“Mi firma por la Patria”: una campaña de lealtad obligada en Cuba
La campaña, presentada como un movimiento espontáneo de la sociedad civil cubana, ha sido cuestionada por el Observatorio de Libertad Académica.
El régimen cubano inició el pasado 20 de abril una campaña nacional de recolección de firmas denominada “Mi firma por la Patria”, presentada como un movimiento “espontáneo” de la sociedad civil, pero organizada y dirigida desde el Partido Comunista. Con libros de firmas abiertos en todas las comunidades, centros laborales y estudiantiles del país, el régimen busca un respaldo popular a su declaración “Girón es hoy y es siempre”.
La campaña se lanzó el 19 de abril en Ciénaga de Zapata, y el dictador Miguel Díaz-Canel fue el primero en firmar al día siguiente, declarando que “la Revolución” jamás negociaría sus principios, aunque en la realidad cotidiana de los cubanos hace tiempo es ya difícil reconocer cuáles son esos principios.
La iniciativa, anunciada por Yuniasky Crespo Baquero, jefa del Departamento Ideológico del PCC, enmarca la participación en términos de obligación constitucional: defender la “patria socialista” es, aseguran, “el más grande honor y el deber supremo de cada cubano”. La propaganda oficial convierte así la recogida de firmas en un acto de lealtad política explícita.
El fantasma de la coerción
Lejos de la imagen de civismo voluntario que proyecta el régimen, numerosas denuncias describen un cuadro muy diferente. El Observatorio de Libertad Académica (OLA) denunció un “patrón coercitivo” evidente en los espacios académicos de la isla, señalando que en Cuba es “una práctica institucionalizada” que las organizaciones políticas condicionen la permanencia, evaluación y estabilidad laboral de alumnos y docentes a cambio de su participación en actividades de propaganda.
En su nota de prensa, el OLA detalló casos concretos. En la Universidad de Pinar del Río, por ejemplo, se convocó a estudiantes y profesores a un acto el 19 de abril y se les ordenó que, al concluir la actividad, cada participante debía “plasmar su firma en una planilla”. OLA señala que el Ministerio de Educación Superior y las universidades de todo el país hicieron “eco de la campaña”, a pesar de que el ministerio la presentó como una iniciativa de la sociedad civil.
Por su parte, el investigador Leonardo Fernández Otaño alertó sobre la persistente intromisión del PCC en el sistema docente para imponer el respaldo al sistema político, calificando estas acciones como “continuas violaciones de la libertad académica y de los derechos políticos” de estudiantes y docentes.
Las presiones no se limitan al ámbito académico. En Cárdenas, circularon testimonios directos de amenazas: “O firmas o tú sabes lo que te espera”. Además, el Tribunal Supremo Popular publicó el artículo 4 de la Constitución el mismo día en que se realizó uno de los actos centrales, lo que muchos ven como una advertencia velada a quienes se negaran a participar.
No es la primera vez que el régimen recurre a este mecanismo. En septiembre de 2025, ejecutó una campaña idéntica para respaldar a Nicolás Maduro, en la que el Ministerio de Educación movilizó a estudiantes y exigió firmas a niños y adolescentes bajo amenaza de ser etiquetados como “contrarrevolucionarios”. Y Cubalex denunció entonces violaciones a los derechos de la infancia.
La campaña se lanza en un momento de tensión internacional, luego de que venciera el ultimátum dado por la administración Trump para que el régimen cubano liberara a presos políticos de alto perfil y diera muestras de una voluntad real de cambios.
Crisis real, retórica épica
El contraste entre el discurso oficial y la realidad cotidiana resulta difícil de ignorar. Mientras los cubanos sobreviven apagones de hasta 25 horas diarias y pasan hambre, el régimen organizó actos culturales en toda la isla descritos por la prensa oficialista con expresiones como “vibrante eco de afirmación” e “inquebrantable pacto de defensa de la soberanía”. Analistas independientes califican la campaña como una cortina de humo para desviar la atención de la peor crisis económica que atraviesa Cuba desde el Período Especial, con una contracción del PIB del 23% desde 2019.
La respuesta ciudadana, en la medida en que puede expresarse, ha sido de escepticismo. En redes sociales, los comentarios oscilaron entre la indignación y la ironía: “Es admirable ver la creatividad del gobierno, ya no saben qué inventar”, escribía un usuario, mientras otros señalaban la paradoja de que el régimen imprima hojas de firmas en un país sin papel ni lápices. En ese mismo espíritu, el poema viral “No firmo”, del escritor José Martínez, sintetizó el sentir de muchos con un verso que denuncia “más mentiras, decadencia”.
Ante ese panorama, el OLA termina su nota exigiendo el restablecimiento de la autonomía universitaria y el respeto a la libertad de conciencia en Cuba, para que la academia se alinee con los estándares éticos internacionales. Una exigencia que el régimen parece dispuesto a escuchar.
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