Obituario | Inés Casal: "Una noble mujer que soñó con una Cuba donde quepamos todos"
Docente universitaria durante más de tres décadas, reflexionó sobre la vejez, la represión y la separación familiar, y respaldó públicamente a una nueva generación de cubanos que cuestionó al régimen.
La profesora universitaria cubana Inés Casal falleció este 11 de agosto en La Habana. Química de formación y docente durante más de tres décadas, en los últimos años se convirtió también en una voz pública sobre la situación de las personas mayores, la libertad de expresión y las consecuencias que la represión política tiene sobre las familias cubanas.
En una entrevista con Cuido60, Casal reconstruyó buena parte de su infancia, formación y trayectoria profesional. Relató que nació y vivió hasta los nueve años en Finca Orbeta, en la provincia de Matanzas, un asentamiento rural que había pertenecido originalmente a su abuelo paterno, un emigrante gallego dedicado al cultivo de la caña de azúcar.
Fue la sexta de siete hermanos y describió su infancia como una etapa feliz, rodeada del apoyo de sus padres y hermanos mayores. Sus primeros tres años de Enseñanza Primaria transcurrieron en la Escuela Rural de Finca Orbeta. En 1956, su padre decidió trasladar definitivamente a la familia a La Habana para buscar mejores condiciones de vida y educación para sus hijos.
También según contó a Cuido60, continuó sus estudios en la Escuela Pública No. 97 Capitana Adela Azcuy Labrador, en Santos Suárez, donde terminó el sexto grado en 1960. Más tarde matriculó la Licenciatura en Química, una elección que inicialmente estuvo motivada por el deseo de continuar estudiando junto a sus dos mejores amigas, pero que terminó definiendo su vida profesional.
"Durante mi carrera fue que empecé a amar esa profesión y nunca me arrepentí de haber optado por ella", recordó.
La enseñanza como "razón de ser"
Fue también durante sus años universitarios cuando descubrió su vocación docente. Desde segundo año se desempeñó como alumna ayudante y, después de graduarse, fue ubicada como profesora en su propia facultad, donde permaneció hasta jubilarse más de 30 años después.
En la entrevista con Cuido60, Inés Casal explicaba con claridad qué lugar ocupó la enseñanza en su vida: "Pararme en un aula frente a un grupo de jóvenes deseosos de aprender fue mi mayor incentivo para superarme".
Aunque su trabajo universitario incluía también la investigación, reconocía que esa no había sido su principal motivación. Su interés estaba en encontrar mejores formas de enseñar, especialmente porque durante la carrera apenas había recibido preparación didáctica más allá de su experiencia como alumna ayudante.
La profesora que dedicó décadas a las aulas terminaría convirtiendo también su propia experiencia vital en materia de reflexión pública.
Envejecer en Cuba: dependencia, miedo y separación familiar
Casal colaboró con Cuido60 y reflexionó sobre el envejecimiento desde una perspectiva que iba más allá de las carencias materiales. Para ella, una de las dimensiones más dolorosas de la vejez en Cuba era la dependencia económica de los hijos y, sobre todo, el miedo que llevaba a muchas familias a pedir silencio a las nuevas generaciones.
En una entrevista con la organización retomó fragmentos de una de sus primeras colaboraciones y explicó:
"Cuando vamos en contra de nuestros más sinceros principios de honradez y decoro y le pedimos a nuestros hijos y a nuestros nietos que callen su manera de pensar para que no se busquen problemas o no nos lo busquen a nosotros, yendo incluso en contra de lo que les hemos enseñado a lo largo de sus vidas, nos sentimos hipócritas e indignos".
También escribió sobre las consecuencias de la emigración y la separación familiar: "Cuando no podemos dejar de pensar en la felicidad y la salud de los hijos que se encuentran lejos, nos hundimos en la soledad y la desesperación".
Y resumió uno de los temores que acompañaban a muchas madres y padres cubanos: "Cuando vivimos con el alma en la garganta pensando en lo vulnerables que son nuestros hijos solo por ser honestos y hablar sin hipocresía, sentimos un dolor inimaginable, mezcla de culpa y decepción".
Esa reflexión no era abstracta. Inés Casal conocía de cerca las consecuencias de un sistema político que castiga la expresión independiente. Su hijo, el artista cubano Julio Llópiz, se encuentra solicitando asilo político en España junto a su esposa, la periodista Luz Escobar, y las dos hijas de ella. Llópiz participó en el 27N, una de las mayores movilizaciones de artistas e intelectuales ocurridas en Cuba después del triunfo de la Revolución. Su vínculo con una generación de creadores que perdió el miedo a cuestionar al régimen lo convirtió en blanco de persecución.
Una madre que defendió públicamente el derecho a disentir
Tras conocerse su fallecimiento, CubaXCuba — Laboratorio de Pensamiento Cívico recordó que muchos cubanos comenzaron a conocer públicamente a Inés Casal en 2020, cuando dirigió una carta al entonces viceministro de Cultura Fernando Rojas.
La organización destacó que en aquella carta defendió no solo el derecho de su hijo, el diseñador y artista visual Julio Llópiz-Casal, a pensar y actuar libremente, sino también "el derecho de las nuevas generaciones de cubanos a disentir".
En su despedida, CubaXCuba escribió: "Su civismo, honestidad y valor se mantuvieron intactos hasta el final". Y añadió: "Inés Casal no será olvidada".
La defensa de su hijo terminó siendo también una defensa pública de principios que Casal consideraba esenciales: la honestidad, el derecho a expresar desacuerdo y la posibilidad de construir una Cuba donde disentir no implicara represión.
"Soñó con una Cuba donde quepamos todos"
Las muestras de afecto tras su muerte llegaron desde ámbitos muy diferentes.
El cineasta Ian Padrón recordó la conversación que mantuvo con ella cinco años atrás en Derecho a Réplica. "Su claridad meridiana y apoyo a su hijo me marcaron como ser humano", escribió.
Padrón la definió además como una "noble mujer cubana que no se dejó atrapar por su pasado y soñó con una Cuba donde quepamos todos".
Zea Gisselle dejó una de las despedidas más íntimas: "Toda la luz que diste en vida y toda la vida que nos regalaste". Su mensaje terminó con una promesa: "Vamos a seguir intentando dejarte un país bonito".
La cantante Haydée Milanés, en una publicación dirigida a Julio Llópiz-Casal, recordó que, aunque no conoció personalmente a Inés, seguía sus intervenciones públicas en las redes sociales. "Tu madre inspiró a mucha gente", escribió.
Las despedidas coinciden en un elemento: el reconocimiento a una mujer que, después de una extensa vida profesional dedicada a la enseñanza, decidió intervenir públicamente en los debates de su tiempo y acompañar el derecho de las generaciones más jóvenes a expresar aquello que pensaban.
Una certeza sobre el futuro
Inés Casal no ocultaba su preocupación ante la posibilidad de que el cambio político que deseaba no ocurriera durante su vida. Tampoco recurría a certezas fáciles sobre cuándo terminaría el sistema cubano.
En su conversación con Cuido60 lo formuló con una mezcla de lucidez y convicción:
"Yo no logro visualizar el fin de esta dictadura de seis décadas. Pero hay algo que no me pueden quitar y es la seguridad, más que la esperanza, de que ese momento llegará".
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