Arte │ Mela Muter, una honestidad sin concesiones
Mela Muter construyó una carrera singular en el corazón de la vanguardia artística parisina, sorteando los obstáculos del género, el exilio y la guerra.
Nacida en 1869, en una familia judía culta y acomodada de Varsovia que se esforzó por darle una buena educación, Maria Melania Klingsland, luego conocida como Mela Muter, mostró desde joven una vocación artística que el contexto cultural de su época hacía difícil desarrollar.
En 1901 se instaló en París junto a su esposo, el escritor Michał Mutermilch, y pronto se integró en la efervescente colonia de artistas judíos y centroeuropeos que daría lugar a la llamada Escuela de París. En Montparnasse compartió con Modigliani, Soutine, Kisling y otros artistas que, como ella, llevaban el desarraigo en el alma.
La ciudad la acogió, pero las academias y los espacios oficiales del arte en el París de principios del siglo XX seguían siendo un territorio donde la presencia femenina era apenas tolerada. Muter expuso en los Salones de Otoño y de los Independientes, donde su trabajo logró el reconocimiento suficiente para permitirle sostenerse profesionalmente. Sin embargo, la crítica de la época solía reducirla a su condición de mujer y extranjera, eclipsando el rigor y la originalidad de sus propuestas pictóricas.
A inicios de los años treinta, Muter se unió a la Sociedad de Mujeres Artistas Modernas, exponiendo su obra y compartiendo espacios con otras importantes creadoras como Chana Orloff, Bessie Davidson, Marie Laurencin y Tamara de Lempicka. En 1937, en la cima de su éxito, la Exposición Universal de París la premió con la medalla de oro por su trabajo.
Pero poco después, cuando la ocupación alemana amenazó París, Muter se vio obligada a refugiarse en el sur de Francia, en Aviñón, donde vivió en la clandestinidad durante años. Ser judía la convertía en blanco de la persecución nazi y ser mujer la hacía a menudo invisible para quienes podían ayudarla. Esa doble marginalidad no la quebró, aunque profundizó en su obra una mirada hacia lo humano que distingue desde entonces su proyección como artista: sus retratos de mendigos, monjes, ancianos y figuras populares no son representaciones de la miseria, sino de una dignidad resiliente.
Poco a poco, Muter transitó desde un postimpresionismo cercano a Cézanne y Van Gogh hasta un lenguaje mucho más personal donde la síntesis se vuelve un elemento central. Así, si sus primeras obras dejaban ver la influencia del entorno parisino: las pinceladas sueltas, la paleta luminosa, la atención al paisaje; después de la guerra, tras su regresa a París, su trazo era más duro y sus colores más dramáticos.
Entre los rasgos que definen la madurez de su estilo destaca justamente el retrato psicológico de sus modelos, con una clara predilección por los rostros marcados por la dureza de la vida. Esto, y el uso de una gama cromática que oscila entre la calidez terrosa y los azules profundos, la situaron en una posición única dentro de la Escuela de París.
La reivindicación tardía
Muter murió en 1967, con más de noventa años y una extensa obra que, sin embargo, tardó décadas en recibir el reconocimiento que merecía. Durante décadas, la Historia del Arte y el mercado marginaban sistemáticamente a las artistas mujeres. Pero, en el caso de Muter, a ese obstáculo se sumó también su condición de judía e inmigrante. La ausencia de herederos directos que gestionaran su legado tampoco favoreció su visibilidad póstuma.
En los años finales del siglo XX, sin embargo, la historiografía feminista y los estudios académicos sobre la Escuela de París han devuelto a Muter el lugar que le corresponde. Sus obras han salido de las colecciones privadas para exponerse en museos de Polonia, Francia e Israel, y varias retrospectivas han permitido trazar el arco completo de una trayectoria creativa sostenida casi en la sombra durante más de sesenta años.
Mela Muter miró de frente al mundo, retratando sus miserias y su belleza con una honestidad sin concesiones. Su mirada tardó mucho en ser reconocida, pero esto dice más sobre la época en que le tocó vivir que sobre la innegable calidad de su pintura.
Vea a continuación una galería con algunas de sus obras más relevantes.
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