Arte │ Araceli Gilbert, una mirada radical

Araceli Gilbert tardó años en recibir el reconocimiento que merecía, pero su genio y su tenacidad hicieron de ella un símbolo del arte en Latinoamérica.

| Multimedia | 25/05/2026
Araceli Gilbert, París 1953. Foto: Helmer Lund Hansen
Araceli Gilbert, París 1953. Foto: Helmer Lund Hansen

Hay artistas que trabajan en armonía con las tendencias de su tiempo, y hay otros que lo hacen rompiendo con las normas, abriendo un camino propio en medio de lo habitual. Araceli Gilbert pertenece a ese segundo grupo. Nacida en Guayaquil, en diciembre de 1913, era hija de una familia asentada en la élite intelectual porteña. Pero desde su infancia encontró en la pintura un espacio de libertad que el mundo exterior no le ofrecía.

Su camino en el arte, a contracorriente y marcado por la interacción con estéticas diversas, la llevó a crear una obra muy distinta a la de sus contemporáneos: geométrica, abstracta y radicalmente moderna en un Ecuador que miraba hacia su pasado indígena como único horizonte artístico posible.

De Ecuador a París

En 1936, con 22 años y el respaldo económico de su padre, Gilbert inició su formación en la Academia de Bellas Artes de Santiago de Chile, donde estudió bajo la dirección de Hernán Gazmuri y Jorge Caballero. Allí, bajo la influencia de un postimpresiomo europeo filtrado por los ojos del grupo chileno Montparnasse, se inclinó hacia lo que ella misma llamaría un “objetivismo limpio y exacto”.

Entre 1942 y 1943, tras un breve regreso a Ecuador, fue discípula del pintor alemán Hans Michaelson en la Escuela de Bellas Artes de Guayaquil. De él asimiló las formas del expresionismo y un cauteloso acercamiento a la pintura figurativa y el realismo social ecuatoriano. Obras como Cabeza de india (1943), Lomas (1946) y El cargador (1947) son ejemplos de su personal aproximación al ambiente artístico que eran entonces dominante en su país.

Areceli Gilbert: "Mujer sentada" (ca. 1937).
Areceli Gilbert: "Mujer sentada" (ca. 1937).

Sin embargo, ya desde 1944, al marcharse a Nueva York, su camino empezó a alejarse de la figuración, y hacia 1950, cuando llegó a París, esa etapa inicial de su formación quedó atrás definitivamente.

En Nueva York, Gilbert ingresó a la Escuela de Arte Amédée Ozenfant y descubrió el cubismo analítico. Pero fue en París, durante la primera mitad de la década del cincuenta, donde ocurrió su transformación definitiva. Allí, en el Taller de Arte Abstracto de Jean Dewasne y Edgard Pillet, y con la cercanía de artistas como Auguste Herbin, el más destacado abstraccionista francés de la época, desarrolló el lenguaje pictórico que definiría el resto de su vida.

Fue en esos años que comenzó a exhibir regularmente, y su primera muestra personal en la Galería Arnaud, en 1953, consolidó su proyección como artista internacional.

Una voz propia

Al regresar a Ecuador, Araceli Gilbert traía consigo una mirada plástica que chocaba de frente con el ambiente artístico nacional. Mientras el indigenismo, con su carga de denuncia social y su recuperación nacionalista del pasado precolombino, dominaba el discurso, ella proponía formas geométricas, líneas duras, planos de colores puros y una exploración casi matemática de la composición visual. Su obra dialogaba con el constructivismo ruso y el arte concreto europeo, pero ese diálogo no era una asimilación acrítica de las vanguardias.

El contacto con el mundo neoyorquino y parisino habían marcado su estilo, dándole un lenguaje contemporáneo que, sin embargo, no borró sensibilidad americana. Esa síntesis de la geometría constructiva internacional con una paleta de colores y unos motivos propios del trópico latinoamericano, fue, según los críticos posteriores, su aporte más singular al arte de su país. Gilbert fue, en ese sentido, la primera ecuatoriana en incorporarse a la abstracción, abriendo una brecha por la que después transitarían generaciones enteras de artistas.

En 1960 ganó el segundo premio en el Salón de Octubre de Guayaquil, y al año siguiente, el primer premio en el Salón Mariano Aguilera de Quito. Desde entonces expuso habitualmente en las principales bienales de Latinoamérica.

Color, movimiento y metal

Areceli Gilbert: "Mural cinético" (1981).
Areceli Gilbert: "Mural cinético" (1981).

A comienzos de los años setenta, Gilbert descubrió nuevas posibilidades cromáticas con el uso de la pintura acrílica. Sus composiciones se hicieron entonces más dinámicas, formas que jugaban con el arte óptico, líneas de horizonte que se tensaban, degradaciones sutiles, efectos visuales que los críticos denominaron “cinetismo virtual”. El ojo del espectador nunca quedaba quieto frente a sus cuadros.

En 1972 presentó en Quito una de sus obras más celebradas: Réquiem por Sidney Bechet, un homenaje al legendario saxofonista de jazz estadounidense. La elección del referente, un músico afroamericano del sur de Estados Unidos, era en sí misma un gesto de cosmopolitismo en una escena cultural que raramente miraba más allá de sus propias fronteras.

En 1979 el Banco Central del Ecuador, en Quito, le dedicó una retrospectiva con más de cincuenta obras. Dos años después llegó su trabajo más ambicioso, el Mural Cinético para el Banco Central de Guayaquil (1981), una composición de 3 por 8 metros en acero inoxidable que desbordaba la pintura y entraba de lleno en el territorio del diseño urbano y la intervención del espacio público. A sus casi setenta años, Gilbert seguía siendo la artista más adelantada de su generación.

Símbolo del arte contemporáneo en Ecuador

En 1989, el gobierno ecuatoriano le otorgó el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo, el más alto reconocimiento del Estado en materia artística. Unos años después, en febrero de 1993, murió en Quito a los 79 años.

Como tantas mujeres artistas de la modernidad latinoamericana, Araceli Gilbert sufrió en vida el desprecio de una historia del arte construida mayoritariamente por hombres y en torno a artistas masculinos. Su nombre tardó décadas en ocupar el lugar que merecía. Hoy, sin embargo, una cátedra lleva su nombre en la Universidad de las Artes de Guayaquil, y su obra Manhattan preside el edificio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Araceli Gilbert no fue solo una artista excepcional, fue una mujer que se atrevió a ser diferente cuando esto significaba ser incomprendida e ignorada. El tiempo, pero sobre todo su talento y su tenacidad, hicieron de ella un símbolo del arte contemporáneo en su país y un referente para las nuevas generaciones de creadores.

Vea a continuación una galería con algunas de sus obras más relevantes.

  • Araceli Gilbert: "Composición con máscaras" (1946).
  • Areceli Gilbert: "Cabeza de india" (1943), detalle.
  • Areceli Gilbert: "Rojo y Negro / Cuarenta años de la victoria sobre el nazismo" (1985).
  • Areceli Gilbert: "Construcción horizontal" (1973).
  • Areceli Gilbert: "Forma en equilibrio" (1952).
  • Areceli Gilbert: "Composición abstracta" (1958).
  • Areceli Gilbert: "Manhattan" (1985).
  • Areceli Gilbert: "Lomas" (1946).
  • Areceli Gilbert: "Composición concreta" (1955).
  • Araceli Gilbert: "Todo encaja" (1943).

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