcanzable.”
A la pérdida de poder adquisitivo se suma el tiempo que se invierte en conseguir alimentos. El 39.5% de los cubanos dedica entre 5 y 10 horas semanales a esta actividad; el 21.2% entre 10 y 15 horas; y el 14% más de 15 horas. En Ciego de Ávila, por ejemplo, el 86.8% de los encuestados dedica más de 15 horas semanales a esa tarea. El tiempo consumido en colas, búsqueda de revendedores y traslados es devastador: el 88.4% afirma que su vida cotidiana no se organiza según sus metas personales, sino en función de los horarios de distribución de alimentos y la disponibilidad de servicios públicos.

La dieta de los cubanos
Los alimentos favoritos de los cubanos —cerdo, carne, arroz, pollo— contrastan con lo que en realidad pueden comer. La brecha entre los deseos y la experiencia cotidiana es enorme y el análisis por grupos de alimentos muestra déficits severos en la dieta. Los lácteos son casi inaccesible: el 35% de la población no los consume, y el 64.1% accede a ellos esporádicamente. En Granma, más del 76% nunca consume lácteos.
Los vegetales son el segundo grupo más inaccesible: el 15.4% no los incluye en su dieta, con casos extremos en la Isla de la Juventud (el 64% no consume vegetales) y Holguín (39.1%). El consumo de frutas y leguminosas también es bajo e irregular.
Los productos cárnicos, aunque con mayor presencia relativa en la dieta, revelan brechas alarmantes. El 10.3% de los cubanos nunca los consume, y en Granma ese porcentaje llega al 57.7%: más de la mitad de la población sin acceso a ningún tipo de carne. Las hortalizas y los granos presentan una situación menos crítica, pero su frecuencia de consumo ha retrocedido respecto a 2024.
“El 35% de los cubanos no puede consumir productos lácteos, y el 64.1% accede a ellos esporádicamente.”
En cuanto al número de comidas diarias, el 57.6% logra realizar tres comidas al día, el 28.9% solo dos y el 3.7% apenas una. En Cienfuegos e Isla de la Juventud, más del 20% de los hogares pueden permitirse una sola comida diaria. El informe señala que al 86% de los encuestados le preocupa que los alimentos se deterioren por falta de refrigeración, y que las comidas favoritas de muchos cubanos se han vuelto un recuerdo lejano.

Cocinar en la oscuridad
La crisis energética agrava la inseguridad. El 80.4% de los encuestados señaló que los apagones afectaron su capacidad de cocinar en los últimos seis meses, y el 48.3% perdió alimentos por falta de refrigeración. En Guantánamo, Sancti Spíritus, Granma y Matanzas las afectaciones superan el 90%.
La interrupción en la entrega de gas licuado desde inicios de 2025 ha agravado el cuadro: el 41% de los hogares quedó sin un medio seguro para cocinar, forzando a las familias a usar leña, carbón o kerosene. El riesgo de incendio, las enfermedades respiratorias y los problemas de higiene son consecuencias de estos métodos. La falta simultánea de electricidad y gas impide a muchas familias cocinar y potabilizar el agua.
Para conservar los alimentos frente a los apagones, los cubanos dependen del congelador de un vecino (22.6%), modifican sus hábitos de compra adquiriendo solo lo que se consumirá ese día (24.6%), usan su refrigerador de forma estratégica para prolongar el frío (18.7%), o cocinan cuando hay electricidad independientemente de la hora (17.9%). Un 3% acepta la pérdida de alimentos como algo inevitable y el 2.7% no tener ninguna alternativas disponibles.
La crisis eléctrica es parte del deterioro general de los servicios básicos. El acceso diario al agua potable cayó del 34.1% en 2024 al 18.3% en 2025. El 43.3% de los hogares recibe agua solo cada tres días o más y el 81.3% debe hervir el agua o añadir cloro para hacerla apta para el consumo.
Género, vejez y seguridad social

El informe de Food Monitor Program documenta con claridad la feminización de las cargas domésticas vinculadas a la alimentación. Cuando se pregunta quién cocina en el hogar, la mayoría de las respuestas mencionan a mujeres: madres, esposas, hijas, hermanas, nueras, abuelas o tías abuelas. La obtención de alimentos recae en todos los miembros del hogar, aunque con una carga de género también visible en esta tarea. En hogares donde nadie dispone de tiempo o capacidad física para hacerlo, aparecen cuidadoras contratadas, cocineras o vecinas que asumen estas funciones.
Esta feminización de la carga tiene consecuencias profundas. En un contexto donde conseguir comida implica invertir largas horas, buscar en mercados informales y gestionar la conservación ante los apagones, las mujeres son quienes más tiempo y energía dedican a sostener la alimentación del hogar. Eso limita sus oportunidades laborales, educativas y de descanso, profundizando las desigualdades.
Los adultos mayores de 60 años emergen son el grupo más vulnerable. El 55,6% de ellos reportó una pérdida considerable o total de acceso a alimentos. El 53% destina todos sus ingresos a comer. El 83.6% depende de las pensiones, pero más del 54% no recibió su pensión en los últimos seis meses. El 7.3% come apenas una vez al día. El 80.2% tuvo dificultades para conseguir medicamentos y el 25.6% no recibió atención médica cuando la necesitó. En Granma, solo el 12.57% de los jubilados recibió su pensión.
“Las mujeres son quienes más tiempo y energía dedican a sostener la alimentación del hogar.”
El 61,6% de los hogares tiene al menos un integrante mayor de 60 años, lo que convierte el problema de la vejez en una crisis familiar. El cuidado a ancianos y enfermos, que en Cuba recae en gran medida sobre los hombros de las mujeres, se ha vuelto insostenible, y el informe advierte que no se trata solo de un problema de seguridad alimentaria, sino de una crisis estructural en los cuidados.
Transporte, ocio, medicamentos y bienestar
Cuando el 40.6% de los hogares gasta todos sus ingresos en comer, no queda nada para otras actividades. El transporte es el ámbito con mayor insatisfacción de todos los evaluados: más del 89% de los encuestados experimenta descontento con la movilidad. En Artemisa, el 88.6% está totalmente insatisfecho con el transporte; en Camagüey, el 72.7%; y en Guantánamo, el 70.9%. El colapso del transporte dificulta el acceso a mercados, centros de salud y de trabajo, agravando así el ya agotador esfuerzo de conseguir alimentos.
La recreación y el ocio son casi inexistentes como experiencia cotidiana para la mayoría. Menos del 9% de la población ve sus necesidades de ocio cubiertas. La fatiga, la imposibilidad de descansar y la falta de ocio afectan la salud mental y la cohesión social.
“Al 90% de los cubanos le preocupa por no tener suficientes ingresos para llegar a fin de mes.”
El acceso a medicamentos es otro de los dramas más agudos. El 80.2% de los adultos mayores tuvo dificultades para obtenerlos. Quienes requieren alimentación especial por enfermedades crónicas —hipertensión, diabetes, cáncer, afecciones gastrointestinales— sufren una doble carencia: ni alimentos adecuados ni medicina. Solo el 4.9% de quienes necesitan alimentación especial la consiguen siempre; el 33.7% nunca puede obtenerla.
La insatisfacción con los servicios de salud es general: apenas el 18.4% se declara satisfecho. El acceso a la atención médica muestra además obvias desigualdades territoriales, con los niveles más bajos en Granma, Matanzas y Pinar del Río.
Al 90% de los cubanos le preocupa por no tener suficientes ingresos para llegar a fin de mes. En Sancti Spíritus, esta preocupación alcanza al 100% de la población; en Granma, el 99.4%; y en Guantánamo, el 98.9%.
Peor que el Período Especial

Hay un dato en el informe que, más que cualquier otra cifra, revela la profundidad de la crisis que vive Cuba hoy: el 78% de los encuestados considera que la situación actual es más grave que el Período Especial de los años noventa. Solo el 12.1% piensa que aquella etapa fue más severa.
El Período Especial quedó grabado en la memoria colectiva cubana como la peor crisis alimentaria en la historia del país desde 1902. Quienes lo vivieron y pueden comparar, lo consideran menos grave que la actual crisis. Entre las personas de 41 a 60 años, el 82% asegura que hoy es peor, y así lo ve también el 71.3% de los mayores de 60 años. Es decir, los que sufrieron el Período Especial en carne propia son, en su mayoría, quienes más claramente advierten que la crisis actual es más profunda.
En casi todas las provincias esa percepción es mayoritaria. En Sancti Spíritus alcanza al 100% de los encuestados; en la Isla de la Juventud, el 96%; en Villa Clara, el 91.1%; y en Granma, el 90.7%. Solo en Cienfuegos esa percepción se reduce al 44.6%, y eso es, en parte, porque apenas el 66% de la población que respondió tiene edad suficiente para recordar aquellos años.
Para el Food Monitor Program y la organización Cuido60, esta opinión colectiva es más que un indicador subjetivo. La diferencia entre aquella etapa y esta es esencial: mientras el Período Especial se vio como un colapso temporal causado por la caída del bloque soviético, la crisis de hoy se entiende como algo estructural, sistémico y sin salida visible.
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