Luz para el espíritu de la poesía negra

12/08/2026
Alberto Abre junto a la portada de su novela La noche es testigo
Alberto Abreu (Cárdenas, 1961) Narrador, activista social y ensayista cubano.

Si una luz redentora te llama buen ser / y te llama con amor a la tierra… la tarareo y pienso en mis muertos, en los muertos que quiero cerca, o en los que nunca sabré su historia a no ser que ficcione, porque han quedado enterrados bajo la aterradora intelectualidad blanca, en donde no existen poetas ni dramaturgos ni novelistas negros. Ma Fermina me mira desde una esquina de la mesa y me envuelve en la humareda de su mocho de tabaco antes de que empiece a escribir sobre la más reciente novela de Alberto Abreu Arcia.

“La noche es testigo”, desafía los axiomas que han dejado en la más absoluta oscuridad a dramaturgos como Alberto Pedro, Gerardo Fulleda, Eugenio Hernández Espinosa, Arquímedes Pous y les ofrece una vela, un buche de ron, un tabaco y unos rezos para que alcancen la luz de la eternidad que se forjaron sobre las tablas. 

A “Los Mangos”, un sitio de cruising o una “potajera” cutre e intensa, son ellos, encarnados en un solo cuerpo de letras, los que van buscando la poesía, aunque sea Abreu Arcia quien escriba y Diamante Negro quien protagonice la novela. Van a invocar al poeta Juan Francisco Manzano y su sufrimiento en el cepo y de paso traer, conceptos proscritos (o satanizados, ¿quién sabe?) en los discursos cubanos antirracistas. 

Descolonizar la narrativa cubana 

Como parte de ese camino de descolonizaje de nuestras narrativas se le ha ocurrido a Abreu Arcia poner a nuestros Eggúns como testigos de la historia que se nos ha sido negada o que nos ha sido robada. 

“El mundo nuestrx como afrodescendiente es un mundo de una racionalidad, cosmovisiones y una subjetividad formadas y arraigadas en la oralidad”, dice el novelista. 

“Hay en la autobiografía de Manzano un pasaje muy elocuente, en el que aprende a escribir a partir de la imitación de la letra del amo y del disciplinamiento ejercido sobre el cuerpo. Esa postura implica el aprendizaje de la escritura para el subalterno. Se trata de desandar toda esa violencia física y simbólica que implicó para nosotrxs la escritura. Hay en la oralidad (las libretas de santos, los odún de ifá que llegaron a nosotrxs y se preservaron a través de la memoria oral) toda una sabiduría, una cosmovisión del mundo que occidente en nombre de la ‘la razón’, la ilustración, el conocimiento ‘científico’, que quería imponer a los colonizados suprimió, tildándola de superchería, pre-lógica, prácticas propias de pueblos bárbaros” y remite a lo que llaman el primer Fernando Ortiz en “Los negros brujos” y del que se sigue editando su obra estigmatizante. 

“Y  esa supresión se obtuvo no sólo a través de la violencia simbólica, sino también física. De mujeres quemadas en la hoguera por ‘brujas’, latigazos y otros castigos corporales a manera de "corrección ".

“Cualquier gesto o proceso de descolonización de nuestra narrativa debe empezar por el reconocimiento de esos saberes, esa memoria ancestral y espiritualidad que durante el proceso de blanqueamiento nos los arrancaron. Cuya riqueza es tan trascendental como la  de la filosofía europea que nos enseñaron”. 

“Ma. Fermina (más que el reconocimiento a ésta gran santera, que es toda una leyenda) es el reconocimiento y validación de todo este saber y su impronta escritural.  Es la búsqueda de todo ese legado. Por eso, en uno de los planos de la novela los personajes  invocan su protección, y desarrollan esta misa espiritual, para que baje. Es quizás uno de los planos donde se tensionan oralidad y escritura, lo libresco o el saber letrado con los mundos de la vida”. 

Y hace una distinción importante: “No es folklorización o excentricismo al estilo de Macondo o el realismo mágico. Aquí estamos no ante una magia o ritual, sino ante un saber otro, otra epistemología, otra forma de pensar, vivir y conocer el mundo y su validación. Y eso es descolonizar nuestra memoria que es inseparable del acto mismo de nombrar. De ahí la naturaleza diaspórica de estas narrativas o textualidades, su rechazo a lo lineal, su fuerte carácter disruptivo, que celebra la ruptura,  el fragmento, su vocación transdiciplinar, agenérica, la subversión,  la parodia, de facilidad para  incorporar, a través del lenguaje, elementos provenientes de otras formaciones discursivas. Como contranarrativa o contraescritura a esa ilusión de coherencia, totalidad que propone la filosofía y la escritura de la Historia occidental”. 

Disidencias sexuales, políticas, narrativas

La disidencia en “La noche es testigo”, puede verse con el rostro pintado, unas pantis que moldean el relleno de las caderas y el treinta y tres, treinta y tres, treinta y tres repetido para cubrir la vocalización de una Rocío Durcal que sale de algún equipo no siempre bien ecualizado. La disidencia se ve en una fiesta clandestina y en la desbandada de pájaros huyendo de las golpizas de la policía o de las noches en el calabozo, para el fin de semana siguiente volver a citarse y bailar hasta que se los permitan. 

Pero Abreu Arcia lo ha llevado más allá y la reivindicación de las disidencias sexuales las ha situado dentro de las creencias afrocubanas porque lo cree “esencial”.

“El cuerpo negro de la disidencia sexogenérica ha sido históricamente el gran excluido de esos discursos y narrativas homonacionalistas que hablan de una nación plural, sexualmente inclusiva pero la representación del disidente sexual que enarbolan como paradigma y en su búsqueda de políticas públicas tiene un carácter esencialista porque es la del cuerpo blanco gay, en el mayor de los casos letrado. Y casi siempre excluyen no sólo a las lesbianas, lxs negrxs,  sino también a los trans.

En este sentido se trata de una violencia racial, porque nos invisibiliza, nos silencia, nos condena a asumir la representación e imaginarios del disidente sexual blanco. Que también suele ser muy racista y clasista. Fíjate por ejemplo la construcción y representación hipersexualizada que ha hecho del cuerpo negro no solo el realismo sucio, sino también toda la narrativa cubana de las últimas cuatro décadas. Y eso es la prueba más evidente de la supervivencia y reproducción entre nosotrxs de una colonialidad del deseo”. 

Y pone el dedo en la llaga: “En este sentido, es revelador cómo el cuerpo del disidente sexogenérico negro no aparece en ninguno de los dosieres, antologías ni cartografías realizados en Cuba sobre este tema”.

La noche es testigo 

Esta novela huele a sudor, a vela quemada, a mocho de tabaco, a colonia con cascarilla y flores blancas, quien ha estado en una misa sabe de lo que hablo. Esos espacios han sido durante años los que han arropado a la marica, al marimacho, a la pajarita, a la puta. La trama de “La noche es testigo” entrelaza estos mundos: el presente y el pasado; la santería y el espiritismo con la noche travesti.

“Creo que todo esto responde a imbricaciones más sutiles arraigadas en la trama y sus diversos correlatos. Diamante Negro no solo proviene de un mundo donde las cosmovisiones, la ancestralidad y la ética de la santería y del espiritismo son elementos clave y forman parte de su educación sentimental, sino que también existen muchas conexiones con la historia de vida del propio Manzano: los momentos de su autobiografía donde se construye como un objeto de deseo para el hombre blanco y también como un esclavo ‘afeminado’, sin descartar aquellos pasajes en que los silencios de su texto autobiográfico aluden a actos de violencia sexual. Manzano es un referente, forma parte de la genealogía y ancestralidad de Diamante Negro como letrado afrocubano y disidente sexual. Insertarlo, reposicionar su memoria en aquel contexto de La Casona como sitio de ligue, y poblado de locas es un homenaje”.

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La Habana (1979). Escritora. Realiza la columna de opinión «Mujeres de Alas», en la Revista Alas Tensas. Ha colaborado como periodista en medios y revistas como Cubaliteraria, Havana Times, Diario de Cuba, El Tiempo en Colombia, Hypermedia Magazine, Programa Cuba y Connectas. Sus reportajes han sido publicados en una compilación de ediciones Samarcanda, España, bajo el título Apocalipsis La Habana (americans are coming). En el 2020 publicó la novela Elizabeth aún juega a las muñecas (Editorial Hurón Azul) y el libro Orquesta Hermanos Castro: la escuelita, sobre la historia musical olvidada (Unos & Otros Ediciones ). Fue reconocida por la Fundación Internacional para las Mujeres en los Medios (IWMF) como Women Journo Heroes. Sus reportes sobre la vida cotidiana de las cubanas y los cubanos se pueden encontrar en el diario CubanetNews.