El cuerpo como huella: Tate Modern revisa la obra de Ana Mendieta
La exposición dedicada a la artista nacida en Cuba reunirá obras emblemáticas y piezas poco vistas que exploran la relación entre cuerpo, naturaleza, exilio e identidad.
La galería Tate Modern de Londres dedicará una exposición a Ana Mendieta, artista nacida en La Habana en 1948 y una de las figuras más singulares del arte del siglo XX. La muestra podrá verse del 15 de julio de 2026 al 17 de enero de 2027.
La exposición, titulada “Ana Mendieta”, revisará algunas de sus obras más reconocidas, muchas vinculadas a su Serie Silueta, realizada entre 1973 y 1980. También incluirá películas recientemente remasterizadas, pinturas de sus inicios, esculturas de su última etapa e instalaciones reescenificadas.
La propuesta continuará además fuera de las paredes de la galería, a través de una exploración de la relación de Ana Mendieta con el mundo natural, uno de los ejes centrales de su obra.
La exposición está organizada por la Tate Modern en colaboración con el legado de Ana Mendieta. La investigación cuenta con el respaldo del Centro de Investigación Hyundai Tate: Transnacional, en colaboración con Hyundai Motor.
La Serie Silueta y el cuerpo como presencia y ausencia
Ana Mendieta es ampliamente conocida por su Serie Silueta, un conjunto de obras en las que exploró la presencia y la ausencia del cuerpo humano mediante materiales naturales como el fuego, el agua, la tierra y las flores. Por su carácter efímero, muchas de estas acciones fueron documentadas en fotografías y películas.
En esas piezas, el cuerpo femenino no aparece como objeto pasivo de representación, sino como huella, límite, memoria y territorio. La obra de Ana Mendieta permite leer la intervención de una artista latina y migrante en un campo marcado durante décadas por miradas masculinas sobre el cuerpo, la performance y el espacio.
Activa durante los años setenta y los primeros años ochenta, Ana Mendieta desarrolló una práctica en la que el desplazamiento, la identidad, la pertenencia y la relación con la naturaleza ocuparon un lugar central. Estos temas, señalados por la Tate como aún relevantes, atraviesan buena parte de su producción y explican la vigencia de su obra en debates contemporáneos sobre migración, memoria y representación.
Ana Mendieta: una biografía marcada por el exilio
Nacida en La Habana en 1948, en una familia de clase media, Ana Mendieta fue enviada a Estados Unidos a los doce años junto a su hermana Raquel, como parte de la Operación Peter Pan. Inicialmente, ambas creyeron que la separación de Cuba sería breve, pero terminaron permaneciendo en Estados Unidos y convirtiéndose en inmigrantes latinas en un país atravesado entonces por las luchas por los derechos civiles.
Ese desarraigo aparece de manera recurrente en su obra, no como una referencia anecdótica, sino como una experiencia que atraviesa su relación con el cuerpo, la tierra y la memoria. En su producción, la naturaleza funciona a menudo como espacio de inscripción: un lugar donde la figura humana deja una marca, pero también desaparece.

Sobre la cultura, Ana Mendieta dejó una reflexión que ayuda a comprender la dimensión espiritual y social que atribuía al arte:
“Me gusta pensar en la cultura como la memoria de la historia. Sin embargo, según Lévi-Strauss, la cultura es la combinación de costumbres, creencias, hábitos y actitudes que adquiere el hombre como miembro de una sociedad. Creo que la mayor importancia del arte, aunque es una parte material de la cultura, es su papel espiritual y la influencia que ejerce en la sociedad, puesto que el arte es el resultado de la actividad espiritual del hombre y su gran contribución tiene que ver con el desarrollo intelectual y moral del hombre.”
Una obra entre el arte conceptual, la performance y el feminismo
Aunque suele ser mencionada junto a artistas conceptuales y performativos como Vito Acconci, Dennis Oppenheim o Robert Smithson, así como junto a artistas mujeres como Marina Abramović, Joan Jonas y Hannah Wilke, la obra de Ana Mendieta desafía clasificaciones cerradas. Su práctica se desplaza entre la performance, la fotografía, el video, la escultura, la pintura y la intervención en espacios naturales.
Esa dificultad para encasillarla es una de las claves de su legado artístico. Mendieta no produjo únicamente imágenes del cuerpo: construyó obras en las que el cuerpo se convertía en marca, ausencia, rito, archivo y pregunta. En ese sentido, su producción dialoga con preocupaciones feministas sin quedar reducida a una sola etiqueta estética o política.

El crítico Michael Rush advirtió contra las comparaciones superficiales al contextualizar la obra de Ana Mendieta:
“Debemos evitar las comparaciones superficiales con otros artistas, artistas performativos, feministas, conceptuales, postmodernos, etc. en el momento de contextualizar la obra de Mendieta. Aunque estuviera relacionada con esos artistas pioneros, el trabajo de Mendieta es lo bastante único y singular dentro de la historia del arte de mediados y finales del siglo XX.”
Tate Modern y la relectura de una artista imprescindible
La Tate señala que esta exposición es la primera muestra exhaustiva de Ana Mendieta en el Reino Unido en más de diez años y que pone de relieve su lugar entre las artistas más importantes del siglo XX. El recorrido permitirá revisar sus piezas más conocidas y acceder, al mismo tiempo, a etapas menos difundidas de su producción.
La muestra reunirá películas remasterizadas, pinturas tempranas, esculturas tardías e instalaciones no vistas antes en Reino Unido.
Con ese recorrido, Tate Modern propone una lectura más amplia de Ana Mendieta, una artista asociada durante años, sobre todo, con la Serie Silueta. El recorrido la sitúa en un marco más amplio: el exilio, el cuerpo, la naturaleza y la pregunta por la identidad.
La exposición de Tate Modern se inscribe en un contexto de revisión del lugar de las mujeres artistas y de figuras desplazadas del canon. En el caso de Ana Mendieta, esa revisión permite volver sobre una obra atravesada por la biografía, la materia y la memoria.
En su producción, el cuerpo aparece como presencia, huella y ausencia. Desde ahí, Ana Mendieta abordó el exilio, la identidad y el lugar de las mujeres en la historia del arte.
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