Carolina Amoroso documentó clandestinamente una Habana marcada por la pobreza, los apagones, las ruinas y una población que solo sueña con un cambio.
Periodista y asesora de las grandes casas de moda europeas, Ana María Borrero es una figura casi olvidada por la historia de la cultura cubana.
Relegado por las instituciones culturales cubanas, Raimundo Lazo dejó una huella imborrable en la cultura nacional y latinoamericana.
La ciudad y el mar son, para Kadir López, metáforas con las que construye una imagen crítica de la isla y de la dramática pérdida de su historia cultural.
Voz imprescindible del arte cubano contemporáneo, Franklin Álvarez ha mostrado con su mirada penetrante las zonas de silencio de la historia insular.
En su documental “De bateyes” (1971), Sara Gómez recupera del olvido un espacio esencial para la historia de la sociedad y la cultura cubanas.
La obra cinematográfica de Gloria Rolando es un documento imprescindible para comprender las complejas dinámicas culturales de Cuba y el Caribe.
El trabajo de Aurelia Castillo como biógrafa muestra su sensibilidad artística y su agudeza para valorar a otras figuras esenciales de la cultura cubana.
Nicolás Guillén Landrián abrió las puertas del cine cubano a la posmodernidad para documentar la dureza de la vida cotidiana en Cuba.
"La pobreza, la tristeza, la muerte, el reconocimiento de su identidad como afrodescendiente, la maternidad, son temas esenciales en la obra de Herrera".