Libros | “Indómitas al sol”: cinco poetas cubanas que escriben más allá del exilio
La antología de Felipe Lázaro reúne las voces de Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas e Iraida Iturralde, cuyas obras exploran la identidad, el deseo y la memoria.
La poesía cubana también se ha escrito lejos de la isla. Durante décadas, el exilio ha transformado la distancia, la memoria y la pérdida en materia literaria. A esa tradición pertenece Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York, antología crítica preparada por Felipe Lázaro y publicada en su tercera edición por la Editorial Betania, en coedición con el Centro Cultural Cubano de Nueva York, en febrero de 2025.
La selección reúne poemas de Magali Alabau, Alina Galliano, Lourdes Gil, Maya Islas e Iraida Iturralde, cinco escritoras cubanas vinculadas a Nueva York cuyas obras abordan, desde registros diferentes, el deseo, la memoria, la pérdida y las transformaciones de la identidad.
Aunque el exilio constituye uno de sus vínculos, la antología no se limita a la nostalgia por Cuba. Sus poemas exploran también la sexualidad femenina, las relaciones familiares, la muerte y los conflictos interiores, mediante escrituras que van de la evocación íntima a la experimentación simbólica.
La condición femenina tampoco aparece como una experiencia uniforme. Mientras Magali Alabau explora las contradicciones del yo, Alina Galliano reivindica el deseo y la autonomía; Lourdes Gil dialoga con la memoria y las artes; Maya Islas transforma la realidad mediante la imaginación, e Iraida Iturralde reconstruye los vínculos familiares a través de los recuerdos.
Una tradición poética que desborda las fronteras
En el prólogo “Una estrella de cinco puntas: mis poetas de Nueva York”, la escritora cubana Odette Alonso vincula la obra de las cinco autoras con una tradición literaria que se remonta a Gertrudis Gómez de Avellaneda. Su lectura parte del soneto “Al partir”, donde la separación de la patria adquiere una dimensión íntima y poética.
“Cuba ha sido siempre un país de desterrados”, escribe Odette Alonso, antes de recordar que José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda y José Martí desarrollaron una parte sustancial de sus obras fuera del territorio cubano. Desde estos antecedentes, sitúa a las cinco poetas en una tradición del destierro que atraviesa distintas etapas de la literatura nacional.
El prólogo incorpora, además, una reflexión sobre la exclusión cultural. Odette Alonso relata que, pese a haberse licenciado en Filología por la Universidad de Oriente, desconocía buena parte de la poesía cubana escrita fuera del país. Fue durante su emigración a México cuando descubrió la amplitud de esa producción literaria.
Desde esa perspectiva, Indómitas al sol trasciende el homenaje literario: contribuye a recuperar voces que forman parte del patrimonio cultural cubano.
La autora atribuye ese desconocimiento a la exclusión de escritores emigrados de los programas de enseñanza en Cuba, una práctica que, según explica, había limitado su acceso a las obras de numerosos autores de la diáspora.
Desde esa perspectiva, Indómitas al sol trasciende el homenaje literario: contribuye a recuperar voces que forman parte del patrimonio cultural cubano, aunque sus obras hayan circulado principalmente fuera de la isla.
Magali Alabau: la identidad frente al espejo
En “Dos mujeres”, Magali Alabau construye una identidad escindida mediante el enfrentamiento entre dos figuras femeninas que representan distintas manifestaciones de un mismo yo. El poema combina imágenes corporales, referencias mitológicas y escenas de violencia psicológica.

La división interior aparece condensada en dos versos: “Luego de no escapar al espejo / reconozco a la otra”. El reconocimiento se produce después de un intento fallido de escapar de la propia imagen. El espejo obliga a la hablante a enfrentarse con una identidad que percibe como ajena.
A lo largo del texto, las referencias mitológicas y los cuerpos sometidos a distintas formas de violencia acentúan esa confrontación.
A lo largo del texto, las referencias mitológicas y los cuerpos sometidos a distintas formas de violencia acentúan esa confrontación. La protagonista no solo se contempla: también debe encontrar una manera de sobrevivir a sus contradicciones.
El desdoblamiento puede leerse como una forma de extrañamiento que trasciende la experiencia migratoria. No se trata únicamente de vivir lejos del país de origen, sino de experimentar una distancia respecto de la propia identidad.
Alina Galliano: el cuerpo como territorio de libertad
En la poesía de Alina Galliano, el cuerpo femenino ocupa el centro de la experiencia amorosa y del conocimiento de sí misma. Las imágenes del deseo se entrelazan con elementos de la naturaleza y referencias geográficas que amplían los límites de la experiencia íntima.

En “Los días que ahora tengo”, Alina Galliano construye una voz que reivindica la transformación personal frente a las certezas y convenciones establecidas. “Yo camino mis días sin justificaciones”, afirma en uno de los fragmentos del poema.
Galliano presenta el deseo y las transformaciones afectivas como experiencias desde las cuales la mujer redefine su relación consigo misma y con los demás.
Las imágenes de mares, estaciones y animales trasladan la experiencia amorosa a un paisaje en permanente transformación. En lugar de describir el deseo desde un escenario fijo, la poeta convierte la naturaleza en parte de su lenguaje erótico.
Su escritura también desafía las representaciones tradicionales de la sexualidad femenina. El cuerpo aparece como sujeto del deseo y no como objeto de contemplación, mientras la voz poética explora sus emociones sin renunciar a la contradicción, la intensidad o el cambio.
Lourdes Gil: la historia y la pérdida
En la poesía de Lourdes Gil, la pérdida y el desplazamiento se expresan a través de espacios domésticos, referencias artísticas y paisajes que conservan las huellas del pasado.
En “La extranjera”, poema dedicado a Amelia Peláez y a Carmen, Gil evoca un espacio de pájaros, helechos, patio y vitrales. “Cada día fosforecen las ausencias / la ciudad se hace más dulce y más distante”, escribe la poeta.

La presencia de Amelia Peláez, figura fundamental de las artes plásticas cubanas, introduce una dimensión pictórica en el poema. El jardín, el patio y los vitrales remiten al universo visual asociado a la pintora, mientras la repetición de “Cada día” convierte la evocación en una experiencia sostenida en el tiempo.
Esa anáfora establece un ritmo que acompaña la persistencia de la ausencia. La memoria no aparece como una imagen inmóvil del pasado, sino como una experiencia que se renueva y transforma con el transcurso de los días.
En “La extranjera”, la escritura y la pintura dialogan para reconstruir un mundo que permanece en la conciencia de quien recuerda, aunque resulte imposible recuperarlo por completo.
Maya Islas: la imaginación como forma de resistencia
En los poemas de Maya Islas, la imaginación transforma objetos cotidianos en imágenes de extrañamiento. Las cavernas, las sombras, los pájaros y los espacios interiores participan de una escritura que se mueve entre la experiencia personal y lo fantástico.
A diferencia de una poesía centrada en la evocación explícita del país perdido, Maya Islas explora el desplazamiento mediante imágenes de metamorfosis, tránsito y búsqueda interior.
En “Poema 8”, la autora escribe: “Es que sin sol no puedo volar”. El verso presenta la luz como condición del movimiento, mientras las imágenes posteriores de la sombra y las manos que crecen frente a la página vinculan esa posibilidad de transformación con el acto de escribir.

Su trayectoria como artista plástica encuentra correspondencias en una poesía construida mediante escenas visuales y asociaciones inesperadas. La danza, la oscuridad y el crecimiento de las manos convierten la escritura en una experiencia corporal y creativa.
En Maya Islas, la imaginación no funciona únicamente como una vía de evasión. También permite reorganizar la percepción del mundo y explorar formas de existencia que no dependen de los límites impuestos por la realidad inmediata.
Iraida Iturralde: la memoria familiar y la isla
En la poesía de Iraida Iturralde, los recuerdos familiares permiten reconstruir vínculos afectivos que sobreviven a la distancia y al paso del tiempo.
En “Cornelia Pérez Montes de Oca”, la autora evoca a su abuela mediante imágenes que relacionan el cuerpo con la naturaleza: “Mi abuela estaba hecha de un manantial erguido”.
La metáfora del manantial presenta a la abuela como una presencia que transmite vida y afecto incluso después de su desaparición. El agua adquiere un sentido de continuidad entre generaciones, mientras la evocación recupera una relación que permanece en la memoria de la poeta.

El poema incorpora también escenas domésticas, como los acertijos de números con los que la abuela interrumpía las siestas de la infancia. Estos detalles permiten que el recuerdo trascienda la imagen idealizada de la figura familiar y conserve una dimensión cotidiana y reconocible.
La escritura de Iturralde convierte así la memoria en una forma de preservar los afectos. La ausencia física no implica la desaparición de los vínculos, que encuentran en el poema una posibilidad de permanencia.
Cinco poéticas, una historia literaria compartida
La selección de Felipe Lázaro permite apreciar las diferencias estéticas entre cinco autoras que comparten vínculos con Cuba y Nueva York, pero desarrollan maneras distintas de representar el cuerpo, la memoria y la experiencia del desplazamiento.
El volumen se completa con los ensayos críticos “Poética del espacio en Alabau, Galliano, Gil, Islas e Iturralde”, de Elena M. Martínez, y “Revaloración de una poética en cinco movimientos”, de Perla Rozencvaig, además del estudio epilogal “Poetas cubanas de Nueva York: pasajeras indómitas en el carro del sol”, de Mabel Cuesta.
Estos trabajos amplían las posibilidades de interpretación de los poemas y permiten abordar las relaciones entre espacio, lengua, identidad y creación literaria.
Sus escrituras dialogan con tradiciones literarias y artísticas diversas, sin quedar subordinadas a una única experiencia histórica.
La antología plantea, sin embargo, un riesgo de lectura: interpretar las cinco obras exclusivamente desde la experiencia del exilio. Aunque el desplazamiento geográfico constituye un elemento importante de sus trayectorias, sus poemas no pueden reducirse a esa circunstancia. Sus escrituras dialogan con tradiciones literarias y artísticas diversas, sin quedar subordinadas a una única experiencia histórica.
La importancia de Indómitas al sol reside tanto en la recuperación de estas cinco voces como en la posibilidad de leerlas más allá de las clasificaciones impuestas por la geografía. Publicada originalmente en 2011 y reeditada en 2025, la antología contribuye a una comprensión más amplia de la poesía cubana contemporánea, en la que las escritoras de la diáspora ocupan un lugar que no depende de su cercanía o distancia respecto de la isla.
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