Entrevista | Yuniet Morrel: “la resiliencia la llevamos en las venas”

Desde Montevideo, Yuniet Morrel, migrante cubana, impulsa un banco de excedentes textiles y una semana de la moda sostenible que conectan diseño y economía circular.

Yuniet Morrel, emprendedora cubana radicada en Montevideo, convirtió la cultura del aprovechamiento aprendida durante su infancia en Placetas, Villa Clara, en la base de su modelo de negocio. Imagen: Cortesía de la entrevistada.

Hay una imagen que resume bien el camino de Yuniet Morrel. Una niña en Placetas, Villa Clara, cose retazos de tela porque en su casa nada se desperdicia. Años después, una mujer adulta convierte en Montevideo esa misma lógica de aprovechamiento en un modelo de negocio.

Entre ambas escenas transcurren una carrera en turismo, la emigración a Uruguay en 2023 y una decisión personal. En lugar de intentar reproducir su trayectoria profesional, Yuniet eligió comenzar de nuevo con los recursos que tenía a su alcance.

Así nació Looper Life, su marca de productos elaborados con descartes textiles. El proyecto también abrió una pregunta más ambiciosa: ¿qué ocurriría si las telas sobrantes de casas comerciales, empresas y talleres uruguayos encontraran un nuevo destino en vez de terminar desechadas?

De esa inquietud surgió el primer Banco de Excedentes Textiles del Uruguay. La iniciativa funciona como una red que conecta a quienes generan esos materiales con quienes pueden transformarlos. Entre sus destinatarios se encuentran diseñadores, cooperativas, estudiantes y organizaciones sociales.

El proyecto pronto se vinculó con una nueva iniciativa. En 2025, Yuniet impulsó la Montevideo Sustainable Fashion Week, una pasarela que se aparta del modelo convencional. Su propósito es visibilizar el trabajo del Banco de Excedentes y situar la sostenibilidad en el debate sobre el futuro de la industria local.

En esta entrevista con Alas Tensas, la emprendedora habla de lo que significa migrar y sostener dos raíces al mismo tiempo. También aborda los obstáculos para promover una cultura circular en un país que no es el propio y la importancia de las redes de confianza en el mercado uruguayo. Cuba, explica, continúa siendo para ella una forma de mirar y comprender el mundo.

Entre Cuba y Uruguay, unas raíces que se entrelazan

En una entrevista previa expresaste a propósito de emigrar: “No vas a dejar de tener tus raíces, pero ahora acá empiezan a salir nuevas raíces”, ¿cómo describirías actualmente esa mezcla de raíces?

Al principio admito que me cerré por un miedo inconsciente a que, si abrazaba la cultura uruguaya, estaría traicionando mis raíces cubanas. Mantenía una distancia defensiva, hasta que los tambores rompieron esa barrera. Llevábamos apenas cuatro meses en Uruguay cuando una tarde pasó una comparsa de candombe cerca de casa. En Cuba, dondequiera que un cubano escucha una conga, sale disparado; es un impulso genético. Fue literalmente como un meme: mi esposo y yo soltamos todo, agarramos al niño y salimos corriendo. ¡Creo que dejamos hasta la puerta de la casa abierta! Caminamos cuadras enteras siguiendo el sonido de esos quince o veinte tambores, con una emoción en el pecho que me conectó de golpe con mi tierra. Ese primer contacto con el candombe fue el puente. Me hizo entender que las culturas no compiten, sino que dialogan. A partir de ahí me abrí a descubrir el patrimonio y las tradiciones uruguayas, entendiendo que integrarme no es restar lo que soy, sino sumar. Hoy, mis raíces no son dos cosas separadas: son un mismo árbol que aprendió a nutrirse y a florecer con la riqueza de dos tierras distintas.

La libertad de construir su propia identidad

¿Cuánto ayuda a esas nuevas raíces el ver crecer a tu hijo en Uruguay?

Mi hijo ha vivido ya más tiempo aquí en Uruguay que en Cuba. Al ser un niño migrante, su realidad es distinta a la nuestra, y desde el principio decidimos que nuestro rol no era imponerle un molde, sino darle libertad para construir su propia identidad.

Yuniet Morrel y su esposo, ambos cubanos, crearon en 2025 la Montevideo Fashion Week para visibilizar el Banco de Excedentes Textiles y promover un modelo de moda sostenible basado en la reutilización de materiales. Imagen: Cortesía de la entrevistada.

En casa hacemos un ejercicio constante de honestidad. Le enseñamos con mucho orgullo de dónde viene, sus raíces, las historias de su tierra y lo criamos bajo los mismos valores y costumbres con los que nos criaron nuestros padres y abuelos en Cuba. Pero, al mismo tiempo, dejamos que se vincule de forma natural con Uruguay, que explore y elija lo que resuena con él. Verlo crecer aquí nos ayuda a entender que sus nuevas raíces no tienen que competir con el pasado. Él no tiene que fragmentarse ni elegir un bando; él es el puente vivo donde conviven ambos mundos con total naturalidad.

El desafío de impulsar una moda más sostenible

¿Cuáles son los retos que has encontrado específicamente en Uruguay al cambiar ciertos patrones dentro de la moda, que puede ir desde hablar de circularidad hasta sostenibilidad?

Para mí, la moda siempre fue una pasión. Pero al adentrarme en la sostenibilidad descubrí una profundidad que me transformó por completo; entendí que detrás de cada prenda hay un impacto social y ambiental que no podemos seguir ignorando. Creo que el principal reto en Uruguay ha sido romper la inercia de los patrones tradicionales y demostrar que la circularidad no es una utopía ni una tendencia pasajera, sino una necesidad urgente y viable.

Mi enfoque no está en juzgar cómo se hacían las cosas antes, sino en sensibilizar y construir puentes. Me fascina trabajar codo a codo con los diseñadores y emprendedores locales, potenciando su talento desde una mirada diferente, la de alguien que viene de afuera con ojos frescos y muchas ganas de aportar.

Ha sido un camino de mucho esfuerzo silencioso. He estado trabajando intensamente en proyectos de los que aún no he comentado nada, pero cuyos frutos y resultados se verán a finales de año. Cambiar patrones toma tiempo, pero ver cómo la comunidad creativa uruguaya empieza a vibrar en la misma sintonía de la economía circular me confirma que cada paso vale la pena.

Comunicación, confianza y redes para emprender

Hablemos un poco de tu trabajo en publicidad. Aunque toda experiencia en la vida es un aprendizaje, ¿qué podrías comentar sobre esta en particular que estés utilizando en este momento de tu vida?

Aunque la vida me terminó vinculando a la comunicación y a la publicidad, mi verdadera escuela para conectar con la gente nació en la infancia. De niña en Placetas, Villa Clara, mi sueño absoluto era ser una gran actriz. Es curioso, porque era una niña bastante tímida, pero cuando iba a la Casa de la Cultura a estudiar danza y teatro, esa timidez se borraba; yo decretaba que iba a salir en la televisión y a pisar los grandes escenarios.

Los cubanos tenemos una energía y un talento natural muy fuertes; llevamos el “teatro” y la expresividad en la sangre de una manera u otra. Aunque las circunstancias cambian y uno deja esas facetas en pausa, hoy entiendo que esa niña nunca se fue. Esa energía y el arte de comunicar desde la emoción son las herramientas que uso todos los días en mi trabajo actual. Al final, la publicidad y la sostenibilidad también necesitan de esa pasión y de saber plantarse frente al mundo para transmitir un mensaje poderoso.

El valor de las redes frente al dinero

¿Qué rol juega la palabra y el concepto “redes” en tu vida diaria?

Cuando las personas ven lo que voy construyendo dicen muchas cosas. Está quien te felicita, te agradece y quien dice: “la ayudaron”, “tenía padrinos”. La verdad que lo que pasó es que le di mucha importancia al capital social y a las alianzas estratégicas, porque suelen ser mucho más determinantes para el éxito a largo plazo que el dinero inicial.

Es completamente acertado tu enfoque: el financiamiento sin capacitación se diluye rápidamente, y sin una red de contactos que sostenga el proyecto, el crecimiento se estanca. Cuidar los vínculos con amabilidad, ética y sabiduría es lo que transforma un contacto casual en un aliado estratégico para toda la vida. En Uruguay, al ser un mercado de cercanía, la reputación personal y la confianza pública tienen un valor doblemente estratégico. El valor de las redes frente al dinero.

Sostenibilidad: el dinero es un recurso finito; las relaciones sólidas generan oportunidades de forma permanente. Validación: un aliado respetado que respalda tu proyecto te otorga una credibilidad que ningún presupuesto publicitario puede comprar. Aprendizaje: el acceso a la experiencia de tu red te evita cometer errores costosos y acelera tu curva de aprendizaje. Puertas abiertas: la amabilidad y el agradecimiento genuino construyen puentes que facilitan futuras colaboraciones o mentorías.

Elementos clave que he aplicado con éxito. Capacitación continua. Me preparé para estar a la altura de las oportunidades cuando estas se presentaron. Supe identificar, valorar y, sobre todo, mantener las relaciones humanas en el camino. Después entender que cada puerta abierta es un privilegio que requiere responsabilidad para ser conservado.

Una pasarela para transformar la industria de la moda

¿Cómo estás soñando las próximas ediciones de Montevideo Sustainable Fashion Week?

Cada vez que uno emprende algo, el motor principal tiene que ser la superación. Por eso, sueño las próximas ediciones mucho mejor que la primera. El aprendizaje es constante: se trata de mirar atrás, evaluar qué hicimos bien, qué falló y evolucionar sobre esa base. Para mí, esta pasarela tiene una raíz profundamente humana y con propósito.

Yuniet Morrel busca consolidar en Uruguay un modelo de moda que fortalezca el diseño consciente, sostenible y de producción local. Imagen: Cortesía de la entrevistada.

La Montevideo Sustainable Fashion Week nació a mediados de 2025 como una idea de mi esposo (quien también es cubano) mientras trabajábamos en equipo. Nuestro objetivo central siempre fue muy claro: darle visibilidad y potenciar el trabajo que hacíamos en el Banco de Excedentes Textiles. Queríamos demostrar que la moda y la sostenibilidad no solo pueden convivir, sino que deben ser el futuro de la industria.

 A futuro, mi meta es potenciar aún más ese mensaje y esa visibilidad, pero con los pies en la tierra. Quiero consolidar lo que hemos construido en Uruguay, fortaleciendo el diseño consciente y local. Sin embargo, también sueño en grande y de manera expansiva. Me encantaría cruzar fronteras y llevar este concepto fuera de Uruguay. Y, si te hablo con el corazón, uno de mis mayores anhelos es poder realizar, en algún momento, una edición de este evento en mi Cuba natal, uniendo la moda sostenible, mis raíces y toda la experiencia que hemos cosechado en este camino.

Cuba desde la distancia

¿Desde dónde miras Cuba actualmente?

Mirar a Cuba hoy es abrazar un sentimiento profundo donde se cruzan la nostalgia de lo que fue, el amor intacto por la tierra natal y el dolor inevitable ante las difíciles realidades que afrontan los seres queridos que allí permanecen. La familia, los amigos, los vecinos, aun el dolor de los desconocidos que como quieran igualmente son cubanos, es una mirada que trasciende cualquier postura ideológica para centrarse exclusivamente en lo humano, en el valor de un pueblo que sostiene su cotidianidad con dignidad y en el lazo indestructible que une a quienes se fueron con quienes se quedaron.

Desde la distancia, cada recuerdo es un puente y cada pensamiento es un deseo ferviente de bienestar, paz y alivio para las familias que, a pesar de las distancias y las complejidades, al final del día, despojado de discursos y de las urgencias que imponen las circunstancias, lo que sostiene a un cubano es su gente.

La verdadera riqueza de la isla nunca ha sido material; vive en la taza de café compartida con el vecino, en el chiste que desarma a la escasez y en esa mano que se extiende sin preguntar ideologías ni credos cuando el ciclón aprieta. Ser cubano es comprender que el “invento” no es solo un método de supervivencia física, sino una resistencia espiritual. Es la terquedad de seguir celebrando la vida, de bailar en los apagones y de sanar la distancia con la certeza de que, no importa dónde esté un hermano, el corazón sigue latiendo al mismo ritmo. Por encima de cualquier mapa político, lo que queda, lo que verdaderamente trasciende, es ese lazo invisible pero indestructible de la empatía y el amor compartido. Eso es lo que nos salva, y también es lo que nos hace triunfar a los cubanos fuera de la isla. Porque la resiliencia la llevamos en las venas.

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