Cuba se vacía y envejece: la crisis demográfica recae sobre las mujeres

La isla perdió 313.414 habitantes en 2025; la emigración provocó casi ocho de cada diez pérdidas y dejó un país más envejecido, donde las mujeres afrontan una creciente crisis de cuidados.

| Noticias | Observatorio | 23/07/2026

Una de cada cuatro personas residentes en Cuba tiene 60 años o más. En esa población envejecida predominan las mujeres, cuya edad mediana alcanza los 46,5 años. Al mismo tiempo, disminuyen los nacimientos y la población en edad laboral, mientras la emigración separa hogares y reduce las redes familiares disponibles para cuidar a menores, personas enfermas y adultas mayores.

Cuba terminó 2025 con 9.434.593 habitantes, 313.414 menos que al cierre del año anterior. La caída, equivalente al 3,22 % de la población en doce meses, aparece documentada en el informe Indicadores demográficos de Cuba y sus territorios 2025, publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en julio de 2026.

La disminución no comenzó en 2025. Un año antes, Cuba ya había perdido alrededor de 300.000 habitantes respecto de 2023 y había descendido por debajo de los diez millones. Dos caídas consecutivas de esa magnitud muestran que no se trata de una variación puntual, sino de una transformación acelerada de la estructura demográfica, familiar y laboral del país.

Más defunciones que nacimientos y una emigración sostenida

Durante 2025 fallecieron 136.214 personas y nacieron 68.064. Las defunciones prácticamente duplicaron los nacimientos y dejaron un saldo natural negativo de 68.150 personas. Incluso antes de incorporar la emigración, Cuba perdió población a una tasa de crecimiento natural de -7,1 por cada 1.000 habitantes.

La emigración externa fue el principal componente de la caída. Cuba registró 317.320 emigrantes y 72.056 inmigrantes, para un saldo migratorio externo de -245.264 personas. Ese balance explicó el 78,3 % de la reducción anual: casi ocho de cada diez habitantes perdidos.

Traducidas a una jornada, las cifras muestran la velocidad de la contracción: unos 186 nacimientos, 373 defunciones y una pérdida migratoria neta de 672 personas cada día. Al combinar esos movimientos, Cuba perdió un promedio aproximado de 859 habitantes diarios durante 2025.

La salida afecta especialmente a la población en edades laborales y reproductivas. La propia ONEI informó en 2024 que cerca del 80 % de quienes emigraron entre 2021 y 2023 tenía entre 15 y 59 años. No solo disminuye el número de habitantes: también se reduce la población disponible para trabajar, formar o sostener hogares y participar en las redes familiares de apoyo.

Cuba envejeció antes que el promedio regional

Cuba no comenzó a envejecer con la actual estampida migratoria, pero la salida de personas jóvenes ha acelerado un proceso que llevaba décadas gestándose. La baja fecundidad, el aumento de la esperanza de vida y los saldos migratorios negativos habían modificado gradualmente la pirámide poblacional.

Según la CEPAL, en 2011 Cuba se convirtió en el primer país de América Latina y el Caribe, entre los Estados de mayor tamaño poblacional, donde la proporción de personas de 60 años o más igualó a la de menores de 15. Desde entonces, la población mayor ha seguido ganando peso frente a las generaciones más jóvenes.

El grado de envejecimiento aumentó del 25,7 % en 2024 al 26,7 % en 2025. La tendencia fue confirmada a comienzos de 2026 por el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, que estimó que cerca del 27 % de la población cubana tenía 60 años o más.

La edad mediana nacional, de 43 años, también distingue a Cuba del promedio regional. En América Latina y el Caribe era de aproximadamente 31 años en 2024. La diferencia de doce años sitúa a la isla entre las sociedades con una estructura demográfica más envejecida de la región.

La población femenina es mayor y se concentra en las ciudades

El envejecimiento cubano tiene una marcada dimensión femenina. Al finalizar 2025 vivían en el país 4.784.282 mujeres y 4.650.311 hombres, una diferencia de casi 134.000. La brecha se amplía en las edades avanzadas, donde las mujeres tienen un peso relativo mayor.

La edad mediana de las mujeres llegó a 46,5 años, frente a 43,3 entre los hombres. Esto significa que la mitad de la población femenina se encuentra por debajo de esa edad y la otra mitad por encima. La edad media también muestra una diferencia: 44,1 años entre las mujeres y 41,9 entre los hombres.

Villa Clara presenta la población femenina más envejecida, con una edad mediana de 49,7 años. Le siguen La Habana, con 48,9; Sancti Spíritus, con 47,8; y Camagüey, con 47,5.

La feminización del envejecimiento no implica por sí sola una mayor vulnerabilidad, pero sí aumenta la relevancia de las desigualdades económicas, sanitarias y familiares que afectan a las mujeres mayores. Una vida más larga no garantiza autonomía económica, acceso suficiente a servicios ni acompañamiento familiar.

Las mujeres se concentran en las ciudades; los hombres, en el campo

Al cierre de 2025, el 76,7 % de las mujeres cubanas residía en zonas urbanas, frente al 72,6 % de los hombres. En las ciudades vivían 3.667.799 mujeres y 3.376.974 hombres, una diferencia de 290.825.

El patrón se invertía en las áreas rurales, donde vivían 1.273.337 hombres y 1.116.483 mujeres. Por cada 1.000 mujeres había 1.140 hombres en el campo, mientras en las ciudades la relación descendía a 921 hombres por cada 1.000 mujeres.

Los contrastes aparecen incluso dentro de un mismo municipio. En la zona urbana de Guantánamo había 899 hombres por cada 1.000 mujeres; en la rural, 1.519. Camagüey registraba una relación de 875 en la ciudad y 1.335 en el campo. Las cifras muestran una concentración femenina en las cabeceras urbanas, aunque el informe no desagrega los movimientos migratorios por sexo.

Tener menos hijos no es una decisión aislada

En 2025 nacieron en Cuba 68.064 niñas y niños, la cifra más baja de las últimas décadas. En 2021 se habían registrado 99.096 nacimientos, por lo que el total disminuyó más de un 31 % en apenas cuatro años.

La tasa global de fecundidad permaneció en 1,29 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. Sin embargo, atribuir la baja fecundidad exclusivamente a las decisiones individuales de las cubanas oculta las condiciones materiales, familiares y sanitarias en las que se construyen los proyectos de maternidad.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas ha advertido que las respuestas natalistas basadas en restricciones pueden vulnerar derechos sin resolver las causas de la baja fecundidad. Entre los factores que limitan los proyectos reproductivos figuran la inseguridad económica, la inestabilidad familiar, las dificultades de acceso a servicios de salud y la distribución desigual de los cuidados.

La reducción de los nacimientos no debe cargarse sobre las mujeres. Una política basada en derechos tendría que garantizar vivienda, ingresos, servicios de cuidado infantil, corresponsabilidad familiar, atención sanitaria y autonomía para decidir si tener descendencia, cuándo y con quién.

Aumenta la mortalidad infantil, pero faltan datos sobre los embarazos

La mortalidad infantil aumentó de 7,1 a 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos entre 2024 y 2025. En 2018 había sido de 3,9, por lo que el valor registrado en 2025 más que duplica el de siete años antes.

Durante 2025 fallecieron 674 menores de un año, casi dos cada día. Además, la mortalidad materna aumentó de 40,6 a 44,1 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos entre 2024 y 2025, según cifras del Ministerio de Salud Pública.

Contar los nacimientos sin describir las condiciones de la maternidad deja incompleto el diagnóstico. La evolución demográfica también está vinculada con la salud sexual y reproductiva, la seguridad alimentaria, el funcionamiento de los hospitales y el acceso de las mujeres a una atención segura durante el embarazo, el parto y el puerperio.

Una crisis de población y también de cuidados

En cinco años, Cuba perdió 1.259.894 personas en edad laboral. Al mismo tiempo, aumentó el peso relativo de la población que puede necesitar pensiones, atención sanitaria y cuidados de larga duración.

El desequilibrio aumenta la presión sobre las familias y los servicios públicos: disminuye la población en edad laboral mientras crece la proporción de personas mayores. La CEPAL ha señalado que el envejecimiento exige ampliar los sistemas de protección y reducir la carga de los cuidados sobre los hogares, especialmente entre las personas con menores ingresos.

Un estudio de la CEPAL en los municipios habaneros de Boyeros y Guanabacoa relacionó la disponibilidad de servicios de cuidado con la autonomía económica de las mujeres. El acceso a atención para menores, personas mayores y personas con discapacidad condiciona el tiempo que ellas pueden dedicar al empleo, la formación, el descanso y la participación pública.

La estadística cuenta habitantes, pero no explica cómo viven

Cuba perdió 313.414 habitantes en un año, pero la cifra no describe por sí sola el alcance de la transformación. El país que permanece es más pequeño, está más envejecido, continúa siendo mayoritariamente urbano y cuenta con menos población en edades laborales y reproductivas.

Esa transformación tiene una dimensión de género definida. Las mujeres son mayoría en las ciudades, presentan una edad mediana superior a la de los hombres y tienen un peso creciente en las edades avanzadas. A ello se suma un modelo en el que buena parte de las necesidades de cuidado continúa resolviéndose dentro de los hogares.

La crisis demográfica cubana no consiste únicamente en que haya menos habitantes. También exige preguntar quiénes permanecen, en qué condiciones envejecen y sobre quién recae el trabajo necesario para sostener la vida cotidiana cuando las familias y las comunidades pierden integrantes.

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