Los posibles escenarios futuros de la crisis cubana, según el CSIS

El análisis del CSIS ofrece un examen sistemático y realista de las opciones que Trump tiene sobre la mesa con respecto al régimen cubano.

| Observatorio | 06/06/2026
El general Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, examina la seguridad de la Base Naval de Guantánamo, 29 de mayo de 2026.
El general Francis Donovan, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, examina la seguridad de la Base Naval de Guantánamo, 29 de mayo de 2026.

La posibilidad de una acción militar contra Cuba, impensable hace apenas un año, ocupa hoy a los think tanks más influyentes de Estados Unidos. Un análisis publicado el 3 de junio por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) examina en detalle cinco escenarios posibles y los riesgos que cada uno entraña. Sus autores, Christopher Hernandez-Roy, Mark F. Cancian y Henry Ziemer, son analistas especializados en temas de seguridad hemisférica y política de defensa, y han abordado antes el tema cubano.

De Venezuela a Cuba

El punto de inflexión de la actual crisis fue la operación militar del 3 de enero en Caracas, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro. La administración Trump cortó entonces el flujo de petróleo venezolano hacia Cuba y presionó a México para que hiciera lo mismo, agravando la ya seria escasez de combustible de la isla.

En los meses siguientes, Washington ha intensificado los vuelos de reconocimiento sobre Cuba, envió al portaaviones USS Nimitz y su grupo de ataque al Caribe, y mantiene en la región a una Unidad Expedicionaria de Marines desde enero.

Durante este tiempo, el discurso del gobierno estadounidense hacia el régimen cubano se ha endurecido notablemente, y Trump ha llegado a anunciar en varias ocasiones la posibilidad de tomar Cuba al concluir las operaciones en Irán. Mientras, el Departamento de Estado y su secretario, Marco Rubio, han insistido en la necesidad de un cambio de liderazgo en la isla y la realización de reformas significativas.

A eso se suman dos órdenes ejecutivas firmadas por Trump y tres series de sanciones del Departamento de Estado, así como la acusación formal a Raúl Castro por el derribo de aeronaves civiles en 1996, algo que por sí mismo constituye un antecedente legal típico de operaciones de captura como la empleada con Maduro.

Los escenarios que evalúa el CSIS

Portaviones USS Nimitz y su grupo de ataque.
Portaviones USS Nimitz y su grupo de ataque.

1. Campaña de presión sostenida. La estrategia actual, según la describe el análisis del CSIS, consiste en estrangular económicamente al régimen mediante el bloqueo de sus importaciones de petróleo. El CSIS la considera una acción sencilla desde el punto de vista militar, pues Cuba carece de una marina de guerra fuerte y sus aliados —Rusia, China e Irán— no están en posición de intervenir.

El principal desafío de esa presión sostenida en el tiempo es político: el sufrimiento de la población cubana daña ante la opinión pública la imagen de los Estados Unidos. Por otra parte, Rusia ya ha desafió el bloqueo con un envío de crudo en marzo, aunque informes recientes indican que un segundo barco ruso con destino Cuba cambió de rumbo, lo que sugiere que la presión se ha intensificado.

2. Colapso interno. Un derrumbe súbito de las ya muy limitadas capacidades operativas del Estado cubano podría desencadenar en una crisis humanitaria grave y un vacío de poder que empujaría a Washington a intervenir para restablecer el orden.

El análisis del CSIS advierte que, si esto sucediera, Estados Unidos tendría que emplear fuerzas terrestres numerosas: la literatura sobre operaciones de estabilidad estima que, si no hay insurgencia activa, se requiere un agente de seguridad por cada cincuenta civiles. Con alrededor de diez millones de habitantes en Cuba, el CSIS calcula que eso implicaría unos cien mil efectivos externos, algo que la administración Trump difícilmente asumiría, y que la comunidad regional tampoco parece estar dispuesta a hacer. El ejemplo de Haití con la fallida “Misión de Apoyo a la Seguridad”, ilustra esas limitaciones.

3. Decapitación del liderazgo. Una operación de fuerzas especiales o un ataque cinético contra Raúl Castro, el presidente Díaz-Canel o ambos es, según los autores del análisis, mucho más difícil de lo que parece. La captura de Maduro requirió preparación extensa, un adversario debilitado e información interna privilegiada.

Un ataque aéreo sería, según el CSIS, más factible que una misión terrestre. Estados Unidos dispone de activos militares en el área capaces de ejecutarlo; pero una operación así exige inteligencia muy precisa para conocer la ubicación exacta de los objetivos y evitar daños colaterales. La eliminación del liderazgo, por otra parte, no garantizaría en el caso de Cuba un giro hacia la democracia, pues la oposición en la isla no está organizada y el régimen conserva el control efectivo sobre la población. El ejemplo de Irán tras la muerte del ayatola Jamenei es aquí significativo.

4. Ataques aéreos limitados. Washington podría también bombardear las instalaciones militares y de inteligencia cubanas para presionar al régimen y degradar su capacidad de resistir futuras acciones. Con el portaviones Nimitz y su grupo de ataque en el Caribe, y con el apoyo adicional de sus bases aéreas en el territorio continental, los medios para realizar una operación de este tipo existen. Los blancos más probables, según el CSIS, serían instalaciones de drones y las bases de inteligencia de señales de Rusia y China en la isla; lo cual está en línea con las preocupaciones hechas públicas por la administración Trump sobre las actividades cubanas en esos ámbitos.

5. Invasión a gran escala. El escenario más extremo, y el menos probable a corto plazo, es una acción terrestre para imponer un cambio de régimen. La dificultad de un escenario así estriba en el alto costo que esa operación tendría, tanto en vidas, como en recursos y capital político. Cuba se ha preparado desde hace décadas para ese tipo de operación, movilizando a civiles en entrenamientos militares bajo la doctrina de la “guerra de todo el pueblo” ideada por Fidel Castro, y para las fuerzas estadounidenses sería costoso en tiempo y recursos desactivar la insurgencia interna, advierte el estudio.

Los riesgos y los retos de la crisis cubana

Marco Rubio junto al general Francis L. Donovan en la sede de SOUTHCOM, 5 de mayo de 2026.
Marco Rubio junto al general Francis L. Donovan en la sede de SOUTHCOM, 5 de mayo de 2026.

El reciente análisis del CSIS no es el primero sobre la evolución de las tensiones entre Washington y La Habana. En marzo, el propio centro publicó un estudio sobre los efectos geopolíticos de la captura de Maduro para Cuba, donde señalaba que la operación había alterado los cálculos políticos en todo el hemisferio occidental, cuestionando supuestos arraigados sobre la contención estadounidense y la durabilidad de los regímenes autoritarios en la región.

Por su parte, la cadena CNN difundió en mayo un extenso reportaje desde La Habana que documenta cómo la población civil se entrena con equipamiento militar soviético obsoleto. Y la historiadora cubanoamericana Ada Ferrer, consultada por la CNN, advirtió sobre las consecuencias de una intervención militar para las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con América Latina. El canciller cubano Bruno Rodríguez alertó entonces que una guerra entre Cuba y Estados Unidos sería “un baño de sangre” con bajas para ambos bandos y que provocaría “una catástrofe humanitaria”.

Por otro lado, la orden ejecutiva firmada por Trump el 29 de enero, que califica al régimen cubano como una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos, justifica la presión sobre la isla alegando que el régimen mantiene lazos con actores hostiles como Irán, Hamas y Hezbolá, y alberga la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero.

El análisis del CSIS ofrece un examen sistemático y realista de las opciones que Trump tiene sobre la mesa. Su principal aporte es subrayar que, si bien la opción militar existe y los medios están ya en posición para realizarla, cada escenario implica costos y riesgos sustanciales que van más allá del éxito táctico inmediato.

La pregunta que los analistas dejan abierta es si la administración Trump, que ya recurrió a la fuerza en Venezuela, está dispuesta a intentar lo mismo en Cuba, o si la presión económica terminará por doblegar al régimen.

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