Senado de EE.UU. bloquea intento de limitar acciones militares de Trump contra el régimen cubano
El Senado estadounidense abre el camino a Trump para atacar Cuba sin autorización del Congreso, mientras Marco Rubio lanza duras advertencias al régimen.
El Senado estadounidense, con mayoría republicana, bloqueó el 28 de abril una resolución demócrata que buscaba impedir al presidente Donald Trump emprender acciones militares contra Cuba sin autorización del Congreso. La resolución, impulsada por los senadores Ruben Gallego, de Arizona, Tim Kaine, de Virginia, y Adam Schiff, de California, aspiraba a prohibir el uso de la fuerza para derrocar al régimen cubano. Los únicos republicanos que respaldaron la iniciativa fueron Susan Collins, de Maine, y Rand Paul, de Kentucky; mientras el senador demócrata John Fetterman, de Pensilvania, votó en contra.
El senador republicano Rick Scott, de Florida, fue quien introdujo la cuestión de orden que impidió que la resolución se aprobara, argumentando que no se justificaba el voto porque Trump no ha desplegado tropas contra La Habana. Scott tachó el debate de “inútil” al señalar que Estados Unidos no está en hostilidades activas con Cuba.
Los demócratas, sin embargo, sostienen que ya hay una acción militar en curso. El senador Kaine alegó que los esfuerzos para cortar el suministro de combustible a la isla son en sí mismos una acción militar, afirmando: “Si alguien le hiciera a Estados Unidos lo que nosotros le estamos haciendo a Cuba, lo consideraríamos sin duda un acto de guerra”.
Advertencias de Marco Rubio al régimen

Simultáneamente, en una entrevista con Fox News, el Secretario de Estado Marco Rubio acusó a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de países hostiles a Estados Unidos muy cerca de su territorio, advirtiendo que la administración Trump no lo tolerará. “No vamos a permitir que un ejército extranjero, ni un aparato de inteligencia o de seguridad, opere con impunidad a solo 90 millas de nuestras costas. Bajo el presidente Trump, esto no va a suceder”, dijo.
Las acusaciones de Rubio se apoyan en un reciente informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) que identificó al menos cuatro instalaciones de inteligencia de señales operadas por China en la isla: Bejucal, El Wajay, Calabazar y El Salao. Esta última, ubicada en Santiago de Cuba, resulta especialmente preocupante por su cercanía a la base naval de Guantánamo. Imágenes de satélite analizadas hasta marzo de 2024 evidencian que esas instalaciones se ampliaron desde 2021.
Sobre la cúpula del régimen cubano, Rubio reiteró algo que ha venido señalando en los últimos meses: “las cosas pueden mejorar en Cuba con reformas económicas serias, pero no con la gente que está al mando actualmente”, insistió, calificándolos como “económicamente incompetentes”.
Para Rubio, la permanencia de los comunistas en La Habana es el principal obstáculo para que Cuba recupere su libertad y prosperidad, criticando al régimen de la isla por haber extendido “la alfombra roja” a adversarios extranjeros y convertir al territorio cubano en un enclave de inteligencia que amenaza la seguridad nacional estadounidense.
La escalada de las tensiones

Los acontecimientos del 28 de abril son el más reciente paso en una escalada que se aceleró drásticamente desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025. Trump intensificó su presión sobre Cuba en junio de 2025, cuando restringió a los viajes de turistas estadounidenses a la isla y limitó las transacciones financieras con entidades controladas por el ejército cubano.
El punto de inflexión llegó en enero de 2026, tras la operación para capturar a Nicolás Maduro en Caracas. Desde entonces Trump prohibió los envíos de petróleo venezolano a Cuba e impuso sanciones a los países que le suministraran crudo. En marzo, llegó a declarar: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, aunque sus funcionarios precisaron que Estados Unidos estaba dispuesto a resolver el problema por la vía diplomática, pero que “no permitirá que la isla se convierta en una amenaza grave para la seguridad nacional si los líderes cubanos son incapaces o no están dispuestos a actuar”.
En ese contexto, el 13 de marzo Díaz-Canel confirmó por primera vez que se estaban llevando a cabo conversaciones diplomáticas entre ambos países. Casi un mes más tarde, el 10 de abril, en un encuentro secreto celebrado en La Habana, Washington dio a Cuba dos semanas para liberar a prisioneros políticos de alto perfil como “muestra de buena fe”. La exigencia fue rechazada por el régimen y el plazo venció el 24 de ese mes entre revelaciones de preparativos para un posible ataque estadounidense a la isla. El Pentágono, sin embargo, ha negado esos planes.
Las declaraciones de la administración Trump y la reciente decisión del Senado que abre el camino para una posible acción militar en Cuba sin necesidad de que el Congreso la apruebe, muestran un escenario que recuerda cada vez más a la Crisis de los Misiles en 1962.
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