“Hola, me llamo Elizabeth y soy, digamos que la promotora de este circo”, dijo y La lagarta la miró sin quitarse las gafas de sol, “es que me gustaría que formaras parte del espectáculo”, Elizabeth no supo qué más decir porque el cristal plateado de las gafas no dejaba ver lo que pensaba la otra.
“Ya mi hijo comprende la palabra patria, sabe que patria son sus abuelos, sus primos y sus amigos”.
"Qué palo antipatria, qué palo tan pene, / blando y recortado tras la voz de ordene".
La fijeza de un árbol —el sicomoro— evoca en Oneyda González una reflexión sobre el exilio, el desapego y la memoria.
Los poemas de Fina García Marruz están entre los más límpidos de nuestra poesía: su conciencia formal es un espejo.
De exilio hablan las imágenes que encontré en mi rutina de caminante, necesitada de un mínimo resguardo.
"Mi relación con el Oriente de Cuba ha sido de permanencia y rechazo. Aprendí a alejarme de él desde muy joven..."
Ese día metí mi lengua hasta lo más profundo de tu garganta, queriendo encontrar el sabor de tu estómago, el de tu digestión.