“A los hijos los parimos las madres y los gobiernan ellos”: investigación periodística documenta 89 muertes en el Servicio Militar cubano

El reportaje “Morir en uniforme”, de elTOQUE, documenta que, de las 46 familias contactadas, solo ocho afirmaron que se había investigado la muerte de sus hijos.

| Noticias | Observatorio | 29/09/2026
Jóvenes reclutas cubanos participan en una movilización con consignas oficiales.

Una investigación del medio independiente elTOQUE documentó al menos 89 muertes de jóvenes durante el Servicio Militar Obligatorio en Cuba entre 2017 y 2026. De los 85 fallecimientos registrados hasta 2025, 70 ocurrieron entre 2022 y 2025. Numerosas familias denuncian falta de explicaciones sobre las circunstancias en que murieron sus hijos mientras se encontraban bajo responsabilidad de las instituciones militares del régimen cubano.

El reportaje, titulado Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados, fue realizado por la periodista Marleidy Muñoz a partir de testimonios familiares, documentos, investigaciones previas y consultas a especialistas. El trabajo incluye una base de datos pública y un mapa que permite consultar los casos documentados.

El 82,4 % de los fallecimientos documentados hasta 2025 se concentró entre 2022 y 2025, una distribución que refleja el aumento de los casos identificados durante esos años.

Suicidios y accidentes: las principales causas de muerte de los reclutas

De los 89 fallecimientos documentados, 33 fueron clasificados como accidentes y 31 como suicidios. El registro también recoge muertes relacionadas con enfermedades, presunta negligencia médica y otras circunstancias ocurridas durante el cumplimiento del servicio militar.

De los 89 fallecimientos documentados, 33 fueron clasificados como accidentes y 31 como suicidios.

Entre los 65 jóvenes cuya edad pudo determinarse, seis eran menores de 18 años: uno tenía 16 y los otros cinco, 17. Todos estos fallecimientos fueron clasificados como suicidios, según la investigación.

Jóvenes cubanos en marcha militar durante el Servicio Militar. Imagen: Reuters.

En al menos nueve casos clasificados como suicidios, las familias cuestionan esa explicación y denuncian posibles encubrimientos. Algunos testimonios señalan que los reclutas habían presentado problemas psicológicos o señales de alarma que, según sus familiares, no recibieron la atención necesaria.

La investigación también documenta muertes durante labores de custodia penitenciaria, accidentes de trabajo y otras actividades asignadas a los reclutas. En algunos casos, las familias cuestionan la preparación de los jóvenes para desempeñar esas funciones.

Matanzas y Holguín: dos tragedias que dejaron 13 reclutas muertos

El incendio de la Base de Supertanqueros de Matanzas, en agosto de 2022, y las explosiones del almacén militar de Melones, en Holguín, en enero de 2025, dejaron 13 reclutas muertos, según los casos recopilados por elTOQUE.

En Matanzas murieron cuatro reclutas de 19 años que cumplían el Servicio Militar en el cuerpo de bomberos. Sus familiares cuestionaron las condiciones en que fueron enviados a combatir el incendio.

En Holguín fallecieron nueve reclutas tras las explosiones del almacén militar de Melones. Sus familiares denunciaron falta de información sobre las operaciones de rescate y recuperación de los cuerpos. Daliha González, hermana de Frank Antonio Hidalgo Almaguer, cuestionó las explicaciones ofrecidas por las autoridades y denunció que su familia continuaba esperando la entrega de sus restos.

Madres que reclaman respuestas frente al régimen cubano

De las 46 familias contactadas por elTOQUE, solo ocho afirmaron que se había realizado una investigación sobre la muerte de sus hijos. Los testimonios recogidos describen dificultades para conocer las circunstancias de los fallecimientos y obtener información sobre posibles responsabilidades.

De las 46 familias contactadas por elTOQUE, solo ocho afirmaron que se había realizado una investigación sobre la muerte de sus hijos.

El medio también solicitó información a instituciones militares y organismos oficiales sobre los fallecimientos documentados, pero no recibió respuesta.

Detalle de la portada del reportaje de elTOQUE sobre los reclutas fallecidos en Cuba.

Entre los testimonios recogidos figura el de Mirna Quiala, madre de Osmel Manresa Quiala, fallecido en 2018. Antes de su muerte, la familia había solicitado reiteradamente su baja del Servicio Militar por circunstancias familiares.

“En este país, a los hijos los parimos las madres y los gobiernan ellos”, afirma Mirna Quiala.

Los testimonios muestran cómo las madres de los reclutas fallecidos han asumido la búsqueda de información sobre sus hijos, desde la reconstrucción de las circunstancias de sus muertes hasta las reclamaciones dirigidas a las autoridades militares.

Marleidy Muñoz: “El SMO no es una etapa que se pasa”

En declaraciones a Alas Tensas, la periodista Marleidy Muñoz reflexionó sobre el alcance de la investigación y su contribución a cuestionar la percepción del Servicio Militar Obligatorio como una etapa habitual de la juventud cubana:

“Poner 89 nombres uno al lado del otro rompe el mito de que son unos años y no pasa nada. Ya no se trata de accidentes aislados, sino de jóvenes que el Estado recibió vivos y no protegió. El régimen cubano ha tratado esas muertes como un trámite. No lo son. Y la impunidad ha sido brutal”.

“Una madre pasó un mes prácticamente viviendo en el cementerio para no alejarse de la tumba de su hijo. Otras familias despidieron a los suyos frente a una foto, sin cuerpo, porque nadie entró a buscarlos al túnel donde quedaron. Hay que mirar cada caso para entender la dimensión de la negligencia dentro del Servicio Militar en Cuba”.

La investigación reúne información individual de los reclutas fallecidos en una base de datos pública, que permite consultar los casos y conocer las circunstancias documentadas de cada muerte. El registro incorpora información recopilada durante el proceso de investigación y testimonios de los familiares:

“Por eso creo que este tipo de investigaciones sí cambia algo, dentro y fuera de Cuba. Le quita al régimen la posibilidad de decir ante el mundo que el servicio es voluntario y que no recluta a menores, porque ahora hay nombres, fechas y edades que lo desmienten. Y les da a las familias una prueba pública de que sus hijos existieron y de que su muerte no fue «normal». El SMO no es «una etapa que se pasa». Para 89 familias fue la etapa en la que perdieron a sus hijos, y en muchos casos las autoridades ni siquiera les han explicado cómo murieron ni han determinado responsables”, explica Marleidy Muñoz.

“Ahí está, para mí, el valor de investigar este tema: ponerle rostro y memoria a lo que durante años se ha normalizado. Una sociedad puede acostumbrarse a una institución, incluso a sus abusos, pero debemos preguntarnos una y otra vez por quienes quedaron atrás. Esta investigación no pretende decirle a nadie qué pensar sobre el Servicio Militar. Lo que sí hace es obligar a mirar lo que ocurre dentro de él y a preguntarse si una «etapa» puede seguir llamándose así cuando algunas familias nunca pudieron dejarla atrás”.

Investigar como periodista y escuchar como madre

La investigación también tuvo una dimensión personal para Marleidy Muñoz. Al ser preguntada sobre cómo confluyeron su experiencia como madre y su ejercicio profesional durante las entrevistas con las familias, la periodista reconoció:

“Se mezclaron por completo, y no voy a fingir lo contrario. No hubo una sola entrevista en la que no pensara en mis hijos. Cada vez que una madre me contaba cómo le entregaron el ataúd, yo hacía la pregunta como periodista, pero la escuchaba como madre. Hubo conversaciones que tuve que interrumpir y noches en las que no pude escribir. No salí intacta de este trabajo, y creo que no debía salir intacta”.

El proceso de documentación exigió reconstruir historias individuales a partir de fuentes dispersas y contrastar la información disponible sobre los fallecimientos. El trabajo periodístico se desarrolló en un contexto de acceso limitado a información oficial sobre las muertes ocurridas durante el servicio militar:

“Pero el dolor no cambió los hechos. Lo que sentí me obligó a ser más rigurosa, no menos, porque sabía que detrás había una madre esperando que alguien contara bien la historia de su hijo. La sensibilidad me permitió llegar a ellas; los datos son los que sostienen lo que encontramos. Se mezclaron, inevitablemente. Sería deshonesto decir que pude hacer este trabajo sin que me atravesara como madre. No oculto ninguna de las dos. Creo que reconocer esa vulnerabilidad también es una forma de honestidad periodística”.

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