Marcada por el auge de los movimientos totalitarios en el siglo XX, Ingeborg Bachmann vio en la literatura un camino para la renovación ética de la sociedad.
La poesía de Dulce María Loynaz sobresale por la hondura de una sensibilidad que logra armonizar, sin apagarlos, el dolor y la paz, la fragilidad y la rebeldía.
Más conocida como narradora, Silvina Ocampo logró también en su poesía la hondura y la originalidad que distinguen su obra de ficción.
A través de una antigua mansión familiar abandonada, Dulce María Loynaz muestra en este poema la desintegración de un estilo de vida y la pérdida fatal de su memoria.
Kikí Dimulá destaca en el panorama de la poesía griega del siglo XX por su búsqueda incansable del significado de la vida humana en el mundo actual.
La poesía de Mireya Goñi Camejo es un diálogo sereno de la autora consigo misma, y el legado de una sensibilidad destilada pacientemente en la reflexión y la escritura.
Condenada al ostracismo durante dieciocho años, la obra poética y el legado feminista de Doria Shafik fueron prácticamente borrados de la historia.
Menospreciada en vida, Rosalía de Castro reivindicó el gallego como lengua literaria, defendió los derechos de la mujer y fue una precursora del modernismo español.
Con su literatura y su infatigable activismo, Emma Lazarus contribuyó a definir la identidad y los valores de la sociedad estadounidense en el siglo XX.
Transgresora y diáfana en su manera de abordar la vida y la poesía, Georgina Herrera es una de las voces más fuertes de la poesía antillana contemporánea.