Madres que siguen siendo niñas: el embarazo adolescente persiste en Cuba

En 2025 se registraron nacimientos entre niñas de 10 a 14 años y tres provincias orientales superaron los 50 por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19.

| Observatorio | 18/08/2026
Adolescente embarazada espera atención en un centro de salud.

La fecundidad adolescente en Cuba se mantuvo en 2025 como un problema de salud pública y de derechos de niñas y adolescentes. Las estadísticas oficiales registraron 1,4 nacimientos por cada 1.000 niñas de 10 a 14 años y 43,2 por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19, según el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCG).

Los datos de los últimos cinco años no respaldan un aumento general de la fecundidad adolescente, pero tampoco muestran una reducción sostenida. Entre 2021 y 2025, la tasa de 10 a 14 años pasó de 1,3 a 1,4, mientras la de 15 a 19 descendió de 48,5 a 43,2. La mayor resistencia a la disminución se concentra entre las niñas más jóvenes, precisamente el grupo que requiere mayores garantías de protección por su edad.

Cinco años de persistencia de la fecundidad adolescente

La persistencia del fenómeno ha sido advertida durante años. En 2022, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) señalaba que la fecundidad adolescente en Cuba mostraba “resistencia a una disminución sostenida”. El organismo vinculaba el problema con desigualdades de género, uniones tempranas, dificultades de acceso a información sobre salud sexual y reproductiva y limitaciones para negociar el uso de métodos de protección.

El propio Ministerio de Salud Pública (MINSAP) reconoció en mayo de 2026 que las adolescentes representaron alrededor del 18,2 % del total de embarazadas en 2025.

El propio Ministerio de Salud Pública (MINSAP) reconoció en mayo de 2026 que las adolescentes representaron alrededor del 18,2 % del total de embarazadas en 2025. Aunque el porcentaje disminuyó ligeramente respecto al año anterior, el dato confirma que el embarazo adolescente mantiene un peso relevante dentro de la atención materna en Cuba. Una reducción interanual, por sí sola, no constituye una tendencia sostenida.

Las brechas territoriales de la fecundidad adolescente

Las mayores diferencias territoriales aparecen entre las niñas de 10 a 14 años. Mayabeque registró en 2025 una tasa de 2,2 nacimientos por cada 1.000 niñas de ese grupo, seguida de Guantánamo, con 2,0; Granma y Holguín, con 1,9; Camagüey, con 1,8; Pinar del Río, con 1,7; y Las Tunas y Sancti Spíritus, ambas con 1,4. Las cifras muestran que la prevención no ha producido resultados homogéneos en todo el país.

Evolución de la fecundidad adolescente en Cuba entre 2021 y 2025, con una reducción limitada entre las adolescentes de 15 a 19 años y sin descenso entre las niñas de 10 a 14. Fuente: ONEI.

Tres provincias orientales superaron los 50 nacimientos por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años en 2025: Granma, con 56,5; Holguín, con 53,3; y Guantánamo, con 50,9. El patrón territorial tampoco es nuevo: investigaciones difundidas por UNFPA habían advertido anteriormente una mayor incidencia de la fecundidad adolescente en el oriente cubano. Su persistencia plantea interrogantes sobre la capacidad de las políticas nacionales para reducir de manera sostenida las desigualdades territoriales.

La tasa oficial mide nacimientos, no el total de embarazos adolescentes. Los indicadores de 1,4 y 43,2 contabilizan los nacimientos de madres de cada grupo de edad, por lo que no incluyen los embarazos que terminaron en interrupciones u otros desenlaces.

Embarazo y autonomía sexual

La Encuesta Nacional de Fecundidad (ENF) de 2022 amplía la dimensión del problema más allá de los nacimientos. Según los resultados divulgados por la ONEI, el 20 % de las mujeres encuestadas se había embarazado al menos una vez antes de los 18 años. Además, el 26,2 % había tenido su primer hijo antes de los 20 años, el 12,5 % antes de los 18 y el 1,1 % antes de los 15.

Los datos sobre el inicio de las relaciones sexuales también introducen preguntas sobre autonomía y consentimiento. El 69,8 % de las mujeres declaró haberse iniciado sexualmente antes de los 18 años y solo el 39 % utilizó algún método de protección en su primera relación. Además, un 23 % señaló que esa primera experiencia no ocurrió por convencimiento propio. El dato no equivale por sí solo a violencia sexual, pero obliga a examinar las condiciones en que niñas y adolescentes comienzan su vida sexual y su capacidad real para decidir.

Granma, Holguín y Guantánamo superaron los 50 nacimientos por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años en 2025. Fuente: ONEI.

La ENF informó que el 84 % de las adolescentes atribuyó el embarazo a un “descuido” y el 48 % al uso incorrecto de anticonceptivos. Sin embargo, esa explicación no agota las condiciones en que ocurren estos embarazos. La prevención también depende del acceso efectivo a educación sexual, información, métodos anticonceptivos y de la capacidad de las adolescentes para negociar protección y tomar decisiones sobre su vida reproductiva.

Riesgos para la salud, la educación y la autonomía

El embarazo durante la adolescencia constituye un problema de salud pública por sus riesgos específicos. La Organización Mundial de la Salud señala que las madres de 10 a 19 años presentan mayor riesgo de eclampsia, endometritis puerperal e infecciones sistémicas que las mujeres de 20 a 24 años. Sus bebés también enfrentan mayor riesgo de bajo peso al nacer, parto prematuro y afecciones neonatales graves.

El embarazo durante la adolescencia constituye un problema de salud pública por sus riesgos específicos.

La propia ficha oficial del indicador reconoce consecuencias que trascienden el ámbito sanitario. Según la ONEI, la maternidad a edades tempranas puede reducir las oportunidades de desarrollo social y aumentar la dependencia, el riesgo de violencia en las relaciones de pareja y el abandono escolar. Estos efectos sitúan el fenómeno también en el terreno de la desigualdad de género y de las oportunidades futuras de las adolescentes.

La tasa de 1,4 entre niñas de 10 a 14 años no puede interpretarse como un dato menor. A diferencia del grupo de 15 a 19 años, se trata de nacimientos ocurridos entre niñas que pueden tener apenas 10, 11, 12, 13 o 14 años. Por su edad, estos embarazos requieren una respuesta reforzada de salud, protección infantil y evaluación de posibles situaciones de coerción, abuso o desigualdad de poder.

Edad de los padres y relaciones de poder

Las diferencias de edad entre las madres adolescentes y los padres introducen otra dimensión de desigualdad. Un trabajo del Observatorio de Alas Tensas, basado en datos oficiales de 2024, encontró que, entre las madres de 15 a 19 años, el 65,25 % de los padres tenía 20 años o más, mientras solo el 12,05 % era menor de 20. Entre las madres menores de 15 años, más del 40 % de los padres superaba los 20 años.

Las diferencias de edad no prueban por sí solas la existencia de violencia sexual, pero tampoco pueden tratarse como un dato accesorio. Obligan a examinar posibles relaciones asimétricas, la autonomía de las menores, las condiciones del consentimiento y eventuales situaciones de dependencia o coerción. La Encuesta Nacional de Fecundidad de 2022 también identificó brechas importantes de edad en una parte de las uniones adolescentes.

Una respuesta estatal después de años de alertas

La Resolución 174/2025 formalizó una nueva respuesta estatal ante el embarazo adolescente. Firmada por el Ministerio de Salud Pública el 29 de agosto de 2025 y publicada en la Gaceta Oficial Ordinaria No. 40 el 6 de mayo de 2026, la norma regula los servicios de salud sexual y reproductiva y establece la notificación obligatoria de los embarazos detectados en menores de 18 años. Entró en vigor 30 días después de su publicación.

Provincias con las tasas más altas de fecundidad entre niñas de 10 a 14 años en 2025, encabezadas por Mayabeque y Guantánamo. Fuente: ONEI.

La resolución establece que todo embarazo detectado en una menor de 18 años debe ser notificado a las comisiones municipales de Prevención Social. El director general de Salud del municipio dispone de un plazo de hasta 48 horas para comunicar el caso a la Comisión de atención a las Políticas Sociales. La notificación amplía los mecanismos institucionales de seguimiento, pero el registro por sí solo no garantiza prevención, protección ni acompañamiento efectivo.

La norma obliga además a habilitar servicios diferenciados de salud sexual y reproductiva para adolescentes, incluso en centros educacionales o espacios cercanos, y a priorizar métodos anticonceptivos en los territorios con mayor fecundidad adolescente. También incorpora la prevención del embarazo, las infecciones de transmisión sexual, la violencia y los proyectos de vida. Su impacto dependerá de que esas disposiciones se traduzcan en servicios accesibles, prevención efectiva y mecanismos de protección que funcionen en los territorios.

La prevención como respuesta

La respuesta normativa llega después de años de advertencias sobre la fecundidad y el embarazo adolescente en Cuba. Especialistas, organismos internacionales y organizaciones feministas independientes habían documentado previamente sus riesgos y desigualdades. Yo Sí Te Creo en Cuba y el Observatorio de Alas Tensas han alertado, además, sobre el embarazo temprano, las diferencias de edad, la violencia sexual y las brechas en la protección de niñas y adolescentes.

La persistencia del embarazo adolescente no puede medirse únicamente por las variaciones anuales de una tasa. Mientras continúen registrándose nacimientos entre niñas de 10 a 14 años y varias provincias mantengan niveles elevados entre las adolescentes de 15 a 19, la respuesta del Estado deberá evaluarse por su capacidad para prevenir embarazos tempranos, garantizar anticonceptivos e información, proteger frente a la violencia y evitar que la maternidad limite la educación, la autonomía y las oportunidades de niñas y adolescentes.

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