Robos en el campo cubano obligan a campesinos a trabajar de día y vigilar de noche
Aurora Ledesma denuncia que los productores deben proteger por su cuenta fincas y animales, mientras el hurto de ganado continúa golpeando al sector agropecuario.
La campesina cubana Aurora Ledesma, creadora del perfil @aurora_in_cuba, denunció que producir alimentos implica también asumir tareas de vigilancia ante los robos en el campo cubano. Según relató, trabaja durante el día y permanece atenta por las noches para proteger su finca, una rutina que termina agotando a quienes dependen del trabajo agrícola.
Aurora Ledesma describió la situación como una convivencia permanente entre “policías y ladrones” y vinculó el aumento de los delitos rurales con el deterioro económico y las necesidades de la población. Su testimonio refleja además la desprotección de los productores, que aseguran no encontrar mecanismos eficaces para impedir nuevos robos.
Más de 27.000 animales afectados por robos
La denuncia no aparece aislada. Datos del Ministerio de la Agricultura presentados ante la Asamblea Nacional en julio de 2025 indicaron que durante 2024 el hurto y sacrificio ilegal de ganado afectó a más de 27.000 animales, entre vacunos y equinos. El fenómeno se ha convertido en un problema que golpea a la ganadería cubana.
En Camagüey, uno de los principales territorios ganaderos del país, las autoridades desplegaron en septiembre de 2026 a más de 330 jinetes organizados en brigadas para reforzar la vigilancia rural frente al hurto y sacrificio ilegal de ganado. La medida evidencia hasta qué punto la seguridad del campo está recayendo también sobre cooperativas, trabajadores y productores.
La inseguridad también golpea la producción
Para los campesinos, el impacto no termina con la pérdida material. Cada animal robado, cada cosecha sustraída y cada noche dedicada a vigilar reducen tiempo, recursos y capacidad productiva. La experiencia de Aurora Ledesma muestra una doble carga para el campesinado: producir en condiciones adversas y proteger por cuenta propia lo producido ante los robos en el campo cubano.
La situación vuelve a colocar bajo escrutinio la capacidad del Estado cubano para garantizar seguridad rural. Cuando los campesinos deben convertirse también en vigilantes, la inseguridad deja de ser solo un problema policial y pasa a afectar directamente la producción de alimentos.
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