EE.UU. está listo para una operación militar en Cuba, advierte Politico
Una acción militar contra el régimen puede ocurrir la próxima semana, dice la gobernadora de Puerto Rico mientras Marco Rubio hace un nuevo llamado a Cuba.
El Pentágono ha pasado meses posicionando buques de guerra y armamento en el Caribe y está listo para lanzar un ataque contra Cuba si el presidente Donald Trump da la orden, reveló el miércoles 27 de mayo la revista Politico. La publicación llega en uno de los momentos de mayor tensión entre Washington y La Habana desde la Crisis de los Misiles de 1962, y ha avivado un debate que ya circulaba en capitales y cuarteles de toda la región.
Según el informe, Estados Unidos no cuenta con el mismo número de naves que desplegó antes de la intervención en Venezuela, pero la llegada del portaviones USS Nimitz y su grupo de ataque al Caribe cubre en parte esa brecha. A esto se suman el armamento aéreo basado en Florida y Puerto Rico, así como el intenso programa de vuelos de vigilancia alrededor de la isla.
Entre la disuación y la posibilidad real de un ataque
Mark Cancian, ex funcionario del Pentágono y analista senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), es uno de los expertos citados en el reportaje de Politico. Cancian señaló que la presencia del USS Nimitz cerca de Cuba cumple ante todo una función intimidatoria, pero que puede participar en una operación militar si las circunstancias lo exigen. Entre los escenarios que describió, figuran ataques aéreos para inutilizar las defensas cubanas y allanar el camino a acciones de mayor envergadura, o bien, siguiendo el modelo de Venezuela, golpes dirigidos a decapitar las estructuras de poder en la isla, en cuyo caso el primer objetivo, según señaló, sería Raúl Castro.
La acusación formal contra el expresidente cubano, presentada por el Departamento de Justicia el 20 de mayo, es en este contexto una justificación legal para su captura. Castro fue imputado por su papel en el derribo de dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate sobre aguas internacionales y Marco Rubio lo declaró de inmediato “fugitivo de la justicia”.
Cancian también se refirió a las restricciones de tiempo que apuntan a la inminencia de una posible acción militar: muchos de los grandes buques desplegados en el Caribe llevan ya cerca de diez meses en el mar, muy por encima de los seis o siete habituales, lo que genera desgaste a las tripulaciones y añade presión sobre una armada que mantiene además operaciones contra Irán en el Oriente Medio.
Será “la próxima semana”, anuncia la gobernadora de Puerto Rico

Desde San Juan, las señales apuntan en la misma dirección. El general de brigada Arthur Garffer, secretario de Seguridad Pública de Puerto Rico, anticipó en entrevista con Telemundo un incremento significativo de la presencia militar estadounidense en la isla, en un despliegue que incluye tropas terrestres, buques y aeronaves: “Yo entiendo que estamos viendo aquí posiblemente el final del régimen dictatorial comunista cubano en las próximas semanas”, dijo al respecto.
Garffer también comparó el escenario actual con los movimientos previos a la intervención en Venezuela y adelantó que Puerto Rico tendría un papel activo en cualquier operación relacionada con Cuba. Planteó además un detalle revelador sobre la acusación a Raúl Castro: si Cuba se negase a entregarlo voluntariamente, dijo, “una extracción es posible”.
Las declaraciones de Garffer no sorprenden del todo, pues desde febrero la gobernadora Jenniffer González-Colón ha expresado su apoyo a cualquier acción de la administración Trump para “liberar” Cuba. Sin embargo, sus palabras del 26 de mayo en una entrevista en el programa Club de Prensa, han sacudido a la opinión pública regional.
González-Colón enumeró los recientes y actuales frentes de guerra de Estados Unidos y añadió: “Vamos a tener una con Cuba la próxima semana”. Sus palabras, que destacan la importancia estratégica de Puerto Rico, generaron de inmediato controversia a ambos lados del Atlántico.
Una eventual solución negociada de la crisis

El propio 26 de mayo, Marco Rubio volvió a abordar la crisis cubana en una rueda de prensa en la que participaron Donald Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth. Rubio describió otra vez a Cuba como “un Estado fallido a 90 millas de nuestras costas que representa una amenaza a la seguridad nacional”, pero insistió en que Washington prefiere una salida negociada, aunque esta no incluya cambios políticos profundos, siempre que esta sea “buena para el pueblo cubano”.
Cuando le preguntaron si Estados Unidos usaría la fuerza para cambiar el sistema político de la isla, Rubio respondió que el presidente “siempre tiene la opción de hacer lo que sea necesario para apoyar y proteger el interés nacional”.
La combinación de lenguaje diplomático y presión militar es la misma fórmula que la administración Trump usó en los meses previos a la operación en Venezuela. El régimen cubano lo sabe: el propio 27 de mayo, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo, quien fue sancionado por Washington el pasado día 18, hizo pública una declaración alertando sobre “la real y peligrosa amenaza de agresión militar directa de Estados Unidos” y pidió apoyo a legisladores extranjeros, al tiempo que defendía una salida diplomática que, sin embargo, excluye los cambios estructurales que Washington exige y la liberación de los presos políticos.
Cuba atraviesa una grave crisis energética, económica y social que se agrava con cada día que pasa. Pero el régimen se niega a hacer concesiones ni cambios al tiempo que aumenta la represión contra el pueblo y promete un “baño de sangre” si Estados Unidos interviene. La armada estadounidense, por su parte, ya está lista para una operación en la isla. Solo resta saber si Trump está dispuesto a pasar de lo diplomático a lo militar, o si el despliegue del Nimitz es, como sostiene Cancian, ante todo una herramienta de presión. La experiencia de Venezuela, donde también hubo meses de acumulación de fuerzas y “advertencias finales” antes del golpe, indica que una acción no solo es posible, sino que puede ser inminente.
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