Afganistán: el 90% de las mujeres necesita autorización masculina para salir de casa

Un informe de ONU Mujeres muestra cómo cinco años de restricciones han reducido la autonomía femenina y cerrado espacios educativos, laborales y públicos.

| Mundo | 18/08/2026
Mujer afgana con burka a la entrada de un comercio en Afganistán. Foto: AP.

Cinco años después del regreso de los talibanes al poder en Afganistán, las mujeres y las niñas enfrentan restricciones a la educación, el empleo, la movilidad y la participación pública que han reducido su autonomía y sus posibilidades de construir un proyecto de vida. Un informe de ONU Mujeres publicado en 2026 documenta la consolidación de un sistema de control basado en decretos, prohibiciones y mecanismos de vigilancia social que limita cada vez más sus derechos y su presencia en la vida pública.

La investigación incluye una encuesta realizada en abril y mayo de 2026 a 2.210 mujeres y 601 hombres en las 34 provincias afganas, además de grupos focales con mujeres de Bamyan, Herat, Kabul y Nangarhar. Los resultados muestran que las restricciones afectan no solo su acceso a la educación, el empleo y la vida pública, sino también su capacidad para desplazarse, expresarse y tomar decisiones sobre su propio futuro.

De los avances en educación y empleo a una nueva exclusión

La presencia de las mujeres afganas en la educación y el trabajo no comenzó con la intervención internacional de 2001. Naciones Unidas documenta su incorporación a la universidad y al mercado laboral desde la década de 1950. En 1991, unas 7.000 mujeres cursaban estudios superiores y 230.000 niñas asistían a la escuela; además, el país contaba con unas 190 profesoras universitarias y alrededor de 22.000 maestras.

Ese proceso sufrió un fuerte retroceso durante el primer gobierno talibán, entre 1996 y 2001. Al finalizar ese periodo, ninguna niña asistía a la escuela, según ONU Mujeres. Tras la intervención militar liderada por Estados Unidos y la caída de los talibanes en 2001, durante las dos décadas siguientes se recuperaron, aunque de forma desigual, espacios educativos, profesionales y políticos para las mujeres. En 2021, alrededor de 2,5 millones de niñas estaban matriculadas en la educación primaria.

Las niñas tienen prohibido continuar la educación formal después del sexto grado.

El regreso de los talibanes en agosto de 2021 inició un nuevo cierre de esos espacios. Las niñas tienen prohibido continuar la educación formal después del sexto grado, mientras las mujeres están excluidas de las universidades y de gran parte de la formación profesional. Desde diciembre de 2024, las restricciones incluyen también la formación médica para mujeres.

Trabajo, medios y autonomía económica

Las autoridades talibanas han restringido progresivamente el derecho de las mujeres al trabajo y a la independencia económica. En 2021 se ordenó a las empleadas públicas permanecer en sus casas; en diciembre de 2022 se prohibió a las mujeres trabajar para ONG nacionales e internacionales; en abril de 2023 la medida se extendió a entidades de Naciones Unidas y, en julio de ese mismo año, fueron cerrados los salones de belleza.

Mujeres esperan para recibir ayuda humanitaria en Kabul bajo la vigilancia de un combatiente talibán. Foto: Ebrahim Noroozi
Mujeres esperan para recibir ayuda humanitaria en Kabul bajo la vigilancia de un combatiente talibán. Foto: Ebrahim Noroozi.

El mercado laboral femenino ha quedado concentrado en trabajos realizados desde el hogar y en sectores tradicionalmente feminizados, además de algunos ámbitos todavía permitidos, como la salud y la enseñanza primaria. Paralelamente, las mujeres han perdido visibilidad en los medios de comunicación: desde mayo de 2022, las presentadoras y periodistas de televisión deben cubrirse el rostro, mientras otras disposiciones han restringido la presencia de rostros femeninos en televisión y de voces de mujeres en la radio.

La movilidad de las mujeres, condicionada por la autorización masculina

Las restricciones alcanzan directamente la libertad de movimiento. El 90% de las mujeres consultadas necesita permiso de un familiar varón para salir de casa y el 75% afirma sentirse insegura si lo hace sin un guardián masculino o mahram. Además, el 56% evita espacios públicos como mercados y centros de salud.

La brecha de movilidad entre mujeres y hombres es marcada: el 52% de las mujeres sale de casa dos veces al mes o menos, mientras el 96% de los hombres lo hace todos los días. El aislamiento es mayor en las zonas rurales: el 62% de las mujeres afirmó que rara vez sale de su hogar, frente al 42% de las residentes en áreas urbanas.

La brecha de movilidad entre mujeres y hombres es marcada: el 52% de las mujeres sale de casa dos veces al mes o menos.

El control afecta también la expresión pública de las mujeres. Alrededor de dos tercios limitan los temas sobre los que hablan fuera de su familia, y varias participantes describieron la vigilancia de vecinos sobre su vestimenta, sus desplazamientos y las personas con las que se relacionan. En 2026, el 39% afirmó que la presión para modificar su comportamiento había aumentado durante el año anterior.

Del control público a las decisiones familiares

ONU Mujeres documenta que las restricciones institucionales están modificando también las decisiones dentro de los hogares. Algunas madres explicaron que sus expectativas de que sus hijas continúen estudiando están siendo sustituidas por la posibilidad del matrimonio porque “nada más es realista ahora”.

El informe señala además que el Decreto 18, aprobado en mayo de 2026, permite implícitamente el matrimonio infantil y dificulta que las mujeres y las niñas abandonen un matrimonio. En la práctica, según ONU Mujeres, la posibilidad de separarse puede depender del consentimiento del esposo, lo que profundiza la dependencia respecto al cónyuge.

Siete de cada diez mujeres describen su salud mental como mala o muy mala

El aislamiento está asociado a un mayor deterioro del bienestar emocional. Siete de cada diez mujeres describen su salud mental como mala o muy mala. Entre quienes salen de casa al menos una vez al día, el 49,2% afirmó que su salud mental había empeorado, frente al 68,8% entre las mujeres que salen menos de una vez al mes.

Pese a estas restricciones, las mujeres continúan expresando aspiraciones vinculadas con la educación, el empleo, los negocios y el liderazgo comunitario. ONU Mujeres señala que, si se levantaran las prohibiciones, las mujeres regresarían a los estudios y a sus carreras profesionales. Las participantes en los grupos focales también afirmaron que retomarían los negocios y la participación en sus comunidades.

Cada año de exclusión supone años de educación perdidos, capacidades profesionales erosionadas y redes de trabajo debilitadas. ONU Mujeres advierte que levantar las restricciones no permitiría recuperar de inmediato esas oportunidades ni revertir automáticamente sus efectos.

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